40: Cuenta regresiva. (Parte 2)

Gracias por el apoyo, de ahora en adelante actualizaré más seguido este fic, pues ya está terminado *-*

Fashion” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 41: Cuenta regresiva. (Parte 2)

And if you die before I leave. What on earth becomes of me. Look around there’s no-one here. To love me and hold me”

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Si tú murieras antes de que yo. ¿Qué demonios sería de mí? Mira alrededor no hay nadie ahí, que me ame y me abrace” (Please don’t die. Robbie Williams)

La mente de Tom trataba de calmarse, pero no podía, miles de escenarios sobre el paradero de su amigo Gabriel se recreaban una y otra vez, con resultados completamente catastróficos. Por una parte, pensaba que sólo había salido a dar un paseo con su novio, ignorando todo lo que la banda del “Caso 69” hacía, pero ese era un pensamiento bastante ingenuo. Apretó los puños y se puso de pie.

No lo soporto más. Iré por Gabriel —afirmó y sin esperar respuesta caminó hasta la salida.

No, Tomi, no vayas —gritó Bill pisándole los talones.

Ya te lo dije, Tom —advirtió Gordon, topándose con él, justo en la puerta de calle—. Si sales de aquí, mi hijo te perseguirá y no queremos que otro revolver le apunte, ¿no es así? —El rastudo palideció.

Billa… —Tom volteó y vio a su pequeño con los ojos llorosos, sujetando su jersey con las manos firmemente apretadas en él, negando con la cabeza—. Yo… lo siento, Billa.

Entiendo cómo te sientes, Gabriel también es mi amigo —susurró el moreno, con la voz quebrada, no quería seguir poniendo a la gente que quería, en peligro.

Lo siento, Billa. —Lo abrazó con cariño y hundió su cara en el cuello del menor.

Bill, llévalo a tu cuarto. Yo hablaré con Page, para que me mantenga informado —Mandó su padre.

Con la cabeza gacha, Tom siguió en silencio a su novio, casi arrastrando los pies por las escaleras. Bill giraba el rostro, viéndole de reojo, temeroso de que su Tomi se desmoronara en frente suyo.

Al entrar a la habitación, Bill guió al mayor hasta la cama y se sentó a su lado, pasando sus brazos por su cuello, atrayéndolo en un abrazo.

Estará bien, Tomi. La policía lo está buscando y la agencia del señor Page es la mejor en estos casos —susurró contra su oído—. Lo encontrarán.

Pero… ¿y si es demasiado tarde, Bill? —Levantó la vista—. ¿Y si Luis es cómplice de los delincuentes? ¿Qué pasará si ellos lo convierten en un adicto a esa maldita droga sintética? —Sus ojos se empañaron—. ¿Qué pasará si lo matan?

Oh, Tomi —Bill apretó el abrazo y suspiró.

Tengo miedo, Billa, casi tanto como aquellas veces en que estuviste en peligro.

Tienes derecho a tener miedo, Tomi. Eres un ser humano y tienes sentimientos —Se soltó y lo miró a los ojos—. Sentimientos muy hermosos. Eres un gran amigo y Gabriel lo sabe.

Por lo mismo quisiera estar entre los primeros que vea cuando lo rescaten —dijo el rastudo, suspirando un poco más calmado, el tacto de su pelinegro le tranquilizaba.

Todo saldrá bien.

Eso espero, de verdad lo espero.

Estuvieron un rato más abrazados, hasta que el pelinegro sintió el peso de Tom en sus brazos. Sin duda los residuos de la medicina para el dolor, aún estaba en el sistema de su novio y la enorme tensión, drenaba toda su energía. Con mucho cuidado, para no despertarlo, lo acomodó para que estuviera cómodo en la cama y él se acostó a su lado, besando sus labios.

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Gordon estaba con los puños apretados, su esposa lo miraba con el ceño fruncido, completamente estresada por la situación. Saki había ido a recogerla a la reunión de “Mujeres defensoras del arte” con un semblante muy serio, cosa que le preocupó. Y comprendió todo, cuando su marido le relató los eventos que vinculaban al novio del mejor amigo de Tom en los terribles crímenes del “Caso 69”.

Cariño —llamó con la voz tenue—. ¿No crees que deberíamos despertar a los chicos y contarles lo que ocurre?

No Simone —respondió cortante—. Si hubieras visto como se puso Tom —Se pasó la mano por la frente perlada de sudor—. Quería salir corriendo a casa de Gabriel y el pobre Bill corría desesperado tras él.

Oh —La mujer apretó los dientes. Comprendía que su hijo actuara así, se notaba que estaba enamorado del rastudo.

Page está actuando con la policía, están revisando todo el lugar, pero no han encontrado ningún rastro de Gabriel, ni de su novio.

¿Qué dijo su madre? —preguntó Simone, sintiendo empatía por la otra mujer, si algo así le ocurriera a su hijo, no podría con los nervios.

Está destrozada, ha visto las noticias y sabe que si inyectan al chico, tal vez lo maten.

Su conversación se vio interrumpida con los golpes de la puerta. Sin esperar a la sirvienta, el mismo Gordon fue a abrir.

¡Gustav! —exclamó al verle tan agitado, parecía que había corrido hasta allí.

Oh, lo siento. Necesito ver a Bill.

¿Qué ha pasado contigo? —preguntó la mujer, acercándose al rubio para llevarlo hasta la sala—. Estás muy agitado.

Tuve que correr, el taxi me dejó hasta las afueras del condominio —explicó el chico.

¿Y tu moto?

Explotó en el cuartel de policía —contestó, con un deje de temor en su voz.

¡Dios mío! —Simone se llevó las manos a la boca.

¿Está Bill en casa? —Insistió el rubio—. Necesito hablar con él.

Está arriba, voy por él —Se ofreció el padre y corrió por las escaleras.

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Al estar fuera de la puerta que tenía una gran estrella, Gordon dudó. ¿Y si los encontraba desnudos? O peor aún ¿Y si estaban teniendo relaciones? El sudor que perlaba su frente se intensificó, pero al no oír ningún ruido o gemido, abrió.

No se esperaba la escena que presenció, el rastudo estaba tumbado en la cama, dormido, pero con el ceño apretado, mientras a su lado, Bill le abrazaba con cariño, ambos totalmente vestidos. Le pareció tierno y sintió tristeza por el joven de rastas, quien primero había perdido a sus padres en un accidente; por defender a su hijo había sido herido de bala y perdió su beca deportiva y ahora, su mejor amigo estaba en peligro de muerte. Lo único que deseaba era poder darle un segundo de paz, pero al parecer, eso no sería posible, no por ahora.

Con cuidado, para no sobresaltarlos, los movió.

Tom, despierta. Bill, hijo.

Los jóvenes abrieron los ojos, y trataron de ajustarlos a la oscuridad que reinaba en la habitación, hasta que Gordon encendió la luz.

¿Ha ocurrido algo? ¿Encontraron a Gabriel? —preguntó Tom, sentándose de golpe en la cama, sintiéndose un poco avergonzado de que su “suegro” los encontrara juntos.

Gustav está abajo, quiere hablar con ustedes —respondió con rapidez—. Su moto explotó.

¡Oh My God! —Casi gritó el pelinegro y salió corriendo hacia la sala, seguido de su novio y su padre.

Al llegar, Bill se abalanzó sobre Gus para cerciorarse de que estuviera completo.

Tranquilo, Bill, no me pasó nada —Le calmó el chico, con una sonrisa—. Claro que no puedo decir lo mismo de mi moto.

¿Alguien resultó herido? —cuestionó el rastudo, acercándose a su compañero.

No, pero hubo daños materiales —explicó Gustav—. La moto estaba estacionada en el cuartel de policía, no sé en qué momento pusieron el artefacto, pero al estallar, destruyó dos vehículos policiales que estaban aparcados allí.

Te pudieron haber matado —Soltó el pelinegro, con los puños apretados.

Lo sé, pero estoy bien, ¿ok? —Ambos asintieron—. Quiero mostrarles algo —Sacó de su mochila, el laptop que siempre cargaba y lo encendió—. Casi me había olvidado de esto —Señaló un mapa en la pantalla que tenía tres marcas rojas parpadeando en él.

¿Qué es eso? —preguntó el menor.

Eres tú —contestó el rubio y todos le miraron con incredulidad.

¿Eh?

Cuando tuvimos la reunión con el agente Zullen, en el que nos mostró la lista de los delincuentes, decidí asegurarme de saber su posición, la tuya, la de Andreas y la de Georg —Comenzó a explicar el rubio—. Así que compré tres micro transmisores, como los GPS y los instalé en tres “regalos”.

¿Regalos? —Bill no comprendió—. Tú no me has dado ningún regalo.

Te di un bolígrafo —aclaró Gus—. Uno muy normal, lo mismo hice con tus amigos. Mira aquí —Señaló con su dedo uno de los punto brillante e hizo un zoom—. ¿Ves la dirección?

Allí vive Georg —contestó el pelinegro.

Exacto. Mira esta otra —repitió el procedimiento.

Allí vive Andreas —afirmó el moreno, con una sonrisa al comprender la idea.

¿Y la otra? —preguntó Gordon. Gustav hizo el zoom, pero la calle no coincidía con la mansión Kaulitz—. Esa no es nuestra casa.

Bingo —Saltó el rubio con una enorme sonrisa—. ¿A quién le diste el lápiz, Bill? Trata de recordar. No puedo ir a la policía, si es una falsa alarma.

Tom lo miró ansioso y el cantante sintió su cara arder.

No lo sé.

Vamos, Billa, inténtalo —Pidió su novio, tomando sus manos.

Bill cerró los ojos y pensó en aquel bolígrafo, parecía una pluma cualquiera, lo tenía en sus manos, cuando… Gabriel le pidió anotar algo y finalmente se lo dejó.

Gabriel lo tiene —contestó de golpe, como si el aire le faltara—. Se lo di a él, no lo recuperé.

Ya revisé la ubicación y no coincide con la residencia de Gabriel, tampoco con la de Luis —comentó Gustav—. Creo que… los tenemos.

¿Dónde es? —preguntó el de rastas, pero no hizo falta, al estar la pantalla en zoom, pudo distinguir perfectamente las letras y sin esperar respuesta, salió corriendo de allí.

¡Tom, no! —Gritó el pelinegro, pero su madre lo sujetó con fuerzas. El rubio le pisaba los talones.

Llama a la policía —Mandó su padre y salió corriendo tras el chico.

Gordon no alcanzaría a Tom, así que tomó el teléfono y llamó a Saki que estaba en la entrada de la casa.

Saki.

Señor.

Tom y Gustav van en tu dirección, toma el auto y llévalos. Cuídalos y no hagan nada hasta que llegue la policía con refuerzos —Ordenó el hombre.

Sí, señor.

No dejes que le pase nada a esos chicos, en especial a Tom.

Entiendo.

Cortó la llamada y corrió hasta su hijo que quería salir por la puerta a su lado. Lo apretó contra su pecho.

Envié a Saki para que lo cuide —dijo, pero su hijo se estremecía en sollozos.

No debiste dejarlo ir. ¡No debiste! —Gritó, llorando sin parar y sacudiéndose, tratando de librarse de sus brazos para correr tras su hombre.

Nada le pasará. Estará bien. Saki lo cuidará. —Trató de consolarlo su padre.

¡No lo entiendes! —Gritó—. Tom es demasiado bueno, se pondría en la línea de fuego con tal de salvar a Gabriel. Y si muere yo… —No pudo terminar, el llanto no lo dejaba. Dejó de luchar y cayó de rodillas al suelo—. No soy nada sin Tom, papá. Si él muere, ya no habrá nada para mí.

Hijo mío. Tom es muy noble y por lo mismo nada le pasará —Gordon estaba en el piso con él, acariciando su cabello negro.

No quiero, papá. No puedo perderlo, menos ahora. Lo amo, lo amo papá. Y si él se va, ahora que lo he recordado todo, ya no podré seguir, no podría vivir sin él.

Esas palabras llegaron al corazón de su progenitor “Ahora que lo he recordado todo”, por eso Tom actuaba tan iracundo cuando hablaron sobre Andreas y su relación con los Manzur. Tom sabía exactamente lo que le había ocurrido a su hijo esa noche, sabía que era algo muy grave, tanto que su hijo lo relegó en su mente, cubriéndolo con amnesia. Algo tan duro, que ahora Bill no podría vivir sin recibir el apoyo de Tom. Sintió un nudo en la garganta, se suponía que él era su padre, que Bill siempre podría confiar en él, por qué entonces se sentía desplazado por Tom, sintió celos del rastudo, pero a la vez una enorme calma. No habría nadie mejor que el joven Trumper, para confiarle el amor de su hijo.

Él estará bien, Bill.

La policía va en camino —Anunció Simone al llegar a la puerta, donde los dos hombres de su familia estaban en el piso abrazados.

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Saki condujo hasta la intersección de calles que Gustav le indicó, deteniéndose y apagando las luces del carro, antes de llegar. Los tres observaron el lugar en silencio, con la tensión llenando el aire. Parecía un barrio industrial, ideal para guardar secretos, pues sólo había gente de día, en las diferentes fábricas. A esas horas de la noche, no parecía haber ni un alma, excepto ellos tres.

Miren allá —El rubio señaló un enorme galpón, cuya entrada era sólo un gran portón de metal, con una pequeña puerta en el costado derecho—. Tiene luz.

Era cierto, aparte de la típica lamparita que iluminaba el letrero, se podía distinguir claramente, que había luz en el interior y se filtraba por la ranura de la puerta.

Deben ser ellos —comentó Saki, marcando el número de Tobi, al que le explicó la situación y le dio la dirección.

Se escuchó un golpe fuerte y Tom saltó en su lugar.

Están dañando a Gabriel —afirmó y salió del coche.

El guardaespaldas salió tras él y lo cogió del brazo—. No puedes enfrentarlos solo. Ni siquiera sabemos cuántos de ellos hay en ese lugar.

Tom apretó los puños, era cierto. Se resignó, pero abrió grandemente los ojos, cuando Saki le entregó un arma.

¿Has usado una? —El rastudo negó con la cabeza—. Sólo dispara a las piernas y sostenla firmemente o te lastimarás la mano. No importa si no logras darle, con el susto tendrás tiempo para cubrirte si ellos contra-atacan.

¿Qué hay de mí? —preguntó Gustav, parándose al lado de su compañero—. Esos malditos mataron a un amigo mío, no dejaré que le ocurra lo mismo a Tom.

Toma —Saki no necesitó más argumento y le entregó otro revolver, uno más pequeño, pero igual de potente—. No se disparen ustedes, es lo único que les pido.

Él mismo le quitó el seguro a las armas de los chicos y caminaron sigilosamente hacia la entrada del lugar. Saki se apegó a la puerta, buscando alguna cámara de seguridad, no había; habría sido demasiado sospechoso tener esa clase de cámaras en un lugar donde sólo había maquinaria.

Agudizó el oído, pero no podía comprender nada. Lo que sí distinguió fue el sonido de las voces. Contó, eran por lo menos cinco personas allí dentro, y tal vez habría más.

Hizo un gesto a los jóvenes y se preparó para actuar. Como había hecho cientos de veces, al estar en el servicio secreto, dio una fuerte patada justo en el sector de la cerradura, haciendo saltar la puerta hacia atrás.

El factor sorpresa le ayudó sobremanera, pues los hombres que estaban allí, no tuvieron tiempo de coger sus armas con rapidez. Saki disparó dos veces, acertando en las dos ocasiones, dejando en el suelo a los criminales.

Tom entró y escaneó el lugar con rapidez, dando con lo que buscaba, su amigo estaba fuertemente atado a una silla, tumbado en el suelo. Corrió a ayudarle, sin ver que uno de los hombre se abalanzaba sobre él, sólo se enteró de su presencia, al oír el disparo de Gustav, que tiró al hombre lejos de él, pero no lo suficientemente mal herido, porque de inmediato se ocultó y disparó en su dirección.

¡Mierda! —Gruñó el rubio, sintiendo la adrenalina de la lucha.

Saki volvió a disparar, y sólo en esos momentos, se dieron cuenta de que el ruido de la balacera, había alertado a los hombres que estaban en el interior del recinto, y que salían armados hasta los dientes para destruir a sus atacantes.

Tom se arrastró hasta la silla donde yacía su amigo y buscó su mirada. El rostro de Gabriel estaba magullado por los golpes y su labio sangraba, pero fuera de eso no parecía haber más daño, por lo menos ninguno visible.

¿Estás bien? —preguntó el de rastas.

Al reconocer la voz de su amigo, Gabriel abrió grandemente los ojos y asintió, no podía hablar, pues una especie de bozal le impedía hacerlo. Tom miró en todas direcciones hasta que dio con algo filoso, un trozo de botella rota. Lo cogió con su mano y comenzó a cortar las cuerdas que aprisionaban a su compañero. Gustav se había puesto delante de ellos, derribando una mesa, para usarla como barricada, disparaba a todo lo que se moviera, para evitar que se acercaran a ellos.

Entonces y como en una película, el sonido de las sirenas de los carros policiales, se dejaron oír por todo el lugar. Los chicos estaban completamente asustados de que no pudieran salir de allí en una pieza, pero al parecer la suerte estaba de su lado.

Zullen y otros agentes, además de Tobi, ingresaron con las armas listas. Un escuadrón que llevaba escudos se acercó hasta los estudiantes y los sacó de allí, esquivando balas.

Al salir de allí, unos paramédicos cogieron a los chicos y los acercaron hasta la ambulancia. Dónde le quitaron la mordaza al joven y procedieron a curarle las heridas superficiales. Un grito de Gabriel alertó a Tom.

¿Qué le pasa?

Tiene las muñecas dislocadas —anunció la mujer, palpándolas con delicadeza.

Seguramente fue cundo me arrojaron contra la muralla —comentó el chico con una sonrisa, pero Tom se dio cuenta de que aún estaba aterrado por lo acontecido.

El sonido de los disparos continuaba y la ambulancia se dispuso a salir con Gabriel y Tom en ella. Gustav acordó quedarse allí, para enterarse de todo el procedimiento y posteriormente comunicarles a los chicos el resultado.

Cuando la sirena del vehículo se encendió, Tom cogió su celular, que afortunadamente todavía estaba en su bolsillo y marcó al número de su pequeño, quien respondió de inmediato con la voz temblorosa.

Billa, mi amor.

Tomi, ¿estás bien? —Su voz sonaba rasposa, por haber llorado tanto.

Sí cielo, ambos lo estamos. Encontramos a Gabriel y ahora nos llevan al hospital —contó el de rastas, pero su pelinegro se alteró.

¿Nos llevan? ¡¿Estás herido?! —Gritó al otro lado.

No Billa, estoy bien, pero Gabriel tiene un problema y lo curarán allí.

Está bien, voy para allá.

Bill, espera —Mandó con voz fuerte. Bill se quedó quieto y en silencio, conteniendo la respiración—. Te amo, cielo —Sonrió y casi pudo ver a su pequeño hacer lo mismo.

Y yo a ti. Tomi, te amo. Te veré en unos minutos. Estoy muy ansioso.

Y yo. Te extraño demasiado, mi vida —confesó y Gabriel le dio una mirada de ternura, que hizo avergonzarse al otro chico—. Nos vemos, Billa.

Adiós, Tomi —Y la llamada terminó.

Qué envidia me das —susurró Gabriel con la voz ronca.

Tranquilo, amigo, no te esfuerces. —Sabía lo que vendría ahora, los remordimientos de su amigo, por haberse enamorado de Luis.

Él me utilizó. Fui un idiota. Nunca me quiso —susurró y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Tom se acercó a su amigo y le dio un medio abrazo, pues estaba recostado en la camilla. Eso ahora no era importante, lo que contaba era que Gabriel estaba con vida, ya habría tiempo para culpar a Luis, para odiarlo, pero ahora debía concentrarse en seguir con vida y aprender a vivir sin miedo otra vez.

Algún día encontrarás a alguien a quién valga la pena amar —expresó el rastudo.

Como tú y Bill —dijo el chico y sonrió, limpiando sus lágrimas—. Pero ustedes ya están enamorados, entonces ¿con quién me quedaré yo? —Hizo un puchero y Tom rió con él.

Nosotros te amamos, tonto.

Pero no podríamos hacer un trío, ¿o sí? —Alzó una ceja, para molestar a su amigo, quien se ahogó y tosió—. Eso me dice que ustedes aún… nada —Tom negó con la cabeza—. Rayos, Tom, eres tan lento. —El de rastas suspiró.

Han pasado cosas… —Un aire de tristeza le invadió al recordar la violación de Bill, y la traición de Andreas, Gabriel lo notó de inmediato y apretó su mano, quejándose, pues las suyas dolían mucho.

¿Es Bill? —Tom asintió—. Pues es tu turno de ser muy fuerte para él. No hay nadie mejor que tú para cuidar a mi querida “Diva”. Tom debes prometerme que lo cuidarás.

Claro que lo cuidaré. Lo amo. Nada de lo que haya pasado en el pasado será un impedimento para dejar de amarlo —prometió con una sonrisa.

Eso me deja más tranquilo.

Realmente lo quieres mucho, ¿cierto? —Alzó una ceja.

No me malinterpretes, Tom. La verdad es que lo hago por ti también —Tom frunció el ceño, sin entender—. Sabía que alguien como Bill te haría feliz. Tú eres una persona increíble y me atormentaba mucho pensar que te quedarías solo cuando te fueras a la Universidad, porque yo me iré al otro extremo del mundo.

Vamos, que Japón no está tan lejos —Bromeó el rastudo.

En serio, Tom. Tú eres como una perla, estás oculto dentro de una concha y nadie puede acercarse y romper ese caparazón. No quería que la soledad acabara por convertirte en un amargado, por eso me puse muy contento cuando te enamoraste de Bill —Soltó el chico, con una sonrisa—. Claro que por ese entonces, tú aún no sabías que estabas babeando por la “Diva Kaulitz” —Fue el turno de Tom de reír.

Gracias, por ser tan buen amigo.

Tú eres un gran amigo. Acabas de meterte en un cuartel lleno de delincuentes, sólo para salvarme —Gabriel puso ojos de Crazy fan girl—. Eres mi héroe —Ambos rieron.

No le digas nada de eso a Bill, se enojará conmigo —Tom se rascó la cabeza—. Dile que lo hizo la policía y yo sólo estaba a un lado. De lo contrario me golpeará y ha subido de peso, así que sus golpes duelen.

Eres grandioso —susurró, cosa que avergonzó todavía más al rastudo—. Te admiro, Tom, eres mi modelo a seguir.

& Continuará &

Bueno, rescataron a Gabriel. ¿Qué pasará ahora con el “Caso 69”? Ahora que su amigo está a salvo, ¿podrán Tom y Bill retomar su relación de pareja? No se pierdan la continuación y gracias por venir a leer.

Escritora del fandom

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