6: Despedida

Romance Navideño” Fic de MizukyChan

Capítulo 6: Despedida

A la mañana siguiente, escucharon el suave golpeteo de la puerta de la habitación, Tom fue el primero en abrir los ojos y se levantó, con cuidado de no despertar a Bill.

Tío Benjen —dijo a modo de saludo apenas abrió la puerta.

Hola, Tom. ¿Bill, ya despertó?

Nop. Despertó en mitad de la noche, supongo que todavía dormirá un par de horas más —respondió el rastudo, bostezando ampliamente.

El adulto sonrió, podía ver el cansancio en su sobrino, así que sonrió—. Duerme un rato más con él. Cuando despierten, quiero que vayan directo a la cocina, ¿está bien? Quiero que coman bastante.

Tom sonrió—. Gracias tío.

Cerró la puerta y volvió a meterse bajo las mantas. Tenía sueño y compartir el calor de Bill era un lujo que deseaba aprovechar y atesorar en su memoria.

&

Un par de horas más tarde, los dos jóvenes entraban en la cocina. Bill todavía lucía pálido, pero no había mayor afección en su cuerpo, hasta el dolor de garganta había subsidiado gracias a la comida de media noche. Pero el chico nunca habría esperado encontrarse con esa figura alta allí.

¿Papá? —La voz del pelinegro salió en apenas un susurro.

Tom notó la emoción en su voz y giró la cabeza para ver como Jorg Trumper se ponía de pie y, en dos grandes zancadas, llegaba hasta su hijo para envolverlo en un abrazo.

Bill, Dios mío. ¿Estás bien? —Su abrazo fue férreo, preocupado, casi desesperado—. Estaba tan preocupado.

Los ojos de Bill se llenaron de lágrimas y correspondió el abrazo con igual intensidad—. Yo me asusté mucho. De no ser por Tom, yo…

La imagen que Bill tenía en la cabeza de su padre, se desmoronó por completo ante las palabras que siguieron.

No había vuelos, así que conduje toda la noche.

Llegó casi a las seis de la mañana —agregó el tío Benjen.

Papá, pudo ser peligroso —Bill lo dijo con seriedad, pero de todos modos se notaba que estaba feliz de volver a tener el cariño de su padre.

No me importaba nada, necesitaba saber que estabas a salvo. Yo… no podía perderte a ti también. No a ti, mi pequeño.

Papá…

No lo soportaría. Tu mamá vivió su vida, pero tú, todavía eres muy joven, te queda mucho por aprender, tengo mucho que compartir contigo aún. No… —su voz se quebró—, no habría soportado perderte, Bill.

Hasta Tom sintió un nudo en la garganta ante la escena que estaba presenciando. Se había realizado un nuevo milagro, el milagro especial de Bill.

Papá, te extrañaba tanto.

Lamento haberme portado tan frío contigo. Creí que sería lo mejor para que tú pudieras superar la muerte de tu madre, pero fue todo lo contrario —dijo el adulto.

Yo, sólo te necesito a ti, papá —respondió el pelinegro, limpiándose las lágrimas, separándose lo suficiente para sonreír a su padre.

En esos instantes un pequeño entró corriendo a la cocina y Tom lo sujetó con firmeza antes de que chocara con una de las cocinas que tenía una olla hirviendo encima.

Cuidado, jovencito, es peligroso correr aquí —dijo Tom y le ofreció una linda sonrisa al niño, quien sonrió de vuelta y susurró.

Lo siento, pero quiero ver a Bibi.

¿Bibi?

¡Dylan! —Exclamó Bill y corrió para abrazar al niñito que le llegaba a la cintura.

¡Bibi! —El pequeño se separó del pelinegro y metió las manos en sus bolsillos, sacando sus pequeños guantes mitones y se los extendió al pelinegro—. Toma, Bibi. Esto siempre me salva del frío.

¿Eh?

Mami dijo que debíamos venir muy rápido porque tú tenías mucho frío y debíamos abrigarte —respondió el niño, quitándose también la bufanda que había mantenido en su cuello, para entregarla personalmente a su futuro hermano mayor.

¿Dylan? —llamó una voz femenina, entrando también en la cocina—. Lo siento… —dijo disculpándose por su hijo, con Tom y el tío Benjen.

Amy —saludó Bill, moviéndose rápidamente para abrazar a la mujer—. Lo siento —dijo en su oído—. Nunca robé el dinero, sólo quería molestar a papá. Todo está en una cuenta de banco.

No te preocupes por eso ahora, Bill —dijo ella, separándose para verlo con los ojos achinados—. Estás pálido. Dime, ¿te duele algo? ¿Tienes frío? ¿Sientes náuseas? Ay, Dios, no sabes lo preocupados que estábamos cuando Jorg nos informó.

No pude impedir que vinieran —agregó Jorg, poniéndose detrás de su hijo, abrazándolo por los hombros.

El tío Benjen y Tom cuidaron muy bien de mí —dijo rápidamente el pelinegro, enviando una mirada iluminada al rastudo.

Gracias, Ben —dijo Jorg—. Te debo la vida de mi hijo. Estaré en deuda contigo para siempre.

No digas bobadas —bromeó el hombre—. Todo el trabajo lo hizo Tom.

El rastudo se sonrojó y bajó un poco la mirada.

Jovencito, muchas gracias por cuidar a mi hijo —dijo Jorg—. Tu tío y yo hemos hablado cada noche y me ha contado lo bien que has cuidado de Bill.

Ha sido muy divertido estar con Bill estos días, señor —respondió Tom—. Él me ayudó a salvar a una chica en el bosque y también realizó un milagro.

Lo sé, tu tío me lo contó —giró para ver a Bill a la cara—. No sabes lo orgulloso que estoy de ti.

¿Bibi es ayudante de Santa, mami? —Preguntó Dylan al oír a los grandes.

¿Por qué lo dices, Dylan?

Porque ayuda a hacer milagros de Navidad —fue la simple e inocente respuesta.

Bill estalló en risotadas y abrazó al niñito—. No, cariño. Tom es el verdadero ayudante de Santa y yo le ayudé a él.

Hey, no te quites crédito —alegó el rastudo, riendo también.

¿Tom, por qué no les preparas una mesa para que desayunen todos juntos?

Claro.

&

La familia estuvo reunida todo el día, parecía un milagro, todos hablaban como si fueran los mejores amigos del mundo. Amy adoraba a Bill, al igual que su hijito. Jorg no le despintaba los ojos de encima y lo elogiaba cada vez que salía algún tema para ello.

El único que estaba preocupado era el tío Benjen, ya había notado lo unidos que se habían vuelto Bill y Tom y él sabía que esa misma noche, Jorg regresaría a la ciudad con toda su familia, eso incluía al pelinegro y sabía que su sobrino estaría varios días con el corazón roto. Había pensado e intentado comentarle la noticia, pero el rastudo se veía tan feliz, que calló en cada ocasión.

Ya entrada la tarde, fue el mismo pelinegro quien daría la noticia a Tom. Lo tomó de la mano y lo llevó afuera. Estaban enfundados en parcas de nieve y se sentaron bajo uno de los pórticos del refugio.

Tom presentía lo que le dirían y no por eso dolía menos, pero estaba feliz porque el pelinegro tenía un lindo brillo en la mirada, estaba feliz y eso era impagable. Suspiró y dijo—. Hazlo. Despídete de mí.

Claro que no haré eso —respondió Bill con una gran sonrisa—. Nosotros no nos diremos adiós, porque nos volveremos a encontrar, ¿recuerdas?

Tom sonrió, por supuesto que recordaba lo que se dijeron en la noche—. La próxima Navidad —dijo bajito y Bill asintió.

Debes mantenerme ahí —comentó, tocando el pecho de Tom—. Abrigado y amado en tu corazón.

El rastudo asintió—. Ya estás ahí y seguirás ahí por mucho tiempo, Bill —suspiró.

La familia de Bill estaba saliendo del refugio, para emprender el viaje y el pequeño Dylan corrió hasta Bibi y levantó la mano, apuntando a algo sobre sus cabezas.

¡Beso! —Gritó el niño, llamando la atención de los demás, quienes miraron arriba, descubriendo un muérdago que adornaba el pórtico—. ¡Beso! —Repitió el niño, haciendo reír a los jóvenes.

¿Me permite? —Preguntó Tom, mirando al padre de Bill. El hombre asintió.

El rastudo lentamente ladeó el rostro y se acercó hasta posar sus labios sobre los del pelinegro. Por instinto, Bill llevó las manos al cuello de Tom y profundizó, amando la sensación de la lengua del mayor, bailando acompasadamente con la suya. Al separarse, ambos sonrieron y se dieron un piquito final.

Te extrañaré, Bill.

Y yo a ti.

Cuando sea grande quiero encontrar a alguien que me de besos lindos como el de Bill y Tom —dijo Dylan, haciendo reír a su mamá.

Sí lo harás, pero cuando seas grande —agregó Jorg, abriendo la puerta para que el pequeño entrara al coche.

Estirando la mano, mientras avanzaba hacia el coche, Bill no quería soltarse de Tom, pero sabía que debía hacerlo, aunque fuera sólo por un tiempo.

Nos volveremos a ver, te lo juro —afirmó Tom, dando un paso al frente con firmeza, para robar un último beso al pelinegro, dejándolo sin aliento y con una gran sonrisa.

Lo sé, Tom. Lo sé.

Cuando el auto se perdió en la distancia, el tío Benjen puso una mano en el hombro de su sobrino y le dio un par de palmaditas.

No olvides que aquí ocurren milagros, Tom.

Lo sé, tío Benjen, por eso sé que lo volveré a ver —respondió el rastudo, volviendo a entrar al refugio.

& Continuará &

Y terminó. ¿Qué les pareció? Po supuesto que habrá un próximo encuentro, en la siguiente Navidad >///< con lemon incluido jejeje. Pero por el momento, la magia navideña hizo su milagro con Bill y su familia y todos quedaron contentos con eso. Espero que ustedes también. Besos a todos y gracias por pasar a leer.

Escritora del fandom

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