Déjate amar 5

Fic Toll de Millah

Cap. 5: No me rendiré

La mañana siguiente de la fiesta fue una verdadera sorpresa, eran las nueve de la mañana y la casa estaba hecha un desastre, vasos y botellas por todos lados, la casa olía a cigarrillo y algunos sillones estaban manchados por los derrames de bebida, claro, durante la fiesta a Heather le importó un carajo pues lo estaba pasando de maravilla junto a Georg, pero al despertar y ver que nada estaba en su lugar sintió una punzada en su cabeza. Mientras se hacía lugar entre los que aun dormían tirados en el piso iba recogiendo la basura y echándola en una bolsa.

-Esto es un desastre…no terminaré jamás de limpiar aquí- se quejaba lastimera en voz baja.

-No te preocupes preciosa, yo te ayudo- le ofreció Tom apenas despertarse.

Lo primero que hizo fue buscar dos bandejas de plata y las hizo chocar haciendo un ruido muy molesto, logrando que todos se despertaran de inmediato -¡la fiesta ya se terminó…muchas gracias por haber venido, pero es hora de irse a casa!, ¡aquí hay mucho trabajo que hacer!- gritaba sin dejar de chocar las bandejas.

Poco a poco los chicos se fueron yendo, quedando solo Gustav y Georg que habían sido retenidos por Tom -¡alto ahí!…ustedes se quedan a ayudar.

Ninguno de los dos protestó, pero con la pereza en el cuerpo hicieron su trabajo lentamente, terminando de limpiar en unas cuantas horas, por suerte ninguno había bebido a destajo. Con todo limpio, Heather les invitó a darse una ducha y que después se quedaran a desayunar para agradecerles por la ayuda.

Mientras Heather platicaba con Georg y Gustav en la sala, Tom estaba en el baño secándose después de haber tomado una relajante ducha. Bill salía de su habitación con deseo de darse su ducha matinal y como tenía la costumbre de entrar sin llamar se encontró con una increíble sorpresa, al abrir la puerta se encontró de frente con Tom, completamente desnudo, ambos gritaron al unísono, pero ninguno pudo hacer algún movimiento, los dos estaban sorprendidos y petrificados. Hasta que Bill salió de su asombro y atacó.

-¿No sabes para que se inventó el cerrojo?- le gruñó al de rastas, sin dejar de mirar ese cuerpo tan bien formado.

-Yo, este…lo siento…pero tú debiste llamar primero…

-¿Llamar?… ¿en mi propia casa?, ja tú si que estás loco.

-Los buenos modales se usan en todas partes Bill -le recalcó Tom poniéndose su boxer.

El pelinegro abrió sus ojos como platos, pero no dijo nada, se dio la media vuelta y salió del baño dando un fuerte portazo- idiota- dijo una vez fuera del baño creyendo que Tom no lo había escuchado, pero el de rastas si lo escuchó, sonriendo porque se dio cuenta de lo nervioso que estaba mientras le hablaba, sabía que le había gustado, tenía que seguir adelante para conquistarlo.

Una vez que terminó de vestirse, salió del baño en dirección a la sala y mientras bajaba escuchó los pasos del pelinegro y luego un leve portazo, el carácter de Bill era algo especial.

-¿Y Gustav?- preguntó el de rastas al no ver a su amigo.

-Está en la cocina, preparando los panqueques…le dijimos que los prepararíamos entre los tres, pero él insistió.

-¿No será que quiso dejar solitos al par de tortolitos?- bromeó el de rastas.

Ambos chicos se sonrojaron y rieron, pero ninguno negó nada.

-Vamos a desayunar entonces -dijo la joven poniéndose de pie.

Entre los cuatro prepararon el desayuno, panqueques, tostadas, jugo y un buen café. Se sentaron a la mesa y comenzaron a comer, fijándose en las sonrisitas bobas que Tom hacía sin razón aparente.

-¿De qué te ríes?- preguntó Gustav- Tom…hola- le decía chasqueando sus dedos frente a sus ojos sin resultado- ¡Tom!- le gritó y le dio una suave cachetada que por fin sacó a su amigo de su trance- ¿en qué piensas que te hace reír?.

El de rastas le iba decir en quien pensaba obviamente, pero justo apareció Bill, poniendo cara de ¿y estos que hacen aquí?.

Heather se levantó enseguida – amm Bill, ellos son Georg y Gustav, anoche no tuviste oportunidad de conocerlos- le dijo como si el pelinegro tuviera la mínima intención de saber sus nombres, los saludó con un seña de su mano y se acercó a la mesa para servirse su desayuno.

Enseguida Tom, como todo un caballero se levantó para correr la silla junto a él para que Bill se sentara, éste lo miró y ni siquiera agradeció el amable gesto, simplemente se sentó en la silla más alejada del de rastas, dejando al pobre rojito de vergüenza. Cada vez que Bill se levantaba para tomar un panqueque o una tostada, Tom se adelantaba y se la alcanzaba, Georg y Gustav miraban asombrados a su amigo, sabían que era amable, pero no a ese extremo y por otro lado Heather observaba molesta a su amigo por tener la desfachatez de ni siquiera darle las gracias a Tom, pero a él le daba lo mismo, solo quería que el pelinegro se diera cuenta de que le importaba y pensó que siendo caballeroso conseguiría un poco de su atención, pero extrañamente estaba equivocado, porque al alcanzarle la mermelada de fresa el pelinegro se levantó y le sermoneó como si lo que hacía fuera lo más malo del mundo.

-¡¿Puedes dejar que yo alcance las cosas?!…¡no soy ningún lisiado por Dios!.

-¡Bill!- le gritó su amiga.

-Yo solo intentaba ser amable…-se defendió el de rastas ante la mirada atónita de los demás.

-¡Pues no tienes por qué ser amable conmigo!.

-Pero Bill, no te entiendo…cualquiera en tu lugar estaría agradecido de ser tratado con amabilidad- continuaba Tom.

-No entiendo por qué te tomas tantas molestias conmigo…

-Pff…es obvio ¿no? – Gustav miró al pelinegro molesto.

-¿A qué te refieres? -interrogó el pelinegro al rubio, mientras lo acribillaba con la mirada -me refiero a auch…- dejó de hablar en el momento en que sintió una patada por debajo de la mesa y luego se dio cuenta de que Tom le miraba con ojos suplicantes para que no dijera nada – nada ,olvídalo.

Pobre Tom, se sentía tan triste que ya no podía dar un mordisco más a sus tostadas por que sentía que se le atoraban en la garganta, no dijo nada más y se aguantó las ganas de llorar, en su lugar se levantó de la mesa y comenzó a retirar los trastos sucios, sus amigos notaron enseguida el cambio en la mirada de Tom, esta estaba muy apagada.

Al poco rato los chicos se despidieron, quedando de acuerdo para juntarse en otra ocasión, mientras la joven los acompañaba a la puerta, el pelinegro estaba tumbado en el sofá leyendo una revista.

-Hasta pronto Heather -se despidió el de rastas besando la mejilla de la castaña, beso que escuchó perfectamente el pelinegro asomándose por encima de la revista para verlos y escondiéndose a tiempo -hasta pronto Bill – pero no hubo respuesta verbal, solo una mano que levantó el pelinegro.

-Te acompaño afuera Tom -le llevó del brazo para poder hablar con más tranquilidad- yo te dije que esto sería muy difícil, Bill está cegado por su pasado…aun no puede olvidar.

-Pues tengo que admitir que no pensé que sería así de difícil, pero lo amo y estoy recién empezando con esto, no puedo renunciar…no me rendiré.

-¿Cuándo se lo dirás?.

-No lo se, ahora me asusta un poco la forma en la que puede actuar si se molesta, pero me armaré de valor…ya verás.

-Si quieres yo puedo ayudarte.

-No lo se, eso te traería problemas, no quiero que ustedes se peleen por mi culpa, ya veré como lo hago.

Al volver a la sala, la castaña pasó por el lado de su amigo sin mirarle y se sentó alejada de él, suspirando por las emociones vividas en la noche de la fiesta y hace unas pocas horas. Haciendo que su amigo le mirara con una expresión extraña en su rostro.

-Lo que le hiciste a Tom fue horrible.

-¿Dijiste algo?.

-Nada…- dijo la joven soltando un suspiro.

-¿Por quién suspiras?…¿ por Georg o por Tom?.

-¿Cómo?…- ella lo miró sorprendida pero se le ocurrió una idea y decidió seguir -por ninguno, pero si fuera por Tom, ¿cuál sería el problema?.

-Creí que te gustaba Georg.

-No es lo que te pregunté.

-No habría ningún problema…pero creo que si andas coqueteando con Georg, no es muy bonito que le coquetees también a Tom…

-Yo no coqueteo con Tom.

-Entonces dime- dijo el pelinegro dejando la revista a su lado – ¿por qué tantos secretitos y besitos de despedida?, los podía escuchar desde aquí.

Heather frunció el ceño y le miró unos segundos, abriendo sus ojos como platos al darse cuanta de algo -si no fuera porque prometiste que jamás te gustaría otro hombre, juraría que tienes celos…

-¡¿Celos yo?!…ay por favor, no me hagas reír…

-No es para hacerte reír…vamos Bill, sientes algo por él, ¿no es cierto?.

El pelinegro se quedó en blanco, lo que acababa de decirle su amiga, ni él mismo se lo había planteado, él no negaría que Tom era guapo, pero de ahí a sentir algo más… mientras pensaba en que responder sintió su corazón acelerarse, no podía ser, él se lo había prometido, no más amor, pero la intensidad del recuerdo de la mirada de Tom cuando le sermoneó le hizo sobrecogerse, sintió una rara sensación ante su recuerdo que sin darse cuenta dejó salir un casi imperceptible sollozo, no sabía si era de moción o de culpa por haberlo tratado mal, pero de pronto volvió a su pasado, recordó el dolor y volvió a su triste realidad, no, eso no podía ser.

-No, no siento nada por Tom, tendría que estar loco- terminó el pelinegro y se levantó del sofá para subir a su habitación.

La joven le miró y sonrió, Bill era bueno en muchas cosas, pero mentir no era una de sus aptitudes – siempre has sido un muy mal mentiroso…Tom te gusta, y mucho- se dijo a si misma la joven, sonriendo feliz porque había una pequeña posibilidad de que su mejor amigo volviera a abrir su corazón.

Continúa…

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