Nota: Todo lo que se escucha por el micrófono, estará escrito en cursiva

«Tres días para San Valentín»

Día dos

& Sábado 13 de febrero &

BI se había alisado el cabello y buscado unas grandes gafas de sol, pese a que en esa fecha, casi todos los días estaba nublados y con frío. La razón, su loca compañera de habitación se había obsesionado con demostrar que Tom era un mujeriego y que lo único que buscaba era aprovecharse de BI, y para probar su teoría, le había instalado un micrófono al chico y pensaban seguirle todo ese día.

Tras ponerse su cazadora de cuero y cerciorarse de que se veía diferente de la dulce BI que Tom conocía, la pelinegra tomó su bolso y siguió a Estella, que le esperaba en el pequeño coche que compartían.

La primera parada que debían hacer, era en la biblioteca del instituto. Allí encontraron al grupo de chicas con las que debían terminar el proyecto que les asignaron y que sería evaluado el lunes 15 de febrero. Como la mayoría de ellas tenía novio, querían dejar el trabajo concluido, para que al día siguiente, pudieran celebrar “San Valentín” sin tener que recordar la escuela.

Estella explicó a su manera, la razón por la que ninguna de las dos estaría presente esa mañana, y tras muchas amenazas, el resto de las mujeres accedió a liberarlas, con la condición de que terminaran una parte por su lado y lo enviaran el domingo por la noche, antes de imprimir todo el material.

Con una enorme sonrisa de satisfacción, Estella se instaló detrás del volante y encendió su laptop, entregándoselo a BI, mientras ella calentaba el motor.

¿Crees que ya está despierto? —preguntó la pelinegra, con un nudo en la garganta. No podía quitarse de encima, la sensación de que estaba traicionando la confianza de Tom.

Es bastante temprano, quizás duerma un poco más —contestó la chica, mirando al frente—. Enciende el volumen del laptop para que nos aseguremos.

¿Y si hoy no lleva el micrófono? —Insistió la chica.

No creo que haya traído demasiado equipaje, BI —respondió Estella, dándole una mirada de soslayo—. Usará esa chaqueta, además, hace frío.

Sí… —susurró la morena, moviendo sus dedos en forma temblorosa, por sobre el teclado, siguiendo la instrucción de la castaña.

¿Le apetece otro café, señor? —preguntó una voz femenina, por los parlantes.

No señorita, gracias —respondió él cortésmente.

¿Acaso no ha sido de su agrado? —Insistió la mujer.

El café está exquisito, señorita.

Tania, soy Tania —Interrumpió la chica.

Gracias, Tania, el café estuvo delicioso, pero debo hacer muchísimas cosas el día de hoy —respondió él.

¡Maldita perra! —Casi gritó BI en el carro, al escuchar el claro coqueteo de la camarera.

Con mayor razón, debería comer algo —continuó la chica, con claras intenciones de mantener a Tom en ese lugar.

Aaahhh —Suspiró el trenzado—. Quiero preparar algunas cosas para encontrarme con mi adorada BI —Soltó a la otra mujer—. Y como dicen los ancianos, el amor se lleva el apetito.

Oh, ya veo —agregó Tania, notando el corte que el chico le envió—. Que tenga buen día, señor.

Muchas gracias, Tania, igual tú.

Aaawww —Suspiró la pelinegra—. Te lo dije, es fiel a mí.

Es sólo el principio, BI —respondió la castaña, con el ceño fruncido—. Apuesto que ahora saldrá a hacer cochinadas, como aquí nadie lo conoce, se aprovechará de la situación, ya lo verás.

BI se mordió el labio y continuó escuchando, lo que parecía ser Tom caminando por algún lugar. Y pensó que si estaba desayunando en el hotel en que se hospedaba, tal vez estaba regresando a su habitación. Oyó más ruidos, un ascensor, una puerta abrirse, Tom lavándose los dientes —cosa que le acusó mucha gracia— y finalmente un gran suspiro.

Mi adora diosa —susurró, pero fue claramente oído por ella—. Espero que te guste lo que tengo planeado para ti, bebé.

¡Lo ves! —Gritó Estella—. Tiene planes para ti. Sólo planea follarte en ese “SPA japonés” —dijo como si vomitara las últimas palabras—. No debes ir.

¡Cállate! —Gruñó la pelinegra—. ¿Y qué hay con eso? —Encaró su mirada con furia—. ¿Qué pasaría si yo también quisiera hacer el amor con él?

¡Follar! —Le corrigió su compañera.

Sabes que no. De todo el tiempo que llevamos juntas, ¿cómo es que aún no te das cuenta de lo que siento por Tom? —dijo ella, desbordando sus sentimientos—. Yo te conté que fue por él que vine a estudiar a este país tan lejano. Para que no lo recordara con cada cosa que viera en mi ciudad, porque cada pequeño detalle gritaba “Tom” en mi cabeza.

BI…

Déjame hablar —Cortó—. Lo amo y, pese a todo, siempre lo amaré.

Lo siento, BI —Se disculpó la chica—. Pero, dame este día… te probaré que lo que digo es verdad, todos los hombres son iguales.

BI sacudió negativamente la cabeza—. No sé qué te hicieron para que estés tan triste y desilusionada de los hombres.

En medio de su silencio, la voz de Tom indicó una dirección al nuevo taxista y Estella, puso en marcha el auto para seguirlo hasta ese lugar.

Era una pastelería con grandes cristales, cosa que les permitió vigilar cada uno de los movimientos del trenzado. BI se bajó con poco las gafas, para observar a su hombre, quien se paseaba por las vitrinas buscando algo, hasta que finalmente preguntó.

Disculpe ¿Me podría decir cuáles son los mejores bombones rellenos?

Claro —respondió una señora regordeta con un hermoso uniforme—. ¿Buscas un regalo de San Valentín?

Algo así. No es exactamente mi regalo para la fiesta, pero de todos modos quiero darle algo especial —agregó el trenzado con un tono cordial.

A BI le encantaba ver cómo su querido y torpe Tom, se comportaba tan bien frente al resto de las personas, pero con ella se convertía en un “atado de nervios”.

Las dos chicas en el auto, observaron como otra empleada, mucho más joven, se acercaba para atraer la atención de Tom, ofreciéndole tres cajas diferentes.

Si tienes una novia joven, seguro que le gustan estos sabores —comentó.

Fresas, Frambuesa y mora —Leyó el joven.

Mmm sí Tomi, vamos frambuesa, escoge frambuesa —dijo BI en el auto, mordiéndose los labios.

Tienes razón —Tom alzó la vista para ver a las mujeres—. BI siempre usa esos sabores en el gloss. Creo que llevaré dos de frambuesa.

¿Llevarás dos? —preguntó la mujer joven, alzando una ceja—. ¿No te satisface sólo una? —cuestionó seductoramente, dándole un doble sentido a su oración.

Te lo dije. Vaya patán —Reclamó Estella en el vehículo, mientras BI apretaba los puños y no desviaba la atención de la enorme vitrina del local.

Mi diosa BI, es única y no necesitaría nada más en la vida para estar feliz —contestó el trenzado sin perder la sonrisa—. La otra caja es para su mejor amiga, quien a veces es un verdadero dolor en el trasero, pero a esa chiquilla le estoy muy agradecido por haber cuidado a mi BI todos estos años, en los que yo estuve ocupándome en madurar.

¿No es una dulzura de hombre? —preguntó la señora mayor con una sonrisa cálida.

Estella por su parte, sintió un dolor en el pecho. No esperaba una atención de parte de Tom y mucho menos, por las razones que él estaba dando. La conciencia le gritaba que dejara de seguirle y apretó las manos en el volante, hasta que sintió una pequeña risita a su lado.

Claro que es una dulzura, es mi Tomi —comentó la pelinegra.

No te dejes embobar por palabras bonitas —Gruñó la castaña, al ver como otras dos empleadas rodeaban al trenzado—. ¿No te das cuenta que usa esas cursilerías para atraer más mujeres? ¡Míralo!

BI volvió a observar el ventanal y claro que notó que las chicas le sonreían fascinadas a su apuesto trenzado, pero cómo evitarlo, ese hombre era muy atractivo y ella misma le coquetearía abiertamente, si lo conociera de repente.

Mejor vámonos, Estella. Si tenemos suerte, podremos acabar el proyecto con las chicas y así, no tendremos que trabajar en casa —pidió la morena, ajustando sus gafas.

Claro que no —La tozudez de la chica era muy fuerte y quería seguir vigilando a Tom, buscando la “quinta pata del gato” para poder “desenmascararlo” frente a su pura e inocente BI.

La pelinegra, por su parte, dejó de darle importancia a las risitas que provenían del micrófono y se concentró en morder una barrita de cereal, hasta que un comentario la puso en alerta.

Si tu diosa, no quiere aceptarte, Tomi guapo, yo estoy más que dispuesta a complacerte en todo lo que quieras —BI levantó la mirada enfurecida, buscando cuál era la perra que había comentado aquello—. Como puedes ver, soy bastante mujer para darte y enseñarte cosas que jamás podrías olvidar.

Los colores desaparecieron del rostro de la pelinegra, por culpa de todas las intervenciones de Estella, ella nunca logró concretar el acto sexual, con ninguno de sus novios. Y, aunque no estaba molesta por ello, ese hecho la ponía en desventaja contra aquellas mujeres que estaba asediando a su hombre y se preguntó si Tom tendría demasiada experiencia en ese campo, porque se notaba, que oportunidades no le faltaban.

Oh-no… —susurró la chica—. Todo esto es tu culpa ¿lo sabías? —Miró a su compañera, quien arrugó el ceño, parecía que también estaba molesta por el comentario de la chica de la tienda.

¡Hey! —Se quejó la castaña—. Yo no lo he mandado a coquetear.

Él no coquetea, ellas le coquetean a él —Lo defendió BI—. Aun así, es tu culpa.

Estella sintió que el remordimiento volvía a instalarse en sus entrañas, de pronto ya no le parecía divertido ver a su amiga sufriendo, porque otras perras ofrecidas, atacaran a su galán.

Ya no molesten a Tom —agregó la mujer mayor—. Él adora a su chica, ¿no lo ven?

Tiene razón, señora. Jamás dejaré a mi diosa, ya perdí demasiado tiempo por miedo —comentó y sostuvo los paquetes ya envueltos—. De ahora en adelante, me encargaré de cuidar y amar a mi preciosa BI. Y si me disculpan, señoritas, tengo que comprar más regalos para ella.

Aaawww —suspiraron todas, al verle partir del local.

En el auto, BI sonría bobamente con las respuestas tan galantes y respetuosas de su Tomi, y que siempre tenían como finalidad, elogiarla a ella.

Mira, ya se va —Soltó Estella, al verle caminar por la acera, como buscando algo.

Acércate un poco más —pidió la pelinegra—. No puedo ver nada desde aquí.

La castaña encendió el motor y avanzó lentamente, hasta estacionarse más adelante, vigilando cada uno de los movimientos del trenzado.

Ahí está la prueba de su perversión —Casi gritó la chica, con una sonrisa triunfante en el rostro.

Tom miraba un local de lencería femenina, pero a la sección de disfraces “hot”. BI pudo saber de inmediato que su hombre estaba teniendo una fantasía, por como miraba embobado unas orejas gatunas y su boca, se abría peligrosamente. Hasta que sacudió la cabeza de golpe.

Ay BI, ¿por qué me haces esto? —susurró a la nada, emprendiendo de vuelta su camino.

¡¿Hey, qué haces?! —Gritó la castaña, al ver que su compañera bajaba del carro a toda velocidad y caminaba en dirección a la tienda, para ver de cerca qué fascinó tanto a su trenzado.

Estella vio que Tom cogía un taxi y tras anotar la dirección que el trenzado le dio al taxista, corrió tras BI para seguir con su proyecto de persecución.

&

La siguiente parada fue una florería. BI ya estaba aburrida de lo que hacían, ya que todo parecía indicar, que Tom sólo estaba preparando las cosas para tener un perfecto “Día del amor” junto a ella.

Al igual que en la tienda anterior, el joven se paseó por todo el lugar y pidió a la dependienta que le diera unas orquídeas en un hermoso arreglo.

¿Orquídeas? —La pelinegra arrugó el ceño. Esas flores eran bastante lindas y costosas, pero no eran sus favoritas y estaba segura de que Tom ya sabía eso.

Ambas escucharon como la señora envolvía el arreglo y preguntaba si aquellas preciosidades eran para su novia, a lo que él respondió.

No, estas flores son para otra mujer, igual de importante —Le guiñó un ojo.

Estella se ahorró el comentario de “Te lo dije”, al ver la expresión dolida en el rostro de su amiga.

Vámonos de aquí —Mandó la pelinegra.

A medida que el vehículo avanzaba, BI se preguntó quién podría ser esa otra mujer importante en la vida de Tom. Simone estaba al otro lado del mundo y en Nueva York, el trenzado no conocía a nadie o al menos eso creía ella.

¿Quieres comer algo? —preguntó la castaña con un nudo en la garganta.

No, mejor regresemos a la biblioteca y veamos si podemos avanzar en el proyecto —respondió la chica, pero ambas sabían que BI no podría concentrarse con lo que acaba de presenciar.

Estella se sentía sumamente culpable, había logrado su cometido de dejar mal parado a Tom, pero no le agradaba en lo más mínimo que BI se pusiera así de triste por ello. Se aferró más al volante y siguió conduciendo.

&

Por la tarde, bastante agotadas por el esfuerzo mental, las chicas regresaron al edificio donde residían. La amable señora Craff las esperaba con una sonrisa de oreja a oreja y las detuvo con un.

No den un paso más —ambas jóvenes la miraron confundidas—. Tengo algo para ustedes —añadió al ver la expresión en sus rostros.

¿Algo? —indagó la castaña.

Presentes —contestó la mujer y procedió a sacar dos paquetitos finamente envueltos—. Este es para Estella y este es para BI —explicó la señora Craff, entregándoles las cajitas, que fueron recibidas con una sonrisa. Eran los chocolates de Tom.

Gracias —Susurró la pelinegra. Alzando la mirada y topándose con un hermoso arreglo de orquídeas blancas. Sonrió y preguntó—. ¿Algo más?

Ya me voy al cuarto —agregó Estella, adelantándose.

De hecho, toma esta nota BI —agregó la mujer, vigilando que la castaña estuviera fuera de visión—. Es sólo para ti —Le guiñó un ojo.

La pelinegra tomó el pequeño sobre blanco y sacó una hoja escrita a mano, que decía:

Obliga a Estella a comer los bombones antes de las 11 PM

Vendré a recogerte pasada la media noche.

Te adora, Tom”

La chica sonrió y apretó la carta en su pecho. Ahora todo volvía a cobrar sentido y soltó un suspiro, anhelosa de volver a ver a su trenzado.

Ve con tu compañera, BI —comentó la señora Craff—. Tienes que prepararte para la cita —Volvió a guiñarle un ojo con una sonrisa picarona—. Qué suerte tienes, linda.

Lo sé.

Escondiendo la nota en su bolso, BI regresó a su cuarto, cambiando su expresión de felicidad por una de autentica miseria.

¡Soy una idiota! —Gruñó y se hundió en el sofá, tratando de bostezar, para lograr el efecto de lágrimas. Resultó.

BI, no llores —pidió Estella, sentándose a su lado.

Tenías razón —La miró con los ojos brillantes—. Siempre la tuviste. Tom tiene a otra. Waaa —Fingió el llanto, escondiendo su rostro en el cuello de la castaña, para que no notara que era falso.

Cálmate, por favor.

Lo único que me calmaría en estos momentos, sería una buena comedia romántica y muchos chocolates —dijo la morena, cubriéndose el rostro con un pañuelo desechable.

Está bien, tenemos chocolates —agregó la otra chica, cogiendo los paquetitos.

BI sujetó el suyo fuertemente, para no confundirlos y abrió el de Estella, dándole uno directamente en la boca, quien se sorprendió por ese acto.

Confórtame, amiga.

Y uno a uno le fue dando los bombones a su amiga, hasta que se los hubo devorado todos y luego puso la película, acurrucándose a su lado, hasta que en cosa de minutos, la castaña roncaba apaciblemente.

Tras asegurarse de su estado onírico, BI corrió al baño, debía arreglarse para esa noche y sabía exactamente qué haría.

& Continuará &

¿Cuál es el plan que tiene BI, en mente? ¿Le gustará a Tom? ¿O despertará Estella y les arruinará toda la fiesta? No se pierdan la continuación y comenten para hacerme feliz. ¡Ah! Y muchas gracias por venir a leer.

por MizukyChan

Escritora del fandom

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