
«Reverse III» Fic de Alter Saber
Capítulo 69: Duelo
«Aquellos que son más en número vienen a la batalla confiados en sus fuerzas, no en su saber y consejo. Los que son muchos menos y no acuden forzados a pelear poniendo toda su seguridad en su seso y prudencia, van osadamente al encuentro. Y bien considerado, con razón nuestros enemigos nos temen mucho más por esto que por el aparato de guerra que traemos, pues vemos a menudo los más poderosos ser vencidos por los menos, a veces por ignorancia y otras por falta de corazón. Ninguna de ambas cosas se hallará en nosotros»
– Tucídides
.
La afamada Edad de Oro, dio a conocer al mundo la capacidad ilimitada a la que un ser humano puede llegar, cuando se considera a sí mismo un «Dios», y es que en sí, los titanes de la Mitología Griega, no son más que la representación del potencial que reside en cada quien.
Cronos, quien desterró a su padre Urano, gobernó por siglos el Universo; nadie se comparaba a él, pues su inteligencia y fuerza, lo hacían merecedor de semejante galardón; él que se auto-denominaba así mismo como «Titán», vivió gran parte de su existencia, creyendo que nadie lograría hacerle frente a su poderío…
Hasta que…
Uno de sus propios hijos, Zeus, junto a sus hermanos Poseidón y Hades; decidieron finalizar con el Gobierno de su padre; dándole un golpe de Estado; del cual, salieron victoriosos…
Existen leyendas sobre la manera en la que estos dos extremos han pasado de generación a generación; como si la descendencia de Cronos y Zeus, no hubiese finalizado allí; por el contrario, su verdadera esencia ha traspasado con el venir de los años, a distintos cuerpos que le dan forma a sus respectivas convicciones…
Aquel que cree estar en la cima, y aquel que sabe cómo llegar a ella…
Aquel que piensa ser invencible, y aquel que se esfuerza por serlo…
Aquel que no conoce la derrota, y aquel que la acoge en sus manos…
Aquel que hoy gobierna Stuttgart, y aquel que viene por ella…
Quizás, nuestra sangre esté destinada a encontrarse las veces que sea necesario; tal vez, los antiguos dioses residen en nuestros cuerpos; y hoy, después de miles de años de evolución; han decidido solucionar su conflicto, a través del Ángel de la muerte y el Rey.
Nuestro primer encuentro, luego de cuatro años, a diferencia de lo imaginado; fue más que reconfortante; verle allí, sosteniendo aquel papel que minutos atrás me había funcionado como una descarga a la frustración en la que estaba sumido…
Sus palabras eran frías, pero, contundentes.
Su postura imponente, y su seguridad por los cielos…
¡Ahí estaba!
Él único que logró darme a conocer, lo que en verdad, es el miedo.
Tras soltar aquella frase, que sólo buscaba provocarme; Tom, revelo su rostro ante mí y de nuevo, las sensaciones del primer día en que lo vi convertirse en «Rey» se apoderaron de todo mi ser…
Mi instinto se sobresaltó como nunca, las alarmas encendidas, y mi mente, no hacia otra cosa que repetirme, que enfrente de mí, estaba el auténtico e inigualable, enemigo letal.
¡Mi karma personal!
Su sarcasmo y la manera en la que sus gestos armonizaban con la confianza desmedida de su ser; me llevaron a entender, el por qué, jamás lograré estar a su altura…
¿Quién en su sano juicio decide por voluntad propia presentarse ante alguien que puede ocasionarle su muerte?
Sin embargo, Tom estaba apacible, justo como la calma antes de una gran tormenta; sus comentarios dotados de astucia, me confirmaban que en efecto, el escenario vivido por días en la ciudad; no había sido otra cosa más que la estrategia real de aquel que se llamó así mismo «Dios del nuevo mundo»…
Había logrado disminuir mis números…
Arrebato vidas sin siquiera tocarles…
Dreno el espíritu de la gente a base del terror…
¿Acaso no era un ser temible este hombre?
Poco le importaban las consecuencias que podía desatarse de su artimaña; sabía desde un inicio, que su nombre aun hacía temblar el suelo de cualquiera que lo hubiese conocido…
Como siempre, su mente tan brillante; enceguece mi vista…
¡No puedo verle!
Pero, su esencia, pútrida, al igual que a mí, nos hace identificables…
Pues ni en la noche más ocurra, lograría olvidar el sentimiento que me recordó la humanidad que aún se encuentra dentro de mí…
Tom sólo deseaba confirmar, la disposición que yo tenía ante el conflicto que tomaría lugar dentro de unos días en Stuttgart…
En su infinita benevolencia, quería darme la «Opción» de escapar, sin ser considerado un «Cobarde»; como si quisiera, redimirse a través de mi salvación…
La victoria no era segura, pero, la vergüenza de abandonar el campo de Batalla en el que te espera un oponente superior como Tom; es peor que la muerte en sí.
No iba a huir…
Aun si fallecía en el proceso, no pensaba irme del lugar que me acogió…
Por nada en el mundo, le daría la espalda a mi gente…
Yo, no podía ser el Líder que ellos querían; pero quizás, si era el que necesitaban en estos instantes…
El espectáculo ocasionado por el Rey, me dejo con menos de 100 personas a mi servicio; y por respeto a la perseverancia en medio de la desesperación de estos individuos; no tenía derecho a irme.
Por ende, fui consistente al responderle en negativa…
Así sus intenciones tuviesen doble sentido; la verdad era que, no debía escapar del duelo predilecto por el destino.
¡Era ahora o nunca!
Sólo, deseaba corroborar la relevancia del pequeño ángel en su vida; lancé el dardo, pero no obtuve respuesta; sin embargo, la forma en la que su aura intensifico su peligrosidad; me confirmo, que en estos momentos de su existencia; no había cabida para algo más puro e inocente que Bill.
Vi, como uno de sus súbditos se lo llevo de las calles de Stuttgart…
Retome mi camino, daba cada paso con suma lentitud y precisión; como si debajo de ese suelo, hubiesen minas capaces de destruirme antes de ser derrotado…
Llegué a la casa de Black; abrí la puerta que carecía de seguro, ingrese, esperando encontrar a Richelle en compañía de Andreas; pero, ese no era el caso…
De hecho, el contexto daba a entender que en el lugar, hubo una disputa, pues la sangre marcaba un rastro en el piso…
A lo lejos, vi un pendiente negro con forma de diamante…
Lo tomé entre mis manos, y recordé el sitio exacto en el que aquel accesorio fue entregado…
Por su cumpleaños numero 16; mamá le regalo a Jared, esa joya; argumentando que, él era su más preciado tesoro…
Sí el pendiente se encontraba aquí; eso sólo podía significar que mi hermano hizo de las suyas antes de partir…
¿Acaso habría lastimado a Richelle?
Tomé mi móvil, y la llamé…
El timbre sonó por más de 6 veces, pero, no obtuve contestación…
Decidí ir hasta el baño, tomar una ducha, vestir algo limpio, comer e ir al Hospital para ver a Black…
Al llegar a la habitación, escogí un atuendo del armario; me senté por segundos en la cama, pero, sin desearlo, mis ojos se cerraron por su cuenta y caí completamente exhausto…
Desperté, conmocionado por un ruido proveniente de afuera…
Bajé hasta la primera planta, y me ubique en uno de los ventanales de la casa; mis ojos presenciaron la forma en la que las calles de Stuttgart, eran vaciadas sin compasión…
Las personas llevaban maletas y pertenencias en sus manos; todas, caminaban hacia la misma dirección…
¿Se iban?
Estuve tentado a salir, reclamando mi autoridad como líder, pero, ¿Qué garantía tenía yo para ofrecerles?
¿Podía asegurarles que me encargaría del causante de semejante catástrofe?
¿Había algo que pudiese servirles de referencia para que confiaran en mí?
Sus rostros estaban invadidos por el miedo, su caminar era igual que el de un cadáver, sus espíritus estaban más que muertos; y yo, no podía revivirles como la última vez; pues el encuentro con él, me confirmó las sospechas…
¡Mi derrota estaba asegurada!
Dejé de observar ese escenario tan melancólico; me senté en una de las sillas y recordé el día en que mis ojos hicieron contacto con los suyos…
La realidad de aquel instante en que profané su pureza, fue que, no toleré tener a alguien tan angelical cerca de mí, pues su ingenuidad abofeteaba con fuerza el pecado de mi alma…
Quise corromperlo para no sentirme inferior…
No obstante, si hubiese escuchado tan sólo uno de sus tantos lamentos; tal vez, sólo quizás, en estos momentos, nada de lo que ha sucedido tendría lugar…
Si me hubiese detenido…
Si no lo hubiese ultrajado…
Si tan sólo…no…
Sonreí para mis adentros; de alguna manera, la injusticia que cometí esa noche; había dado lugar a una de las verdades más absolutas que han sido descritas en la historia:
«En toda persona, reside un ángel y un demonio; tú decides, a quien invocar»
Y para colmo de males, yo no sólo evoque a un simple demonio; traje a este mundo, al Jefe mayor, el contrincante indomable, a Satanás reencarnado en el cuerpo de un chico de 19 años…
Fui hasta la cocina, prepare algo de comer, me aliste y salí en busca de Black; por haber cedido ante el cansancio, había pasado un día entero durmiendo…
Camine sin ninguna prisa, veía el paisaje de mi ciudad, y sentía nostalgia…
Faltaban sólo 4 días para privarme de apreciar los alrededores de Stuttgart; para muchos, los Barrios Bajos no eran más que un puñado de miseria e inmundicia; pero, a mis ojos, era el lugar que ni por un solo instante, me juzgó; por el contrario, me permitió la existencia sin recriminar mis ofensas…
Ni siquiera el «Bronx» había sido tan cómodo como Stuttgart; porque incluso allí, me sentía fuera de sitio, pero aquí, estaba mi hogar.
Tal vez, sólo aquellos que hemos tenido que evidenciar la depravación humana; comprendemos la importancia de encontrar un lugar al cual pertenecer…
Por eso, nos aferramos como si nuestras vidas dependieran de ello; apostando el todo, sin medir consecuencias, siempre, con la plena convicción de que, ni siquiera el acto más vil y grotesco, nos expulsaría de Stuttgart; ella, al igual que nosotros, se sume en la desesperación, y si cae; lo hace de nuestro lado.
A medida que transitaba los callejones que me llevarían hasta Black, veía los restos de los panfletos del día anterior; era sorprendente, que ni siquiera había rastro de indigentes, todos, sin excepción alguna se resguardaron en su guarida personal.
Ni mis subordinados eran visibles…
¡Qué jodido estaba!
Faltaban unas cuantas calles para llegar a las Instalaciones del Hospital, y percibí como la brisa golpeo con fuerza mi rostro; era como si el viento quisiera susurrarme de los eventos que tomarían lugar durante los siguientes días; pero, no me inmuté; ya estaba más que claro que las circunstancias no variarían, yo me iría, por eso, venía a cumplir con mi parte.
Ingresé por las puertas de la sala de urgencias; subí las escaleras hasta la tercera planta, y fui a la habitación 302; estaba por cruzar, cuando la vi; se encontraba, completamente dormida en una de las sillas que colindaban con el cuarto de Black; se encontraba sola, justo como el día en que el destino me junto a ella.
Por alguna extraña razón, Richelle parecía estar en paz…
Las facciones de su rostro se delineaban con mucha fragilidad, su cuerpo estaba abrazado a sí misma, y los latidos de su corazón tenían un ritmo lento; en calma, tranquila.
Me senté a su lado, lleve una de mis manos a su cabeza, y comencé a acariciarla con suma suavidad; al igual que, ese día en que casi abusan de ella; estaba tan asustada que se derramo en mis brazos por consuelo; y yo, sólo pude brindarle pequeños roces entre sus cabellos, pues, no sabía cómo demostrar cariño o comprensión. Sin embargo, Richelle se sentía complacida por mi intento fallido…
Mi gesto la conmovió de sobre manera…
No importaba cuanto tiempo pasara, para mí, Richelle seguía siendo aquella niña indefensa que me suplico algo de piedad, cuando se encontraba al borde de la muerte…
Nunca me arrepentiré de haberla acogido…
¡Eres mi pequeño tesoro, hermana!
Me acerqué a su oído, y le llame; debía aprovechar la oportunidad e intercambiar algunas palabras con ella…
Sus ojos comenzaron a abrirse, y al verme, me regalo una sonrisa diminuta; se acomodó en su asiento y dijo:
– ¿Dónde estabas?
– Ocupándome de algunos asuntos.
– ¿Tom?
– Bueno, sí.
– Black está muy preocupado por ti.
– Lo sé, pero, de momento no he podido visitarle; las cosas están algo complicadas.
– Entiendo.
– ¿Me permites?
– ¿Si?
– Vamos a la terraza, quiero que hablemos de algo.
– E-Está bien.
Nos levantamos, salimos de la sala y nos encaminamos a la segunda planta; donde había una enorme terraza que servía como área para fumadores; no obstante, gracias a que apenas eran las 5:00 am, de momento, no estaba ocupada por nadie.
¡Perfecto!
Nos posicionamos en el balcón, observamos el horizonte y nos quedamos en silencio; quizás, ella estaba esperando a que yo hablara…
– ¿Recuerdas cuando teníamos 7 años y decidimos robar esa bolsa de golosinas de la tienda local?
– ¿Te refieres a esos dulces con forma de osos?
– Si, esos que eran de varios colores y tú no hacías otra cosa que decir que querías comer aunque fuera uno…
– Jajajaja, sí, sí.
– Black y yo, fuimos por ellos, mientras tú distraías al dueño.
– Y Black tropezó con unas cajas, los descubrieron; tuvieron que correr muy rápido porque casi los agarran.
– Si, y tú, apareciste media hora después, llorando, pidiéndonos perdón por habernos solicitado algo tan caprichoso como eso.
– Si…
– Pero, queríamos consentirte, eras la más pequeña.
– Y una niña.
– Si.
– ¿Por qué me hablas de eso?
– Sólo lo recordé…
– Ummm.
– ¿Qué tal van las cosas con Andreas?
– ¿A-Andreas?
Presencié, quizás, la faceta más desconocida de Richelle…
Todo su rostro estaba rojo y pude ver, como su pecho subía y bajaba, por la manera tan agitada en la que su pecho comenzó a respirar…
¿Tanto así?
Se veía tierna a mis ojos…como siempre…
– No me digas nada, por tu cara puedo saber que estas enamorada de él.
– No te burles.
– No lo hago, en verdad que no; de hecho, me siento feliz por ti.
– ¿Si?
– Claro, si él te hace sentir bien, yo no tengo porque prestarle atención al hecho de que él es un chico de la alta sociedad ¿Verdad?
Richelle olvidó como respirar…
De inmediato, todo su cuerpo se sumió en una rigidez bastante notoria…
Eso sólo confirmaba mis sospechas…
Yo sabía que había alguien colaborando con Tom; y después de analizar con mucha detención los detalles; por más que me negaba a aceptarlo, me resigné y creí en que era ella la que estaba sirviéndole de escudo…
Por eso le había dejado el cuidado de Bill…
Es cierto que si lo hubiese torturado, quizás, este conflicto no habría llegado hasta estas instancias; pero, no iba a cometer el mismo error dos veces…
Con Tom aprendí los resultados de profanar un alma pura; y por cómo se veía Bill, de seguro, su transformación sería aún más devastadora…
Si Richelle lo mantenía lejos de mí, yo, evitaría dañarlo; además, quería enfrentar a Tom sin trucos baratos; deseaba que fuera un duelo justo, al menos, le debía una pelea digna…
En cuanto a Andreas; bueno, ni siquiera su apariencia, y la manera en la que hablaba, eran creíbles; a leguas, se notaba su inocencia; los ojos no mienten, y su mirada era tan transparente como la de Bill…
Ellos dos, no eran más que, una pantalla que Tom alzó para infiltrarse sin contratiempos…
¡Y vaya que lo logro!
Le sonreí para que comprendiera que no pretendía reclamarle nada; a fin de cuentas, ella, al igual que muchos; fue hipnotizada por los designios de Tom; Richelle no se resistió, es todo.
– ¿D-De que hablas?
– Hey, no lo ocultes; no voy a levantarte a golpes, ni tampoco le haré nada a Andreas.
– ¿Desde cuándo lo sabes?
– El día en que Tom fingió ahorcar a Andreas, y tú simulaste quitárselo de encima.
– ¿Por qué no hiciste nada?
– ¿Habría diferencia?
– Karl, yo…
– No quiero que me digas tus razones, en serio, no estoy molesto.
– Pero…
– Nada Rich, todo está bien.
Ella abrió sus ojos con mucho asombro; habían pasado más de 10 años, desde la última vez que la llame de una manera tan afectuosa como esa…
De niño, me quejé porque su nombre era muy largo; por eso, le decía «Rich», así, no tendría complicaciones en pronunciarlo; pero, con el tiempo, deje de hacerlo, hasta hoy.
– Oye, no me asustes.
– Jajajaja, no es mi intención.
– ¿Por qué actúas tan raro?
– ¿Puedo preguntarte algo?
– Dime.
– ¿Quién crees que ganará?
– ¿Cómo?
– Entre Tom y yo.
– Oh…
– Sé sincera, sólo, dímelo.
– Tom.
No había tardado más de dos segundos en responder…
Ella sí que le tenía fe a ese hombre…
No obstante, por esta vez, su precisión era correcta…
– Ya veo.
– Karl, ¿Qué sucede?
– Nada, no te preocupes.
– ¿Qué es todo esto?
– Mi despedida, Rich.
La manera en la que su rostro se desfiguro, me alerto por un instante…
– ¿Qué?
– ¿Acaso piensas que saldré con vida de eso?
– Yo…
– Tom no tendrá compasión; él no me dará la opción de vivir; me carcomerá hasta que no quede rastro de mí.
– Karl…
– Y me lo merezco, yo lo convertí en lo que es; debo ser yo quien asuma las consecuencias de darle vida a un monstruo.
– Perdón.
– ¿Por qué?
– Sé que tú y yo hemos compartido mucho más, pero…
– Te dije que no era necesario; aceptaste porque aun tenías sentimientos por Tom; no te juzgo, si yo estuviese en tu posición, también lo habría abandonado todo, por estar cerca de esa persona.
– Lo siento…
– No hay nada de que arrepentirse.
– Lo lamento tanto…
Sus lágrimas comenzaron a salir sin control de esos ojos azules, sus manos tapando la vergüenza, y su cuerpo, frágil…
Me acerqué a ella, y la abracé con mucha fuerza…
Susurrando…
– Sabes que, aunque quisiera, jamás podría odiarte, ¿Verdad?
– K-Karl…
– ¿Cómo podría sentir rencor hacia la única mujer que permaneció a mi lado, sin pedirme nada a cambio? En tu infinita ingenuidad, querías cuidarme, protegerme y estar para mí; tus pequeños detalles me llenaron tanto el alma, que aunque por años fui incapaz de aceptarlo, quiero que lo sepas, pequeña.
Black y tú, me han enseñado a amar…
No sabes todo lo que sufrí cuando me llegaron las noticias de tu supuesto suicido; por días enteros, me recluí en un cuarto, sin hablar con nadie, intenté llorar, pero no pude; mi inexistente humanidad no me da para eso…
Pero, estaba destrozado.
Y fue cuando te vi de nuevo, que sentí como mi alma volvía a su lugar, percibí la felicidad, Rich.
No importa lo que pase de aquí en adelante; recuerda que desde el lugar en que me encuentre, voy a estar junto a ti; ni muerto, te dejaría sola, mi dulce hermana menor.
Sus manos se aferraban con tanta fuerza a mi espalda, y su rostro se escondía en mi pecho; ella, no quería dejarme ir…
Pero, ¡Tenia que partir!
Tome su rostro entre mis manos, retire esas lágrimas que no parecían detenerse; le di un beso en la frente y le dije:
– Sé feliz, aquí, o en donde quieras, con Andreas o sin él, sólo, ve y haz tu vida.
– No…no…Karl…
– Prométeme algo.
– No, no, no.
– Por favor.
– Dime…
– No me olvides nunca, déjame vivir, aunque sea en tus recuerdos.
De nuevo, me vi envuelto en la suavidad de sus brazos; ella sólo asentía con insistencia…
– Debo hablar con Black.
– ¿Estás seguro?
– Sabes que sí.
– Estás a tiempo.
– ¿De huir?
– Si…
– No, quiero acabar con esto de una buena vez; merezco partir a descansar, Rich.
– Karl, yo…tu sabes que yo…
– Lo sé, no necesito que me lo digas.
– ¿Me perdonarás?
– No hay nada que perdonar, sólo, cumple con la promesa.
– Si, Jefe.
Sonreí ante su firmeza, me despedí de ella, y solté un suspiro…
Sí con Rich había sido difícil; no quiero ni imaginar lo que sucederá con él…
Pero, no podía irme sin decirle…
Quiero que lo sepa…
Camine de regreso a la tercera planta, ingresé a su habitación; y como si él supiera el motivo de mi visita, su postura tan apacible, me daba a entender que Black trataba de comprenderme…
– Hey.
– Karl.
– ¿Cómo sigues? Te veo mejor, viejo.
– Bueno, sí, parece que no quedaran vestigios en mi cuello.
– Oh, eso suena bien.
– ¿Qué tal marcha todo?
– Es un caos.
– ¿No funcionó la estrategia?
– Él lo predijo.
– ¿Eso también?
– Te lo dije, me enfrento a un auténtico Rey; no hay posibilidad de que le gane.
– ¿A qué has venido?
La tristeza con la que esas palabras fueron pronunciadas; en verdad, produjeron una sensación incomoda en mi garganta, es como si un nudo estuviese a punto de formarse…
– Tú lo sabes…
– ¿Lo has pensado bien?
– No veo otra salida, Black.
– ¿Crees que es definitivo?
– Si, de hecho, él vino a verme.
– ¿Se encontraron?
– Claro, está demente, ¿No lo crees? Con 6 años menos, Tom logró calar hasta la profunda oscuridad de mi alma, y hacer temblar mis sentidos.
– ¿Le sigues temiendo?
– Más que el primer día.
– Bueno, Bill…
– Si, esta vez, tomé algo más importante que su pureza.
– ¿Asumirás las consecuencias?
– Debo hacerlo.
– Entiendo.
– Por eso…
– No hables, sólo, déjalo así.
Él tampoco deseaba concretar los detalles…
Pero, no tendría otra oportunidad de decírselo…
– ¿Sabes qué fue lo primero que pensé cuando te conocí?
– ¿Tendré que hacerme cargo de otro niñato desprotegido?
– Jajaja, no, no.
– ¿Entonces?
– «Encontré un aliado»
Black giro su rostro hacia un lado; estaba evitando verme, no deseaba llorar…
Pero, él era demasiado sensible…
No podría evitarlo, aunque quisiera…
– Nunca te lo he dicho, pero, creo que sabes de sobra, que eres la única persona a la que he considerado amigo, además, de mi hermano; me refiero a que, contigo aprendí la complicidad en las travesuras, pero también, la repartición de cargas en medio de las malas acciones.
No me has dejado solo, ni por un solo instante.
Me has servido de manera leal, has creído en mí, siempre respetaste mis decisiones; nunca preguntaste ¿Por qué?, sólo te limitabas a decirme: ¿Qué quieres que haga?
Tu apoyo fue incondicional, hasta el último de mis días, te estaré eternamente agradecido…
Y quiero pedirte perdón.
– ¿Por qué?
– Por abandonarte, aun cuando tú nunca lo has hecho.
Si me voy, tú tendrás que soportar la carga del liderazgo; pero, no te preocupes, no estoy angustiado por tu desempeño; sé que vas a enorgullecerme, sólo no sé, si esa es la vida que quieres llevar.
– Si es tu deseo, así lo haré.
¿De dónde salía tanta fidelidad?
¿Por qué no se quejaba?
Sólo se limitaba a seguirme…
– ¿Lo ves? Black, en verdad, lo lamento.
– No tengo nada que perdonarte; soy yo quien debería estar avergonzado de no poder estar a tu lado, ahora cuando más lo necesitas.
– Igual, mi enfrentamiento con él, es algo en lo que nadie puede intervenir.
– Lo sé, pero…
– No, no cargues con esas culpas.
– ¿Karl?
– ¿Si?
– Entrégalo todo.
– No tengas dudas de ello, dejaré mi vida en esa arena.
– Bien.
– Bueno yo, creo que es mejor que me vaya.
– Una última cosa.
– ¿Qué?
– Toma.
– ¿Estás seguro?
En su mano, reposaba aquella cadena que le regale hace años, como un símbolo de nuestra hermandad…
La tomé, y apreté con fuerza su mano, apoyé mi frente en la suya y le dije:
– Siempre, desde que llegaste, te he querido, hermano.
– Lo sé, yo también.
– ¿Me recordarás?
– Cada día.
– Gracias.
Me coloqué la cadena, me despedí y salí de allí…
La resolución era absoluta…
Moriría en 4 días más…
Por lo menos, había tenido el privilegio de despedirme de las dos personas más importantes en mi vida…
Camine de regreso a la casa de Black, y me preparé para lo peor; porque sin temor a equivocarme, eso no era todo lo que quedaba por enfrentar…
¡Y que acertada había sido esa predicción!
El día después de aquella movilización en masa, viví el auténtico terror de soportar un ruido tan penetrante que nublaba mis sentidos; fueron 24 horas continuas del mismo sonido, sin descanso, sin tregua; sólo, una alta frecuencia que amenazaba con dejarme sordo…
Al terminar, Stuttgart se convirtió en una ciudad fantasma…
No se escuchaba ni el más pequeño de los sonidos…
Si acaso, era posible percibir el viento chocar contra las puertas, pero, nada más que eso…
De hecho, no sucedió nada, hasta el día 14.
En la mañana, tomé una ducha, escogí un atuendo holgado; algo que no entorpeciera mis movimientos, baje las escaleras, fui a la cocina, y prepare algo sencillo para comer…
Y me quede en la sala, pensando, recordando; tranquilizando la inquietud de mi alma…
Escuché que alguien tocó la puerta, me encaminé hacía ella, y al abrirla, encontré a 5 de mis subordinados; ellos ingresaron, pronunciándose de inmediato…
– Jefe.
– ¿Si?
– ¿Cuáles son sus órdenes?
– ¿Para qué?
– Es el día 14.
– Lo sé.
– Por eso, ¿Cuál es el contraataque?
– No hay.
– ¿Cómo?
– Lo que escucharon, no hay ofensiva.
– Pero, Tom…
– El asunto es entre él y yo.
– Jefe…
– Sólo, váyanse de aquí y esperen a que se acabe este día.
– ¡No! No podemos dejarle…
– Miren, yo no sé lo que el planea; pero de seguro, tiene algo preparado para esta noche, y si permanecen aquí, se verán envueltos en ello.
– Si debemos morir…
– No, no van a morir por mí; yo no fui lo suficiente, si hubiesen tenido alguien mejor, quizás, esta situación no terminaría así.
– ¿Entonces?
– Diríjanse hacía la zona alta, esperen por mañana, y cuiden de Black.
– ¿Él?
– Sí, es mi sucesor, espero que le sirvan de acuerdo a sus designios.
– Sí, Señor.
– Retírense.
– Si, Jefe.
Uno a uno, salió por la puerta; y antes de alejarse, se giraron para reverenciarse, diciendo:
– Fue un honor, Señor.
Retomaron su camino, y continuaron por el…
Entre de nuevo a la casa, me senté y espere a que anocheciera…
Sin embargo, la ansiedad del momento, me llevo a dirigirme hasta el lugar de nuestro encuentro; no necesitaba que él me lo informara, sabía que «La Jaula» era el sitio, fue allí donde él se convirtió en un ser infernal; fue justo esa arena, la que me enseño el temor de ser asesinado por un hombre tan letal.
Cuando llegue, me percaté de que el sol se estaba poniendo…
Los últimos rayos descendían, dando paso a la oscuridad de la noche…
De repente, un escenario rojizo tomó vida en Stuttgart…
Se escuchaban los estallidos, seguidos de las llamas que ascendían hasta el cielo…
Algunos gritos se consumían por la ferocidad del fuego…
Sabía que él tenía un haz bajo la manga, era lógico…
Sin embargo, aún no aparecía…
Y fue sólo hasta que mi ritmo se aceleró, que me di cuenta de ello…
Del otro extremo, venía llegando en suma complacencia, la figura imponente del Rey; sus pasos eran concisos, no parecía tener ningún tipo de prisa, su rostro estaba relajado, no había signos de ansiedad, ni mucho menos de inseguridad.
¡Por supuesto, no era él quien corría peligro!
Se plantó en la mitad de la pista, y se quedó allí; con esa postura de superioridad, sus brazos cruzados en el pecho y sus piernas ligeramente abiertas…
Entonces, tomé un último suspiro, agarré la cadena con fuerza en mi mano y dije:
– Protégeme, hermano.
Salí de la orilla opuesta, camine con lentitud, sentía que las fibras de mi ser hervían, mi cuerpo temblaba, en verdad, me encontraba horrorizado; nunca creí que el día de mi muerte, me provocaría tanto temor…
Me planté a escasos metros de él, deje mis brazos caer a lo largo de mi torso, y espere a que dijera algo, pero, no fue el caso…
Tom se limitaba a observarme…
Hasta que, empezó…
– Tengo que reconocértelo; por lo menos, viniste solo y no escapaste.
– ¿Por qué debería hacerlo?
– ¡Oh! Alguien viene muy confiado esta noche…
– ¿Por qué no terminamos esto de una buena vez? ¡A lo que vinimos!
– Calma, calma, debes aprender a disfrutar el momento, Karl. Verás, es que quiero que sepas algunas cosas, antes de verte partir.
– No me interesa.
– Venga, no seas tan tosco, déjame hablar.
El nivel de sarcasmo que acompañaba sus palabras; sin duda alguna, era más irritante que el de Jared; pues su auto-suficiencia, me sacaba de casillas…
– ¿Qué quieres decirme?
– La verdad.
– ¿Sobre qué?
– Sobre mí.
– ¿Tú?
– Si.
– ¿Y cuál es?
– No soy primo de Blake; de hecho, no nací en Stuttgart; todo lo contrario, crecí en cuna de oro, jamás me falto nada, tuve unos padres amorosos, y fui a las mejores Instituciones; vine a esta ciudad para afianzar mis conocimientos; hasta que tú, decidiste liarte conmigo.
La ira empezó a apoderarse de mí…
¿Qué me está queriendo decir?
¿Fui engañado durante tantos años?
No, no, no…
No era furia, era miedo.
Si Tom se había convertido en lo que era, sin haber nacido en un Infierno como Stuttgart; las consecuencias de este encuentro, serán fatídicas.
¡Va a exterminarme!
– ¿Ya no hablas? ¿Te sorprende? Bueno, a mí también; quien iba a pensar que alguien como Blake, lograría engañarte de esa manera; aunque creo que mi personificación demoníaca ayudo mucho ¿Verdad?
– ¡Ja! No me importa.
– ¿No? ¿Crees que no puedo oler tu temor? Estás a metros de mí, y percibo la esencia que te envuelve ahora; estás aterrorizado, Karl. Y no pienso enfrentarte en condiciones tan deplorables, no eres digno, en estos instantes.
¿Digno de él?
Pero, ¿Hasta cuándo este niñato iba a pisotearme como si fuera un insecto insignificante?
– Por cierto, ¿Ya te diste cuenta de mi alianza con Richelle?
¡Cabrón!
Puto, infeliz.
– La verdad es que, su participación no era muy relevante; yo, sólo quise que ella te traicionara. ¿Lo sientes? ¿Mi odio hacia ti?
Las chispas comenzaban a saltar por todo el lugar…
Él estaba furioso…
Iba a presenciar su verdadero potencial…
– No puedo sentirle, aún es muy débil, tienes mucho que aprender Tom.
– Instrúyeme.
– Sabía que tenías a alguien cercano a mí, en tus filas, incluso, estaba más que seguro que el chico que ahorcaba a Andreas, eras tú.
– ¿Y no me detuviste?
– ¿Podía hacerlo?
– Pudiste intentarlo.
– ¿Habría obtenido algo?
– No.
– ¿Entonces? ¡Es absurdo, Tom! Aunque quisiera y lo intentara con todas mis fuerzas, jamás lograría vencerte en tu mismo juego.
– ¿A qué viene esa actitud de derrota?
– Sé lo que me espera.
– Y viniste…
– Hoy, me voy yo, pero, tú vendrás conmigo.
No me detuve a pensarlo, corrí hacía él, impulsado más que por el horror; por el orgullo que tenía, necesitaba moverme y enfrentarlo; conocer el miedo y superarle, si es que eso era posible.
A escasos centímetros, pare firme y lancé el primer golpe, justo a su mejilla derecha; pero, ni siquiera logré el impacto; la mano de Tom, apretó mi puño con fuerza, y él no se había desplazado ni por un solo segundo; aproveché que una de sus manos estaba ocupada, y lance el otro al costado izquierdo; su cabeza se ladeo y con el agarre que tenía; me empujó hacia atrás.
– Si eso es todo lo que tienes, creo que tome precauciones innecesarias.
Se quitó la gorra, al igual que la chaqueta; sujeto su cabello y se giró hacia mí, incitándome…
Corrí de nuevo, y empecé a enviar golpes en todas las direcciones, trataba de alternar, una que otra patada que lograra por lo menos, impactar contra alguna parte de su cuerpo.
Pero, no lo conseguía.
Tom esquivaba todos y cada uno de mis intentos por someterlo; sus reflejos eran quizás más agudos que los de Jared; y su mente, tan veloz como siempre, se anticipaba a mis movimientos; él no había hecho ni un solo esfuerzo, y era yo quien estaba recibiendo el daño.
Intenté de nuevo, atrape uno de sus manos, y la apreté con la fuerza que pude, pero, él no revelaba gesto alguno que me indicara una mínima muestra de sufrimiento…
Por el contrario, llevo su mano hasta la mía, y sin aplicar demasiada fuerza, se soltó del agarre…
Vi la negación en su rostro, su sonrisa retorcida, se presentó y dijo:
– ¿Acaso tendré que atacarte como si fuera a matarte para obtener algo más decente que esta miseria?
¡Me estaba humillando!
Pero, yo en verdad, lo estaba intentando, sólo, no conseguía darle…
Entonces, sin previo aviso, él provocó la primera vibración…
Empezó a correr hasta mí, y al llegar, sus manos se dispusieron sobre mis hombros, y con el impulso del salto, giro hasta levantar todo su cuerpo y quedar de espaldas a mí; sus brazos no tardaron en apretar mi cuello, sentía que el oxígeno comenzaba a faltarme y se acercó a mí:
– Si lo que quieres es morir de una manera tan deshonrosa, sólo, no te resistas.
¿Deshonrosa?
Eso era lo que menos quería…
No deseaba faltar a la palabra que había evocado ante Black…
Calmé mi respiración…
Relaje mis articulaciones…
Blanquee mi mente y empecé la revancha.
Sujete las manos de Tom, e inclinándome hacia delante, levante su cuerpo para que impactara contra el suelo; sin detenerme, me senté encima de él, y estaba por enviar el primer golpe certero de la noche; cuando sentí como sus piernas se enrollaron en mis caderas y de un sólo movimiento, me tiro hacía un lado; él se levantó de inmediato, yo lo seguí en el acto…
Nuestro enfrentamiento ya había pasado la primera fase, de ensayo y error; ya no pensaba en como derribarlo, sino en el movimiento contiguo, que me abriría una apertura para una posible victoria.
Tom estaba enfocado en mí, su respiración era controlada, pero, mi despertar lo había colocado en estado de alerta…
Cada uno, comenzó a andar en círculos, sin perder vista del otro; nuestros puños se ubicaban en posición de defensa, esperando con paciencia, él que decidiera el primer paso.
Sabia, gracias a mi experiencia, que cada movimiento cuenta, si uno de ellos, se hace en falso, lo que pudo ser una victoria, se transformaría en una tétrica derrota; por eso, no pretendía dar el primer golpe; sin embargo, no tuve que esperar mucho más.
Tom se deslizo hacia mí con una entereza deslumbrante; su pierna, impacto contra la parte derecha de mi torso; provocándome un fuerte dolor en el costado; al agacharme por el golpe, le permitió colocar su rodilla en mi rostro…
La sangre salió de inmediato y mi cuerpo quedó tendido en el suelo…
Por alguna extraña razón, no sentía dolor, quizás era la adrenalina que recorría mi ser, la que cohibía esa sensación. Me coloque de pie, saque mi camisa y me limpie la sangre que emanaba de mi nariz, pero, él no iba a esperar a que me recuperara…
De nuevo, su mano derecha llego hasta mi abdomen; sacándome el aire por completo, y la otra, impacto contra mi mejilla, sus golpes empezaron a caer, al punto que, me di cuenta que me encontraba de nuevo contra el suelo, y sólo escuchaba como rebotaba mi cráneo en la arena…
Una y otra vez, sin descanso, ni tiempo fuera…
Cerré mis ojos, y espere a que descargara su ira…
Porque, desde que inició su contraataque, lo único que podía percibir, era la furia traspirar por los poros de su piel.
Tom, se levantó, abrí mis ojos y me di cuenta de que me observaba con desdén, como si se tratara de un desperdicio…
– No lo vales, en verdad, tú no mereces mí tiempo.
Era cierto, no era un oponente digno, incluso Blake habría sido más apropiado para la tarea, pero, ese no era el caso; lo único que quedaba era yo, y debía cumplir con mi papel.
Dado que se encontraba parado en frente de mí; aproveche para cerrar mis piernas y hacer que perdiera el equilibrio; su cuerpo cayó encima de mí; y apretándolo con fuerza por el cuello, hice que se girara, de manera que su espalda golpeaba contra mi pecho…
Me acerque a su oído y le dije:
– ¿Acaso esto no te trae buenos recuerdos? Justo como el día en que te tome, y te convertí en hombre, Tom.
Mis palabras causaron un efecto catastrófico…
Él se levantó de un solo tirón, aventándome a mí en el aire y dando en contra del suelo, por tercera vez; su rostro estaba contraído en una mueca de molestia…
¡Le había provocado con creces!
Corrió hasta mí, me levanto del suelo con una sola mano, y sin pararse a pensarlo, me lanzó en contra del concreto; sentí el escozor de las heridas causadas por la fricción generada gracias al contacto con el asfalto.
– Tienes razón Karl, gracias a tu salvajismo, me convertí en la bestia que soy hoy; la misma, a la que le temes.
– No te tengo miedo.
– No necesito que lo admitas, la debilidad de tu destreza me lo demuestra.
Me coloqué de pie, sentí que una de mis rodillas falseo un poco; dirigí mi mirada y me di cuenta que, una astilla enorme se clavó en el momento en que caí; Tom, se percató de ello, y no tardo en empujar ese palo con su pie, para que se hundiera aún más…
¡Grite!
No pude evitarlo…
Traspasaba mi carne…
– ¿Te oyes? ¿Lo sientes? El dolor de que te claven algo sin compasión, ¿Te gusta? Dime Karl, ¿Lo disfrutas?
El siguiente movimiento fue imposible predecirlo, saco la astilla de un solo tirón; y la llevo hasta mi hombro derecho; sin compasión, la clavó de nuevo, y sin miramientos…
La sangre brotaba por dos secciones de mi cuerpo…
Comenzaba a sentir la fatiga del enfrentamiento…
No quería recurrir a un truco tan bajo, pero, tenía que; de lo contrario, perecería sin haberle infringido un solo rasguño.
Saqué la navaja del bolsillo, y sin más, le hice un corte a lo largo de su pierna izquierda…
Tome distancia, esperando su reacción…
Él observó su herida, vio la manera en la que su sangre corría, llenando su pantalón de ese líquido tan característico…
Una sonrisa se plasmó en su rostro, y llevando una de sus manos hasta la pierna, se unto de sangre, y llevo su dedo hasta la boca; saboreaba la herida que le había provocado…
– Al menos tuviste el valor de lastimarme, de una manera poco creativa; pero, un rasguño es algo…
¿Rasguño?
Podía apreciar parte de la carne sobresalir de ese «Rasguño» y él no se inmuto…
¿No sentía dolor?
– Ya que te has puesto serio, yo también lo haré.
Se aproximó hacía mí, lento y luego, cada vez más rápido, presencié en cámara lenta, como sus ojos se transformaban en maldad; la manera en la que su cuerpo se movía al compás de su respiración, frente a mí, estaba por primera vez, la verdadera bestia…
Estire mi mano para detener su avance, y por el contrario, el aprovecho para aprisionar mi brazo y apretarlo con su agarre, de manera que, disloco mi hombro…
El dolor palpitaba en mi cuerpo…
Con una rodilla lastimada, y un brazo inhabilitado era poco lo que podía hacer…
Entonces, vislumbre la salida más cobarde del asunto…
Corrí hasta allí, y él me siguió sin dudarlo un segundo…
Tras ese suelo firme, había una enorme caída que mataría a cualquiera de un impacto; lo llevaría al borde y provocaría su caída…
Él se percató de que algo sucedía, y contuvo sus movimientos; se paró y visualizo el terreno, como si no conociera el sector en el que se encontraba; era de esperarse, pues más allá de la Jaula, sólo había un área desolada que no era transitada; sin embargo, Black y yo, siempre solíamos pasar las noches aquí, observando los alrededores…
No le di la espalda ni por un instante, pero, empecé a retroceder para dar con el borde del acantilado…
De repente, mi mirada se dirigió a lo que parecía ser una cuerda…
¿Una cuerda en medio de la nada?
¡DIOS!
¿LO HABÍA PLANEADO?
El miedo se instauró con vehemencia dentro de mí…
Ya no había escapatoria alguna…
Estaba en su trampa…
No existía forma posible en la que pudiese salir bien librado…
¡Increíble!
Lo sabía desde un comienzo, no tenía opciones, a menos no en contra de él…
Cerré mis ojos por un instante, tomé un último aliento y escogí mi elección…
Si iba a partir, por lo menos, que no fuera a mano de uno de sus trucos…
Sentí como mi pie chocó contra aquella delgada línea que me separaba del suelo firme…
Levanté mi mirada, Tom sólo se encontraba expectante…
Y yo, pase saliva con fuerza, antes de pronunciar aquellas palabras que me librarían de la carga que había sostenido por años…
Lo único que me frustraba de morir, era que no podría reunirme con mis padres…
Un alma tan corrupta como la mía, no podría entrar al Cielo en el que ellos se encontraban…
Lo peor, era que mi compañía, sería el alma de mi hermano mayor…
Empecé a reír, me parecía irónica la situación en la que me encontraba; estaba resignado al deceso…
Prefería perecer por mi cuenta…
Fije mi mirada al frente, tome un suspiro más, y le dije:
– En verdad, lamento mucho lo que te hice; ojalá lograras perdonarme. ¡Adiós, Tom!
Y caí…
El viento golpeaba mi espalda con fuerza, como si quisiera sostener mi peso para no dejarme ir…
No me resistí…
Sólo, me quedé allí…
Fui testigo de cómo su cuerpo se alineo contra el borde del abismo, sus ojos estaban fijos en mí; y me percaté de que una de sus manos, fue hasta su pecho, dio tres palmadas y se retiró…
Un símbolo tan nuestro…
Una muestra de complicidad entre colegas…
Una despedida digna de un Rey…
Cerré mis ojos por última vez, y percibí como mí ser entero, se aligero…
No faltaría mucho para que mi cuerpo impactara contra el asfalto…
La muerte estaba por llegar…
Sin embargo, el miedo se disipo de mi ser, pues él…
– Me había perdonado.
Continúa…
Gracias por la visita.