1: La Apuesta

Fashion” Fic Twc / Toll escrito por MizukyChan

Capítulo 1: La apuesta 

No one ugly allowed”  (No se admiten feos. “Fashionista”)

Bill

17 años, estrella de rock, popularidad garantizada dondequiera que esté, exitoso en los estudios, hijo de una familia acaudalada, llamado “Adonis griego” tanto por hombres como por mujeres por su agraciado rostro, cada una de esas frases representa a Bill Kaulitz.

¿Algún defecto? Frente a él… todos dirían que no sería posible encontrar alguno, que él es sinónimo de “perfección”. A sus espaldas, dirían que es “una perra”, por los malos tratos para con la gente que no llega a sus estándares de belleza.

Desde pequeño, fue el consentido de la familia, al ser hijo único y futuro heredero de las empresas Kaulitz, su padre educó a Bill para ser líder, a utilizar el lenguaje para ganar aliados y manipular a la gente. Su madre por otra parte, le educó para ser hermoso, para sacar partido a su belleza natural y obtener todo lo que deseara a través de ella.

Bill ganó su propio dinero desde muy niño, participando en spots publicitarios gracias a su “looks”, cosa que siguió haciendo hasta los 15 años, cuando descubrió que ganaba aun más dinero cantando. Junto a otros chicos populares, formó una banda “The beautiful people” y ésta se convirtió en la más popular de la ciudad.

Pese a que sus canciones eran radicales y muy llamativas, tanto él como la gente que le rodeaba tenían un lema particular, que contradecía todo aquella igualdad que proclamaba cantando, su lema era: “No one ugly allowed”, o “no se admiten feos”. Aunque el inglés es el idioma universal y muchas personas podrían comprender su frase, en Alemania no era común hablar esa lengua y ellos ocupaban sin restricción su peyorativa frase contra cualquier estudiante que no les gustara, claro porque pasaban la mayor parte de su tiempo en la escuela, y ese era su territorio, su reino.

Era el delegado de la clase, porque así él podía hacer todo lo que quisiera, estando seguro de que ningún alumno “común” se atrevería a contradecir alguna de sus fantásticas ideas.

—Andreas creo que debemos incluir más canciones de la banda en la fiesta de Bienvenida —dijo el pelinegro a su rubio amigo, mientras analizaban la primera actividad de ese año en la escuela.

—Bill, sé que la banda es sensacional, pero es una “fiesta” y no un “concierto” —le aclaró haciendo comillas para resaltar su punto.

—Pero si la banda de Bill está presente, sin duda vendrán más personas —opinó Georg, acariciando su largo y sedoso cabello castaño.

—Tu pelo brilla más este día Geo —dijo el pelinegro batiendo sus pestañas.

—Gracias Bill, cambié el acondicionador —el castaño estaba sonrojado por el elogio, aun sabiendo que el moreno sólo lo hacía porque le había apoyado.

— ¿Y qué hacemos? —preguntó el rubio, sabiendo que al final el pelinegro se saldría con la suya.

—Creo que lo más justo es someterlo a votación democrática en el curso —dijo Bill cual político en plena campaña de elecciones.

—Buena idea Bill —le apoyó nuevamente el castaño.

—Claro que sí —el delgado chico, besó su dedo índice y lo llevó a su mejilla, era su señal, su “auto beso”—. Soy el mejor.

—Claro Bill —secundó Andreas, rodando los ojos. Él conocía a Bill desde que eran niños y sabía de todas las artimañas del chico para conseguir sus objetivos.

—… y consideramos que lo mejor será incluir más canciones de la banda en la fiesta de bienvenida —terminó el pelinegro con una radiante sonrisa, ante los rostros anonadados de sus compañeros.

—Como Bill acaba de explicar, realizaremos una votación para ver quién está a favor de su idea —le apoyó Ingrid una rubia curvilínea que seguía al pelinegro como perrito perdido por toda la escuela y que él sólo miraba cuando la necesitaba, lo cual era siempre que se trataba de las actividades de la escuela, pues ella era la segunda en importancia en el comité escolar—. Los que apoyen a Bill, levanten la mano.

Casi toda la clase alzó la mano sin siquiera dudarlo pues no hacerlo te ubicada de inmediato en la “lista negra”, el resto lo hizo porque los “machos” les dieron la mirada de “o lo haces o te muelo a golpes” y los marginados o nerds, fueron ignorados, como siempre.

—Muchísimas gracias —dijo el pelinegro con su sonrisa de cien mega watts—. Sabía que eran inteligentes y escogerían la mejor opción.

Sus hipócritas palabras fueron recibidas con vítores y aplausos por el resto de sus compañeros.

&

Para ser lunes, Bill consideraba que ese día estaba resultando extremadamente fascinante, tras ponerse sus costosísimos lentes de sol, salió al receso del almuerzo con su séquito detrás.

— ¿Qué habrá hoy de comer? —preguntó balanceando sus caderas al caminar, provocando que varios rostros giraran al verle pasar.

—Alguna barbaridad americana —respondió uno de los grandulones que siempre le acompañaba y servía a la vez de guardaespaldas.

—Eeww —el pelinegro arrugó la nariz—. ¿Por qué siempre nos contaminarán con porquerías?

—Mmm, disculpa…Bill —una chica salida como sombra detrás de una puerta detuvo al grupo.

—¿Ah? —el pelinegro quería alejarse de ella, no quería contagiarse de los gérmenes de la gente común.

—Bill… ¿podrías… podrías darme un autógrafo? —pidió la chica, ajustándose unas gafas, de marco rosa.

—Mmm —Bill tuvo que contenerse para no gritar al ver el color chillón de esas gafas—. Lo siento vamos muy tarde.

—Siento mucho molestarte —dijo la niña apenada, al ver como su ídolo caminaba rápidamente, prácticamente ignorando su petición.

—“No one ugly allowed” —susurró el pelinegro, limpiándose un rastro inexistente de polvo.

—Ni siquiera la vi venir —dijo el castaño Geo a su lado.

—Sólo era una fan, ignórenla —terminó Andreas, por fin entrando a la cafetería.

— ¿Por qué este lugar está lleno de “gente común”? —preguntó el pelinegro más para sí mismo, pero ganándose el asentimiento de las cabezas de su grupo.

Tras llenar sus bandejas de comida y robar la mejor mesa, el grupo de “pretty people” conversaba de trivialidades y de cómo se las ingeniarían para filtrar licor en la fiesta de bienvenida, que sería el último viernes del mes.

Todo estaba en paz, hasta que un chillido agudo se dejó oír por todo el lugar. Era el clásico grito de las animadoras de la escuela.

—Malditos americanos y sus “porristas” —dijo el pelinegro apretando los puños sobre la mesa.

—¡Bill! —gritó la líder de las féminas.

—¡Chantelle! —gritó de vuelta el aludido, con una sonrisa completamente falsa en su rostro.

Las chicas se acercaron a la mesa de los jóvenes y sonrieron coquetas, sin embargo gracias a los comentarios de Kaulitz, los chicos de allí, odiaban todo lo relacionado con la cultura americana, por contaminar su hermoso país y por traer a esas estúpidas rubias sin cerebro a hacer “cheer leaders”. Y ahí estaba ella… Chantelle, la peor de todas, la versión femenina de Bill y su rival desde siempre.

—¿Y cómo estuvieron tus vacaciones? —preguntó ella sonriente.

—Maravillosas ¿y las tuyas?, supongo que la mayor parte te la pasaste en rehabilitación —apuntó a sus senos—, porque se ven más grandes que el año pasado.

—¿Te diste cuenta? —dijo ella llena de orgullo, pero el pelinegro arrugó la nariz.

—Creo que debes invertir en un poco de botox para tu ceño cariño —dijo él para molestarla—, creo que estás envejeciendo.

—Claro que no —replicó la rubia molesta.

—Entonces deja de estar tanto tiempo en el solárium —le volvió a molestar.

—Supe que tu banda tocará en la fiesta de bienvenida —interrumpió una de las rubias, ganándose un codazo de Chantelle.

—Sí claro, “The beautiful people” no podría faltar, para traerle belleza a este hermoso lugar —dijo Bill claramente fingiendo.

—Sí claro… —dijo sarcásticamente el rubia, fingiendo una arcada.

—¿Qué te pasa Chantelle?, ¿no te sientes lo suficientemente bonita? —pidió él igual de sarcástico.

—Ambos sabemos que tú menos que nadie piensa que en esta escuela hay gente bonita —dijo ella mirando sus recientemente  pintadas uñas.

—No digas boberías —dijo él poniéndose los lentes, para cubrir sus ojos mentirosos—, esta gente es hermosa, sólo míralos —tanto chicos como porristas miraron alrededor y arrugaron la nariz, nadie se ajustaba a sus estándares de belleza.

—¿A no? —ella lo miró desafiante.

—Claro que no.

— ¿Apostamos? —dijo ella segura de sus habilidades.

—No podrías apostar nada que me llamara la atención —dijo el moreno, mirando sus aun más perfectas uñas—. Tengo todo lo que podría desear.

—Me haré un tatuaje —dijo ella y todos la miraron absortos, ella amaba su cuerpo, jamás lo profanaría con tinta, como tantas veces había dicho.

—No lo harías —la tentó el pelinegro.

—Con tu nombre —finalizó ella.

—Bill Kaulitz es el mejor —aceptó Bill—. Eso es lo que dirá.

—Está bien —ella se sonrojó, tal vez era un deseo oculto—, pero bajo mis normas.

—Es una bruja —dijo Andreas a su lado—, ten cuidado —susurró en su oído en forma casi inaudible.

—¿Y cuáles serían esas normas? —pidió el castaño, embobado con una de las porristas.

—Convertir a uno de estos “nerds” en uno de los nuestros, tendremos todo este año, por si necesita cirugía —dijo ella rápidamente ahogando la risa, Bill dudó un momento y luego agregó.

—Pero lo escogeremos de inmediato, no permitiré que elijas al peor de ellos —el pelinegro miraba en todas direcciones encontrando a todos los otros estudiantes “tan normales”, que dudaba poder arreglarlos y convertirlos en “pretty people”.

La rubia hacía lo propio mirando en todas direcciones y luego miró a un alumno que estaba sentado solo en una mesa alejada, estaba de espaldas a ellos, pero se veía una enorme cantidad de ropa. «Debe ser un obeso horrendo, para que nadie quiera almorzar con él, además está rodeado de libros, es un estúpido nerd».

—Ese de allá —dijo ella, indicando con su índice al chico que recientemente escudriñaba.

A Bill casi le da un infarto, lo primero que pensó es que era un desadaptado por estar solo, luego que era un obeso por esa enorme cantidad de ropa que se veía, y luego y lo peor de todo eran esos libros.

—Anotado —dijo él, tragando grueso y murmurando un suave y delicado—. ¿En qué me he metido?

—¿Y quién será la víctima de Chantelle? —preguntó otra de las porristas—, para que sea justo ella debe tener una víctima también —el pelinegro sonrió y la rubia palideció.

—El gordito de allá, aquel rubio —agregó Bill con una sonrisa.

—¿Gustav Shafer? —dijo una de las rubias—, es un antisocial, escuché que estuvo en la cárcel por pelear en un club —culminó y todo el grupo de Bill sonrió encantados con el nuevo reto.

—Si tú pierdes querido Bill… —anunció la porrista con una sonrisa malvada en su rostro—, te teñirás de rubio por todo un año —el pelilargo arrugó la nariz, pero asintió, era una apuesta pública, no había vuelta atrás.

—Bueno chicos —dijo el pelinegro, levantando sus gafas—. Manos a la obra.

La rubia sonrió y dejando a sus amigas atrás, se dirigió a paso firme a la mesa donde se hallaba Gustav. Agitó su pequeña falda y tocó sólo con sus dedos, el hombro del rubio, su víctima.

—No me hables rubia teñida —fue lo único que él dijo y poniéndose de pie se fue de la cafetería, dejando al grupo de “pretty people” carcajeándose ante la rápida derrota de la chica.

Luego, Bill se puso de pie y contorneando sus caderas caminó en dirección de la mole que estaba sobre aquella solitaria mesa. Se sentó justo al frente del chico y se quedó sin aliento.

—Hola…

&    Continuará     &

¿Quién será la víctima de Bill?, ¿estará de acuerdo con participar en esta “apuesta?, ¿podrá Chantelle conseguir hablar con Gustav? No se pierda la continuación.

Escritora del fandom

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