«Reverse III» Fic de Alter Saber
Capítulo 74: Madre
«Muchas maravillas hay en el universo; pero la obra maestra de la creación es el corazón de una madre»
(Bersot)
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Los paisajes de Núremberg me causaban una sensación de nostalgia bastante peculiar; no habían pasado más de dos horas, luego de despedirme de aquella ciudad, y de cierta manera, un tanto irónica, me sentía algo desolado.
Había roto los lazos que me unían a Stuttgart; y esta vez, para siempre. Nada de lo que hubiese intentado en el pasado, habría sido suficiente para contrarrestar los efectos colaterales de la decisión que tome a los 15 años; mi escape, de por sí, fue una movida maestra; no obstante, las consecuencias no fueron tomadas en consideración, y aun cuando desee negarlo, la verdad es que, el secuestro de Bill y los acontecimientos de estos últimos días, fueron provocados por ese primer error.
Aunque, ya no es tiempo para lamentarse por ello; al fin, las cuentas fueron saldadas, no quedan cabos sueltos, y quizás, de una manera un tanto cínica, el escenario de Stuttgart puede variar para bien; tal vez, sólo en esta ocasión, puede que los Barrios Bajos se hayan acabado…
Todo está en sus manos…
Los nuevos dirigentes de la ciudad, eran personas con mucho potencial; no sólo conocían las movidas del lugar, sino que, habían sido testigos de aquellas circunstancias que no tienen por qué repetirse de nuevo; si aprenden de ello; trazar nuevos lineamientos para los habitantes restantes, será una tarea sencilla.
Faltaban tan sólo tres horas para llegar a Frankfurt, y me encontraba sorpresivamente, nervioso; sin temor a equivocarme, puedo creer que todos, sin excepción alguna, piensan que mi muerte fue certera…
La manera en la que se desarrollaron las cosas, no da para otra conclusión…
Sin embargo, y por cosas fortuitas del destino; alguien, que ahora considero un amigo, optó por intervenir en el último instante, y gracias a él es que estoy de camino a reunirme con mis seres amados…
Me sentía pleno y en paz; la tranquilidad que invadía mi ser en esos momentos, no podía ser reemplazada por nada más; sabía que, de aquí en adelante, ninguno de los eventos que se presenten serán tan desastrosos como los vividos estas semanas…
Por eso, sé que, Bill y yo, podremos anteponernos a cualquier circunstancia; sin importar lo que debamos soportar; estamos preparados para disponer todo lo que tenemos, y hacerle frente a lo que sea que obstaculice nuestro camino.
La ansiedad dominaba mis pensamientos en esos instantes; pensaba en la euforia que se generaría en casa, al verme llegar…
Mi padre, Sam, Andy, Rick, Richelle y Bill…
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Me imaginaba en medio de su calidez, y mi corazón saltaba de alegría ante ese retrato tan familiar; sin embargo, una imagen atravesó mi mente como los rayos que suelen colarse entre las ventanas al amanecer…
Esa figura tan delgada y esbelta, sus cabellos dorados y sus inigualables ojos azules…
Tan hermosa…
Simone…
La imagen que residía en el celular de Bill; donde se encontraba Simone; llego a mí de manera repentina…
El sólo pensar en ella, era motivo suficiente para entrar en un estado de armonía total; tenia esta extraña teoría en la que pensaba que había sido Simone quien me permitió diseñar esta estrategia para sacar a Bill con vida de Stuttgart…
Me gustaba pensar que ella era la responsable de mi victoria; como si hubiese intervenido, para protegernos de todo peligro; tal como una madre lo haría…
¿Qué hubiese sucedido si ella estuviese viva?
¿Cómo sería nuestro panorama familiar?
Bill había dicho que ella no nos juzgaría, y que, nos demostraría todo su apoyo, aunque, primero nos daría una fuerte golpiza; no podía evitar reírme ante esa escena…
Ella parecía ser una mujer bastante interesante…
Disipe aquellas memorias de mis pensamientos, pues, mis recuerdos no eran suficientes para traerla de vuelta conmigo…
Tomé mi móvil, al cerciorarme de que iba por Hannover:
– Si esto es una broma, será mejor que se larguen para la mismísima mierda, porque no es gracioso.
– ¿Georg?
La línea se quedó muerta del otro lado…
– ¿T-T-Tom?
– Si.
– ¿Estás de coña?
– No.
– ¡Hombre! No lo puedo creer, yo te vi morir, ¡Oh, Dios!
– Calma.
– Tengo que decirle a Bill.
– ¡NO!
– ¿No?
– No, quiero tener mi entrada triunfal, no arruines mis planes.
– Oye, ¿Si sabes que todo el mundo está sufriendo, verdad?
– Aun así, quiero entrar como el Rey que soy.
– Ahora entiendo por qué Andreas se la pasa diciendo que eres un idiota.
– Jajaja, necesito que me hagas un favor.
– ¿Si, su majestad?
– Cuando lleguen a Frankfurt, sepárate de los demás, y espera por mí en el aeropuerto.
– ¿No recuerdas como llegar a tu casa?
– Georg, llevo más de tres semanas sin comer ni dormir bien, y ahora que sé que todo ha terminado; siento todo el peso de mi sobreesfuerzo, no creo poder dar tres pasos por mi cuenta.
– Ummm…
– Eres un desconsiderado si te niegas.
– Está bien, Gustav y yo, esperaremos por ti.
– Gracias.
– ¿Tengo que permanecer callado?
– Si.
– ¿No crees que eso es algo infantil?
– Déjame ser feliz.
– Como quieras.
– Llego en menos de una hora.
– Entiendo.
Finalice la llamada…
La verdad era que, no había exagerado para nada con respecto a mi condición; no tenía fuerzas ni para levantar los brazos, necesitaba dormir por días para recuperar mi autentica energía…
Aunque, si soy realista, creo que mi estado actual será poco relevante cuando tenga a Bill cerca de mí…
¡No le dejaría escapar!
Podía intentar lo que quisiera, pero, yo no iba a ceder, había pasado un mes desde la última vez en la que lo tome…
¡Teníamos que recuperar el tiempo perdido a como dé lugar!
Sin embargo, el tener el hombro inmovilizado, no era un punto a mi favor; Bill podría huir de mí; pero, si logro atarlo, no tendrá a donde escapar, y yo puedo darle rienda suelta a mi insaciable deseo de poseerle…
La alarma para avisar el arribo a Frankfurt, se activó; como pude, baje de allí, tome mis maletas, y empecé la caminata más despaciosa que alguna vez en la vida emprendí…
Sentí que mis rodillas falsearon por un momento…
Dios, me iba a caer…
No obstante, vi que una mano logró agarrarme en mi intento fallido por morir en el trayecto…
– ¡Estás en los huesos!
– Cállate, Geo.
– Me alegra que estés aquí, Tom.
– No te pongas sentimental.
– Hablo en serio, no sabes la tranquilidad que siento al saber que aquel que hizo todo lo posible por salvar a mí mejor amigo; logró vivir.
– ¿Quieres un beso o qué?
– ¡Muérete!
– Jajaja, ok, ya va, gracias por tu sinceridad.
– Si, si, como sea.
– No te cabrees, espera, ¿Y Gustav?
– Está en frente de ti.
El rubio con una contextura corpulenta, se encontraba ahí de pie, sin decir nada; su rostro estaba contraído en lo que a mi parecer era una mueca de fastidio…
¿Estaría enojado conmigo?
Mi maleta yacía en su mano, y sus ojos sólo me observaban…
Estaba colocándome algo nervioso…
¿Pensaba golpearme o algo así?
Cuando de un momento a otro; sentí que sus brazos me rodeaban, y las lágrimas inundaban mi camisa por completo…
¡No me jodas!
¿Estaba conteniendo las ganas de ponerse a llorar?
– Gus, no inventes.
– Cállate, Geo.
– ¿Puedo saber a qué debo esto?
– Estoy feliz de que estés aquí.
– ¿Eres muy sensible, no?
– Oh, sí, llora por todo, acostúmbrate a eso, Tom.
– En eso, te pareces a Andy.
– Jajajaja, bueno, ambos debemos lidiar con idiotas.
– Tú lo has dicho.
– ¡Váyanse a la mierda los dos!
– Espera Gus, ¿Ya no vas a abrazarme?
– ¡Jodete!
– Y yo que estaba disfrutando de tu afecto.
– Jajajaja, Gus, no te enojes, sólo, dale lo que te pide.
– Púdranse.
Entre risas, caminamos hacia la salida del lugar; tomamos un taxi y nos encaminamos hacia mi casa…
¡Qué bien se sentía decir eso!
Estaría de nuevo junto a ellos, y ahora, nada amenazaría mi estancia, ni la de mi familia…
A mi parecer, el recorrido había sido demasiado rápido; estábamos a escasos metros de mi residencia, y los nervios aumentaban…
Entramos por aquel portón que separaba la propiedad del resto de Frankfurt; nos parqueamos en la recepción, y los latidos fueron en aumento, mi respiración se sentía pesada, y la temperatura corporal llego a niveles desmedidos…
Geo y Gus, me hicieron señas para que ingresara primero…
Comencé a subir los escalones de aquella entrada que me separa de ellos; a cada paso, mi pecho parecía estar a punto de estallar…
Tome la manija de la puerta y la abrí…
Vi el panorama que tenía en frente de mí…
Los cuadros, los muebles, el color, y en sí, la esencia de la casa a la que en realidad no creí regresar; estaban allí, tan intactas e impecables como siempre; una sensación de calidez se instauro en mi ser…
Cuando de repente, escuche pasos provenir del salón…
Sabía quién iba a aparecer ante mí…
Sólo él podría provocar esta burbuja de emociones llenas de colores vibrantes…
Era Bill, de ello, no tenía la menor duda.
Otras pisadas se sumaron a él…
¿Estaban todos reunidos?
Pude percibir, como a uno, fueron apareciendo frente a mí…
Sus rostros estaban demasiado demacrados, tan carentes de vida…
No sabía que decir, pues yo, estaba igual que ellos; conmovido por el reencuentro…
Entonces, opté por mi postura de superioridad y dije:
– Hey, ¿Por qué las caras largas? ¿Acaso se les murió alguien?
Sus miradas se centraron en mí…
Y como si un bálsamo de alivio se hubiese depositado en ellos; aquellas facciones que reflejaban tristeza, se pintaron con sonrisas llenas de una felicidad incomparable…
Los ojos de mi pequeño, estaban inundados por las lágrimas…
¡Tan sublime como siempre!
– Oye, ¿Qué estas esperando? ¡Ven aquí!
Corrió tan rápido como pudo…
Sus brazos me apretaban con mucha fuerza, sentía la aceleración de su ritmo cardíaco; me percaté de que estaba impregnándose de mi aroma, y yo sólo ansiaba saborearlo…
Sin importarme nada…
Tome su rostro en mis manos, limpiando aquel rastro de lágrimas y acerque mis labios a los suyos; los junte en un roce demasiado sutil, como si temiera romperlos; no quería profundizar, sólo, sentirle; no necesitaba nada más que eso…
Me quede observando esas hermosas cuencas de color miel, que me cautivaron desde el primer día en que las vi; tan expresivas y peligrosas, como siempre…
Bese su frente e hice que su cabeza se escondiera en mi pecho, mientras lo abrazaba; su cuerpo estaba temblando…
Quería hacerle saber que era real, que no lo estaba soñando; yo, de verdad, estaba allí con él, justo como se lo había prometido.
Por un instante, mi mirada se desvió hacia el lado derecho; allí, se encontraba mi padre y Sam; ambos, tan impactados de verme, que no parecían reaccionar…
Me acerque al oído de mi pequeño y le dije:
– Pequeño, ¿Te molesta compartirme durante unos minutos con los demás?
– Ummm…
– Prometo que estaré contigo de aquí sin más…
– ¿Si?
– Si, por ahora, deja que los calme un poco.
– Está bien.
Deje un suave beso en sus labios y me acerque a mi padre; él me veía y parecía no estar haciéndolo; su mano toco mi mejilla; de inmediato, sus ojos se inundaron de lágrimas, sus brazos no tardaron en rodearme; me apretaba con tanta fuerza…
¡Lo siento, papá!
Tuviste que soportar tanto…
Pero, ya se ha acabado…
– Mi pequeño…
– Sí, soy yo, papá.
– Tom…
– Aquí estoy.
– Dios…
– Shhh, todo está bien, no pasa nada; regresé contigo, siempre volveré a ti.
– Mi hijo…
Abrí mis ojos y vi a Sam a unos metros de nosotros; su rostro reflejaba el alivio, y al igual que Jörg, sabía que había sufrido mucho; con un gesto de mi mano, le pedí que se acercara, pero él, se negó, entonces, lo llame:
– Sammy, ven, te necesito aquí.
Sus pasos eran dudosos, al parecer, no deseaba interrumpir mi contacto con Jörg; sin embargo, quizás, él pensaba que no merecía estar en medio de nosotros, cuando la realidad era que, debía estar allí…
Le ofrecí mi mano, y él la tomo de inmediato, apoyando su frente en mi dorso, soltando el dolor reprimido de su alma; de un solo tirón, lo hale para poderlo abrazar…
Sus brazos nos acogieron de igual manera; y estuvimos así…
Había sido premiado con dos padres, igual de amorosos…
– Joven Tom.
– Si, Sammy.
– Gracias por volver.
– No les dejaría, jamás.
Los solté por un momento, y sólo asentí en afirmación; sabía que, detrás de mí se encontraba el dúo dinámico, de seguro, ambos estarían llorando…
Quizás…
Al girarme, vi que en efecto, las cosas no son como uno las espera; Andreas, al igual que Rick, tenían esa pose de superioridad…
¡Dios!
Iba a recibir el regaño del siglo…
Me acerque por un momento, y quede de frente…
– Buenas…
– ¿Buenas? ¿Eso es lo único que piensas decir? ¿En serio?
– Si…
– A ver, explícame algo, maldito animal, ¿Sobreviviste y no fuiste capaz de llamar para quitarnos tanto sufrimiento de encima?
– ¿Estabas sufriendo?
– Tuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.
– Andy, respira.
– Eres un infeliz, ¿Cómo puedes preguntarme eso? ¡Claro que estaba sufriendo! Aunque seas un condenado y repudiable ser humano, eres mi mejor amigo, y eso no es algo que pueda cambiar; es más, no deseo hacerlo.
– No sé si sentirme halagado por eso…
– ¿Crees que no sé lo que pensaste? «Voy a llegar de sorpresa porque quiero tener una entrada triunfante»
Me importaba poco la vaga imitación de mi voz en la boca de Andy; lo que me impresionaba es que había descubierto el capricho que tuve…
– No se trata de eso, sólo, no encontré el momento.
– ¿No encontraste el momento para decir que estabas vivo?
– Emmm, Rick.
– Por mí, que te mueras.
– Rick…
– Me tuviste en vela por tantos días, y no eres capaz siquiera de avisar que sobreviviste…
– Bueno, ya, ya, lo siento, se me escapo ese detalle.
– Me vale madres.
– Andreas, no empieces.
– Ve, lánzate de un puente, te odio.
– Sé que no es así.
– Claro que si, rastafari inmundo…
– Ya no tengo rastas.
Ambos inclinaron su rostro…
Estaban tan aliviados que se habían enojado por la tranquilidad de saber que estaba vivo…
Un tanto ilógico ¿No?
Sabía que ellos no darían el paso, así que, los abracé y les dije:
– Estoy en casa.
Rompieron a llorar de inmediato…
Son demasiado sensibles, ¿No lo crees, Jake?
Acaricié sus cabezas para lograr que se calmaran; y observé a Richelle, quien levantó su mano en señal de saludo; yo sólo asentí, susurrándole:
– Gracias…
De repente, vi que Geo y Gus corrían hacia el centro del vestíbulo…
Cuando escuché un nombre que logró provocar que un escalofrió recorriera toda mi columna vertebral…
– ¡SIMONE!
Me separe de Andreas y Rick de inmediato…
Eso no era posible…
¿Por qué habían pronunciado su nombre?
Ella no…
Mi cuerpo perdió fuerza de repente…
Sentí que mi pecho estaba demasiado apretado…
Fui hasta la entrada del gran salón, y allí, en medio, ellos abrazaban a una mujer…
Su estatura era promedio, su piel blanca y tersa, su cabello rubio intenso; junto a un estilo bastante sutil…
Sus ojos se abrieron y me atravesaron por completo…
Eran tan azules…
Ella me observaba y yo, sólo me quede petrificado…
¿Qué broma del destino era esta?
Aquella mujer se separó de ellos y se quedó allí de pie, mirándome con mucho detenimiento…
Una pequeña sonrisa se asomó en su rostro y mi corazón estalló…
¿Era ella?
¿Esto era real?
Vi como sus brazos se estiraron en mi dirección…
Sus manos se abrían y cerraban, como si estuviese invitándome…
Mi mente no procesaba nada, pero, mi ser entero estaba estremecido.
¡No entendía!
– Ven.
Su voz era muy fina y delicada, cargada de un tono suave lleno de dulzura y ternura…
Comencé a dar pequeños pasos en su dirección…
Me posicioné frente a ella, pero, no me atrevía a entrar en aquel espacio que había dispuesto para mí…
Una de sus manos, toco mi mejilla y un fuerte corrientazo recorrió todo mi cuerpo; una sensación tan lejana…
Ya había experimentado el roce de esa mano…
¿De verdad?
– ¿Sabes quién soy, verdad?
¿Era un sueño?
No, no, no…
Es real, estoy aquí, yo…
Mi mano fue hasta su pecho; sentí como su ritmo dio un salto enorme…
Esas palpitaciones que se conectaban con las mías, me hacían estar en paz…
– ¿M-Mamá?
Ella parecía sorprendida pero, sólo asintió…
Mis brazos, comenzaron a rodear su frágil cuerpo, hasta estar envueltos por completo…
Su aroma me era familiar…
Su esencia…
¡ERA ELLA!
– Mamá.
– ¿Si?
– Mamá…
– Dime, cielo.
– M-Mami…
– Aquí estoy, mi pequeño.
Mis rodillas tocaron el suelo, y mi llanto lleno todo el lugar…
No paraba de llamarla…
Una y otra vez…
– Mamá, mamá, mami, tú estás aquí, mami…
– Sí, mi niño.
– Ma…
– Eres perfecto, mi pequeño.
– Mamá…
Mi cuerpo se refugiaba en sus brazos, como si fuese el lugar más seguro del Planeta; me sentía tan pleno, tan afortunado…
¿Cómo no creer en lo divino, si la ha traído a mí?
Incluso, sin merecer una recompensa; había conseguido el regalo más grande que podría pedir…
¡Mi madre estaba viva!
No sé cuánto tiempo estuvimos en la misma posición, pero, en estos instantes no deseaba apartarme de ella; quería sentirla cerca, así, juntos, como debió ser desde un inicio.
– ¿Tom?
– ¿Ummm?
– ¿Quieres platicar conmigo?
– Si…
Nos levantamos del suelo, yo, la tome de la mano y le di un pequeño beso en la mejilla…
Simone sólo sonreía en respuesta…
– Lamento si soy inoportuno, pero, si no es mucha molestia, ¿Podrían darme algo de privacidad con mi m-madre?
– Claro que sí, hijo.
Todos se retiraron de allí, y nosotros tomamos asiento en el sillón; me sentía como un niño pequeño, que se encuentra cautivado por su madre, no sabía si le molestaba mi cercanía, o si le incomodaba mi tacto; pero, quería sentirla así…
– ¿Estás bien?
– Si, dime algo, ¿Te fastidia que…?
– No, cielo, ¿Cómo puedes decir algo como eso, ah? Yo también quiero sentirte cerca de mí.
Una sonrisa se instauro en mi rostro y apreté su mano en respuesta…
Ella me parecía un ser precioso…
– ¿Te sientes nerviosa?
– Un poco, es decir, no sé qué…
– No importa lo que sea, sólo, dilo.
– ¿Andreas está enamorado de ti?
Bien.
Eso sí que no me lo esperaba…
Fue inevitable no romper en carcajadas…
Ella me imito en el proceso y la tensión del momento se disipo…
– Pero, ¿Qué dices? ¡Claro que no!
– Lo sé, sólo quería romper el hielo.
– Jajajaja, No hay tal cosa entre tú y yo.
– ¿No lo hay?
– No, mamá.
– Mi cielo…
– ¿Si?
– ¿Es verdad que obligaste a Bill a tener relaciones?
– ¿QUÉ?
Pegué un salto de inmediato de aquel enorme sillón…
Pero, ¿Qué le habían dicho a esta mujer?
No, esperen…
¿Ya lo sabe?
¡Dios! Va a matarme…
– Necesito que me digas la verdad.
– Por supuesto que no, ¡Jamás!
– Entonces, ¿Si se acostaron?
– Ummm…
– Dime, ¿En serio eso se siente bien?
Ok.
Eso tampoco lo vi venir…
¿Era curiosidad o pretendía matarme de un infarto?
– No responderé a eso.
– ¡Que aburrido! Bill tampoco quiso decirme…
– ¿Se lo preguntaste?
– Claro, me da curiosidad.
Puede que su apariencia fuera la de una mujer adulta, pero, no había rastro de madurez en ella…
¡Era como una niña!
Tome asiento de nuevo a su lado…
– Ma.
– ¿Si?
– ¿Qué piensas de eso?
– ¿Eso? Oh, sobre su relación…
– Si…
– Depende.
– ¿De qué?
– Si fuiste tú quien lo inicio, primero te golpearía y luego, te daría a conocer mi opinión.
– Aunque no lo puedas creer, fue Bill quien me sedujo y bueno, yo…
– ¿Cediste a tus deseos?
– ¡Exacto!
– Igual voy a golpearte.
– ¿Qué? ¿Por qué?
– Sé que fuiste tú quien lo llevo a eso.
– Ok, si fui yo.
– Corre.
– ¿Cómo?
– Si te alcanzo no respondo.
¡NO ME JODAS!
¿Es en serio?
¿Otra Andy en mi vida?
Mi madre se levantó de su asiento y su mirada en efecto me confirmo que si no me apuraba, iba a golpearme…
No me pare a pensarlo.
Salí disparado del salón, corrí hacia la entrada y baje los escalones; no podía parar de reír…
¿A mis 19 años huyendo de una golpiza de mi madre?
La veía correr y para ser alguien de contextura tan delicada; sí que era veloz…
De repente, se detuvo y vi como su rostro se inclinó hacia delante…
¿Se habría mareado?
Fui hasta donde ella, y la ayude a levantarse…
– ¿Te encuentras bien, mamá?
– Yo…
– ¿Te sientes mareada o algo? ¿Te llevo de regreso?
– No…
¡Era astuta como el demonio!
Aprovecho mi angustia para golpearme en el abdomen…
Tenía que admitir que poseía algo de fuerza…
Me incliné y ella en una pose de supremacía dijo:
– Eso, por idiota.
– Increíble, llevas años sin verme, ¿Y sólo piensas en maltratarme?
– ¡Que exagerado! Fue un golpe lleno de cariño.
– Si, si, lo que digas, tramposa.
– ¿Cómo me dijiste?
– T-R-A-M-P-O-S-A.
– A mí no me deletrees las palabras, Jovencito. Entendí a la perfección, eh.
– Entonces, ¿Por qué preguntaste?
– Era tu oportunidad para redimirte.
– Es la verdad, admítelo.
– No, no es cierto.
– Fingiste sentirte mal…
– No tengo la culpa de que seas alguien compasivo…
– Eres mi mamá, claro que me angustiaría.
– Deberías decir: Eres la mejor mamá del mundo, por eso, me angustio.
Sus brazos estaban agitándose en el aire como si quisiera realzar aquellas palabras…
¡Dios Santo!
Era en verdad, como una niña pequeña…
De razón Bill no tiene problemas como mi personalidad tan infantil…
– No lo diré.
– Pues, no lo hagas, igual, yo sé que es así.
Ok.
Me estaba empezando a asustar nuestro parecido…
– Mami.
– ¿Te rendirás?
– Jajajaja, si, si, Tú ganas.
– ¡Eso! ¡Así es que se habla! Debes darme la razón siempre.
– Hey.
– ¿Ummm?
– Te amo.
Su rostro se tornó juguetón y ella corrió a abrazarme…
Me sentía tan identificado con cada una de sus facetas…
Era un huracán de emociones, ahora entendía porque había dominado a mi padre…
¡Era excepcional!
– Y yo a ti, mi pequeño.
– Eres más linda cuando no muestras tu lado asesino.
– Pero, ¿Qué dices? Mi carácter es el mayor de mis encantos.
– Jajaja, eso, sólo lo crees tú, eh.
– Tú padre también.
– Porque está obligado a creerlo.
– ¿Quieres otro golpe o qué?
– No, déjame así, no me encuentro en condiciones…
– ¡Dios! Es verdad, lo siento, se me olvido que vienes más muerto que vivo.
– ¿Y apenas te das cuenta?
– Soy algo despistada.
– Sí, eso veo.
– Sólo un poco.
Mamá me ayudo a caminar hasta la entrada, y allí, me esperaba Bill…
– Cielo, lleva a tu hermano a su cuarto.
– Simone, dime que no lo golpeaste.
– Emmm…
– ¡Mamá!
– Lo siento, pero, se me paso que estaba algo delicado.
– ¡Dios!
– Tom, dile a tu hermano que no me regañe.
¡Esto era para morir de la risa!
¿Qué era esta escena tan fuera de lugar?
– Pequeño, ella no tuvo la culpa.
– ¿Ves? Deberías creerle a Tom.
– Si, si, lo que digas, Señorita.
Bill la trataba como si fuera una pequeña…
Qué relación más dispareja…
– Simone, ¿Me acompañas?
– ¿A dónde?
– Quiero que veas los jardines.
– Oh, está bien.
– Ustedes dos, vayan a descansar.
– Sí, señor.
Bill me sujeto y me ayudo a subir las escaleras…
Llegamos a la tercera planta y nos dirigimos a mi cuarto…
– ¿Quieres recostarte en la cama?
– Bill, es verdad que no lo hacemos desde hace rato, pero, ten un poco de consideración.
– ¿Disculpa?
– No soy una maquina sexual.
– El único que está pensando idioteces en este momento, a pesar de encontrarse herido, eres tú.
– ¿Cómo ves que no?
– ¿No?
– No, de hecho, quiero tomar una ducha.
– Pues, ve.
– Oye, ¿Qué no me ves el hombro vendado? No puedo quitarme la ropa yo solo…
Y entonces, esas mejillas que parecían estar pálidas; se colorearon de ese rosa seductor que me recordaba la inocencia de mi pequeño…
Me acerque a él, y obligándolo a chocar contra la pared, susurre:
– Báñame.
Su mirada permanecía inclinada; sus ojos no estaban observándome, pero, él llevo su mano hasta la mía, y me guió hasta el baño…
Cerro la puerta y dejo llenar la tina…
Su rostro no se atrevía a verme…
¡Estaba muy nervioso como para hacerlo!
Sus manos fueron hasta mi camisa, y con suma delicadeza, fueron removiéndola de su lugar…
Dejo mi torso expuesto, y desabrocho mi cinturón para que mis pantalones cayeran junto a él…
– Listo.
– ¿Listo?
– Si, ya te desvestí, ahora, métete en la bañera.
– Aun te falta algo.
– No, no me falta nada.
– ¿Y mis boxers que?
– Puedes quitártelos por ti mismo.
– Es cierto, puedo hacerlo, pero, quiero que seas tú quien lo haga.
– No lo haré.
– No es una pregunta.
– Tampoco lo considero una orden.
¿Había escuchado bien?
¿Estaba retándome?
¿Qué carajos paso?
No sabía que contestarle, cuando de repente, escuche una pequeña risa venir de él…
Así que, de eso se trataba…
Estaba provocándome…
Iba a refutarle, cuando vi, como empezó a desprenderse de toda su ropa…
Trague saliva con fuerza…
No podía negar que estaba sumamente excitado por la cercanía que tenía con él…
Bill dejo sus boxers y se arrodillo frente de mí…
¡No puede ser!
Sus labios comenzaron a dejar pequeños besos en mi abdomen bajo y yo sentía como algo empezaba a tomar un tamaño bastante considerable…
Sin aviso, él bajo mis boxers, exponiendo mi hombría ante sus ojos, y antes de proceder; lamió la punta de mi miembro sosteniendo la mirada…
¡Estaba desatado!
No lo medito mucho, y tomo todo mi sexo en su boca; no tardo ni un segundo en dedicarse a la labor de brindarme placer; su lengua se movía con mucha agilidad, y yo, no podía pensar con mucha claridad…
– ¡Ahhh! Bill…
Su mano viajo hasta mi miembro, y mientras me masturbaba con una velocidad remarcable; su lengua se dedicaba a juguetear con la punta de mi hombría…
¡Iba a perder el conocimiento!
Sin embargo, no permitiría que él me hiciera terminar…
Tome su cabello y lo obligué a separarse de mi ingle; con mi mano derecha, arranque sus boxers…
Presencié la dureza de Bill y mi mente se llenó de imágenes demasiado lujuriosas; incrementando mi deseo al máximo.
Estampe su pecho contra la pared, e hice que sus piernas se separaran un poco más…
– ¿Tom?
– Shhh, tranquilo.
– No pensaras…
– Lo siento, pero, tendrás que soportarlo.
– ¿Qué? No, no, no, Tom, hace mucho que…
Lleve mis dedos hasta su entrada, no tenía tiempo para pequeñas caricias; estaba carbonizándome de las ganas que poseía de sentirlo hasta lo más profundo de su ser…
Quería quebrarlo…
– Tom, espera.
– No.
– Por favor.
– Dije que: No.
– Me va a doler.
– Aguántalo, no puedo más, te necesito.
Deje de mover mis dedos y abrí espacio para mi…
Con mucho cuidado, comencé a ingresar a esa cavidad que tanta locura había desatado en mí, en repetidas ocasiones…
Bill estaba mejor que nunca…
Su calidez me abrazaba con una fuerza tremenda, y yo sentía que podía correrme de puro gusto…
– Ohhh…
Mi intención inicial era esperar a que se acostumbrara de nuevo a la sensación de tenerme; pero, las descargas que llegaban a mí, me lo impidieron.
Sin más, comencé a embestirlo a un ritmo constante…
Cada vez, más rápido y más profundo…
Escuchaba como sus gemidos salían y quedaban suspendidos en el aire…
– T-Tom…
– ¿Qué quieres?
– Ahhh…
– Sabes que, si no lo dices, no puedo hacerlo.
– Te quiero más a fondo.
– Como órdenes.
Tomé una de sus piernas, y la levanté para poder adentrarme con más profundidad; ante mi fuerte sacudida, Bill grito de una manera tan sensual, que me fue imposible detenerme…
Lo estaba clavando contra la pared, pero, no podía parar…
– Tom, Tom…
– Dime que te gusta…dime que me extrañaste…
– Ahhh…
– Dilo, amor.
– ¡Tom!
Mis embestidas estaban descontroladas, y nuestras respiraciones estaban demasiado agitadas…
Aprisione sus labios y los reclame como míos.
Mi lengua viajo alrededor de su boca y cubrió cada pequeño espacio que tenía por ofrecerme…
Mordía sus labios y lo incitaba…
– Aun no te escucho, Bill.
– Ya, por favor…
– No hasta que cumplas con lo que te he pedido.
Hice que mi lengua recorriera su cuello y mordiera su oreja…
– ¡Ohhh! ¡Joder!
– Dilo, Bill.
Mi ritmo estaba a tope, sabía que él estaba por llegar; entonces, lleve mi mano hasta la punta de su miembro y lo apreté con fuerza…
– ¿Q-Que haces? Yo quiero…
– No te dejare venir, hasta que lo digas.
– No, déjame.
– Tú veras.
Su mano fue hasta la mía, intentando zafarse de mi agarre, pero aún le faltaba mucho para ganarme…
– Te escucho, precioso.
Bill, comenzó a bajar el ritmo de sus respiraciones…
No entendía que estaba por hacer, pero, no estaba preparado…
Sus manos se apoyaron en la pared, y sin vergüenza alguna, sus caderas comenzaron a moverse sobre mi miembro…
¿Estaba penetrándose a sí mismo?
¡Por Zeus!
Veía la manera en la que se movía y no pude evitar romper en gemidos…
– Bill, como un demonio…
– Ahhh, Tom…
Lleve mis manos hasta sus caderas, y le impedí apartarse de mi…
Ahora, me tocaba a mí.
Comencé a moverme con más agresividad, no podía pensar en nada claro…
Bill clavaba sus uñas en mis manos y yo sólo sentía esa electrizante sensación de ser uno con él…
– No puedo…
– Yo tampoco…
– Tom…
Mi ritmo se aloco, y juntos, llegamos hasta allí: El clímax de nuestro descontrol.
Sumidos en esa embriagante atmósfera de pasión…
En aquel cielo que sólo se revelaba ante nosotros…
– ¿Estás bien?
– Si…
– Yo no.
De repente, perdí el equilibrio…
Aun no estaba para la labor, pero, no me arrepentía en lo absoluto…
– Eso te pasa por dártelas de macho alfa.
– Soy un macho alfa.
– Si, si, como digas, ven aquí.
Bill me levanto de allí y me ayudo a sumergirme en la tina…
Me senté y me quede observándolo…
– ¿Sucede algo?
– Ven aquí.
– ¿Aquí?
– Si, acompáñame.
– Yo, ya me bañe.
– ¿Por favor?
Hice un ligero puchero para persuadirlo…
Él no demoro en complacerme; mi pequeño se sentó entre mis piernas, y yo lo abrace de inmediato, pegándolo a mi pecho.
Repartía besos por toda la piel que tenía expuesta…
Bill sólo se quedaba allí quieto, disfrutando de mis caricias…
– ¿Me extrañaste?
– No.
– ¿Por qué estás siendo tan frío conmigo?
– Porque Andreas tiene razón.
– ¿Sobre qué?
– Pudiste avisarme, Tom.
– Oh, eso. Quería sorprenderte.
– Jum.
– ¿No lo hice?
– Ummm…
– Yo sé que sí.
– Pues, no estés tan convencido.
– Te pusiste a llorar, no puedes negarlo.
– No llore.
– Claro que sí.
– Te lo estas imaginando.
– No querías que fuera a consolar a los demás.
– Eso sí es verdad.
– ¿Lo admites?
– Claro.
– Eres un celoso, no quieres compartirme.
– Es cierto, no quiero.
– ¿Ah, no?
– No.
– ¿Puedo saber el por qué?
– Porque eres mío, Tom.
Continúa…
Gracias por la visita.