5: En la noche

Romance Navideño” Fic de MizukyChan

Capítulo 5: En la noche

Después de terminar la cena, Tom notó que Bill estaba tenso, así que habló de cosas sin sentido para hacerle olvidar aquello que se llevó su buen humor, pero nada funcionaba. Finalmente, se acomodó a espaldas del pelinegro y lo abrazó por la cintura, acercándolo a su cuerpo, para que continuara compartiendo su calor corporal y se aliviara pronto de la hipotermia.

¿Por qué estás aquí realmente, Bill? —Preguntó el rastudo, haciendo círculos con su pulgar en el vientre del chico.

Me robé el dinero de su novia, los ahorros que tenía para la educación de su hijito, Dylan —respondió con voz fría.

Tom pudo sentir el dolor en sus palabras, así que no dijo nada, pero hizo un pequeño gesto, aferrando más al chico contra su cuerpo.

Mi padre se enfureció tanto que amenazó con encerrarme en un reformatorio —su voz tembló, pero continuó hablando—. Hasta ella interfirió diciendo que no era nada, que podría recuperar el dinero, pero que no hiciera algo tan terrible como encerrame, pero él… mi padre… —sollozó.

Tom besó su hombro desnudo y siguió acariciándolo, para mostrarle que estaba ahí para él.

Mi padre cambió desde que mamá falleció —continuó Bill, sorbiendo la nariz—. Pensé que nos haríamos más unidos, porque sólo nos teníamos el uno al otro, pero al poco tiempo él llevó una novia a casa, y luego otra, y otra más, hasta llegar a Amy, la novia de ahora.

¿Alguna vez le dijiste lo que pensabas o sentías? —Preguntó Tom, sin dejar de abrazar a Bill.

Lo intenté, pero no me hacía caso, decía que yo me estaba deprimiendo y que debía salir más, que él no se quedaría solo siendo un hombre joven aún —Bill estiró una mano y sacó un pañuelo de papel del velador, para limpiarse la nariz—. Como me ignoraba, yo… me volví un mal hijo, un chico problema…

Pero no eres tal cosa, Bill.

Lo era para él, Tom. Comencé a maquillarme, le conté que era gay y me odió más por ello. Mamá lo sabía, pero ella decía que debía esperar a estar más crecido para decidir si realmente era gay, o si sólo era una fase, sin embargo, siempre me apoyó.

Bill…

A mi padre comenzó a parecerle mal todo lo que hacía, siempre me criticaba, así que me enojé con él, me encabroné tanto que comencé a hacer y decir cosas para que hablara con razón. Me volví un maldito con cada mujer que llevó a casa. Pero…

Su voz se volvió a quebrar y lloró fuerte, soltando todo lo que tenía guardado en el alma. Tom sólo lo abrazó y besó su cabello y su hombro, para confortarlo.

Cuando los temblores se detuvieron, el pelinegro continuó—. Me gusta su novia de ahora. Amy es muy dulce y quiere mucho a su hijito. Dylan me adora y sé que ella también me quiere. Siempre me dice cosas lindas, pese a que yo me he portado mal cuando ha ido a mi casa.

¿Y si ella te cae bien, por qué le robaste? —No era una crítica, sino una simple interrogante.

Sólo para molestar a papá —respondió el chico—. Nunca gasté el dinero, sólo lo transferí de cuenta para aparentar un robo. Si tan sólo me conociera, sabría que jamás dañaría a alguien como ella, ni mucho menos tomaría los ahorros de un pequeño. Ellos me recuerdan a como éramos mi mamá y yo.

Tal vez deberías contarle la verdad a tu padre —comentó Tom, notando como Bill se tensaba en sus brazos—. Decirle lo que sientes. Que quieres pasar más tiempo con él.

Después de ver su reacción, lo que menos quiero ahora es pasar tiempo con él, Tom.

Se quedaron un momento en silencio. Tom sabía que Bill tenía razón, si su padre reaccionaba tan fríamente como para amenazar con enviarlo a un reformatorio en lugar de aclarar toda la situación, a él tampoco le quedarían ganas de hablar con él, la confianza se había roto y sería muy difícil volver a cimentar un lazo entre ellos.

¿Si tú fueras él, Tom, si te hubieran llamado para decirte que casi morí hoy, en la nieve, qué habrías hecho?

Habría tomado el coche y manejado a toda velocidad hasta asegurarme que estás vivo y a salvo —respondió Tom sin dudar y luego se quedó en silencio.

¿Lo ves?

Era cierto, el tío Benjen lo había contactado por teléfono y el padre de Bill llegaría dos días después, sólo por compromiso…

Lo siento, Bill, no quise hacerte pensar en cosas tristes.

Sólo hemos hablado de mis padres —dijo Bill, girando en el abrazo—. ¿Qué hay de los tuyos?

Muertos —respondió el rastudo, pero no había tristeza en su mirada.

Oh… —Bill no sabía qué decir. A él todavía le dolía mucho la pérdida de su madre y de eso ya habían pasado años.

No te sientas mal, eso pasó cuando yo era un niño. Desde entonces, he vivido con el tío Benjen, aquí en el refugio —contestó el rastudo.

¿Y tus estudios?

Oh, claro, estudio en la ciudad, pero en época de invierno, siempre vengo a trabajar aquí.

Eres un chico muy maduro, Tom —dijo Bill y sus ojos brillaban—. Tienes un alma noble y ayudas a salvar vidas.

Tú no te quedas atrás, recuerda el milagro que creaste para el señor Robson —mencionó Tom, tocando la punta de la nariz de Bill, sacándole una sonrisa—. ¿Ves como tenía razón? Nunca has sido malo en tu naturaleza, sólo estás sentido con tu padre.

Soy malo.

De ser malo, no habrías podido crear un milagro. Y tampoco me habrías podido ayudar a salvar a la chica del bosque —respondió con convicción—. Eso sólo lo puede hacer la gente buena.

Bill sintió que sus mejillas se calentaban—. ¿De verdad crees que soy bueno?

Lo eres. Te has amoldado a todos los quehaceres aquí en el refugio y te llevas bien con todos. Uuff, te morirías si te cuento lo mucho que nos costó controlar a Gustav cuando llegó por primera vez —rió, agregando—. Ese rubio sí que era un chico problema.

¿Y lo cambiaste con besos? —Preguntó Bill con una sonrisa, pero con un destello oscuro en los ojos, haciendo notar sus celos.

Nop, él ya tiene a Georg —respondió el rastudo abrazando fuerte al chico, enterrando su cara en el cuello del otro, para evitar que viera su sonrisa.

Oh…, más te vale, porque de lo contrario…

¿Qué cosa? —Tom lo miró de frente sonriendo ante la expresión de sorpresa que mostraba el pelinegro.

Yo…

¿Tú, qué?

No te daré más besos —dijo en forma infantil, sacando una risa al rastudo.

Me los debes, Bill. Dijiste que no querías besarme porque eras un chico malo, pero ya hemos aclarado que no lo eres, así que…

Tom se acercó, estirando los labios en un puchero muy exagerado, haciendo reír a Bill, quien lo abrazó y unió sus labios en un beso muy suave y casto.

Tendrás que conformarte con eso, por ahora.

Tom sonrió y lo abrazó, frotando la espada del chico con cariño—. Descansa un poco. La hipotermia quita energías y quiero que estés saludable, todavía te debo un paseo por la nieve. Tenemos que ver a ese bebé Bambi del que me hablabas.

Bill suspiró. Se sentía tan cómodo en los brazos de Tom, tan seguro en su calor, pero tenía razón, estaba exhausto y sólo quería cerrar los ojos y descansar.

Cuando nuevamente abrió los ojos, ya no entraba luz desde la ventana. Era de noche y seguramente todos dormían, porque no se oía nada desde afuera. Giró en el abrazo y sonrió, porque Tom no lo soltó en ningún momento, ni siquiera cuando se quedó dormido. Se quedó mirando el hermoso rostro del rastudo con la leve luz de las estrellas y suspiró.

Como sintiéndose observado, Tom abrió los ojos y descubriendo la mirada del pelinegro, sonrió.

Hola, guapo —lo saludo, estirándose lo suficiente para rozar sus labios—. ¿Tienes hambre? ¿Quieres que te prepare algo?

Bill sí tenía hambre, pero no quería que Tom fuera solo a la cocina—. Sí, pero no quiero que te enfríes.

Debes comer para superar los efectos de la hipotermia. Generalmente la gente sufre de náuseas, así que esto es un buen indicio —respondió y salió de la cama, para vestirse rápidamente.

Bill también se levantó y sintió que el mundo giraba a su alrededor. Mierda. Pensó, pero se sujetó de la pared y se estabilizó, y con algo de suerte Tom no se dio cuenta.

¿Qué haces? —Preguntó el rastudo.

Iré contigo.

No puedes, estás débil.

Sólo me congelé un poquito, eso no significa que sea un inválido, Tom.

El rastudo achinó los ojos y asintió, ayudándole a ponerse ropa caliente y cómoda.

Caminaron en silencio hasta la cocina, encendiendo sólo las luces necesarias mientras pasaban y apagándolas después.

Para sorpresa de Bill, la cocina estaba funcionando y había una mujer que Bill no había visto antes ahí.

Ella es la señora Mills, Bill. Se encarga del turno de noche.

Se saludaron y la mujer les ofreció calentar la cena. Comieron entre risas, pues la mujer adoraba relatar las travesuras de sus nietos, logrando sacar carcajadas al pelinegro, cosa que alivió el corazón de Tom.

Al terminar, Tom llevó a Bill de regreso a la habitación—. ¿Quieres dormir solo esta vez? —Preguntó, notando que la temperatura corporal del pelinegro se mostraba normal y hasta tenía las mejillas sonrojadas.

No, quédate a mi lado esta noche, Tom.

El rastudo se dio cuenta el tono nervioso en la de voz del chico y se preguntó si pasaría algo más entre ellos esa noche. Se quitaron la ropa y, sólo en bóxer, se metieron a la cama.

Bill miró a Tom a los ojos y dijo muy bajito—. Quiero que me beses.

Tom asintió y buscó sus labios, todo fue muy dulce, un roce de labios y sus manos buscando el abrazo que compartieron antes. Bill fue quien pidió acceso para profundizar y sus lenguas bailaron a un ritmo cálido y delicioso.

Tom notó la respiración agitada del pelinegro, como también su nerviosismo—. Bill…

Yo quiero…

No, Bill. Aún no es tiempo.

El pelinegro alzó la vista y sus ojos se encontraron, había un brillo intenso en los ojos del rastudo, madurez y algo muy similar al amor. Bill sonrió y asintió.

Si lo hago alguna vez, quiero que sea contigo, o con alguien como tú.

Tom se apoderó de sus labios otra vez y sonrió contra su boca—. Quizás la próxima Navidad.

Sí, no me gustaría esperar tanto —dijo a modo de broma.

Se quedaron compartiendo unos besos más en las penumbras de la noche.

& Continuará &

Aaww, ¿les gustó? Me ha parecido tierno que Tom no forzara la situación, que dijera a Bill que todavía no era el momento de hacer el amor, además, Bill ya confesado todo lo que lo llevó hasta el refugio. ¿Qué creen que pase ahora? ¿Podrán ir a ese paseo en la nieve? No se pierdan el capítulo final. Besos y gracias por venir a leer.

Escritora del fandom

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