INCUBUS 2

INCUBUS”

Capítulo 2

En otro lugar, cerca de la media noche, Tom arreglaba sus trenzas frente a su gran espejo y se saboreaba los labios por el gran banquete que se daría con la preciosa pelinegra de “Sweet Land”. Una vez estuvo satisfecho con su apariencia, apagó las luces y se hizo uno con las sombras. Siguió el aroma de la muchacha y llegó hasta su departamento. Se materializó y caminó hacia su habitación…

Abrió con cuidado la puerta y miró al bulto que yacía sobre la cama. Un gruñido le llamó la atención y enseguida volteó hacia su procedencia.

¡Duerme ahora! —Mandó rudamente al animalito que se erizaba sobre el escritorio.

Miiiaaauuuu —Rugió una última vez y sucumbió al mandato endemoniado del Incubus.

Mucho mejor… no me agradan las interrupciones, ni los voyeristas. Y tú también, cariño, duerme y no despiertes hasta que hayamos terminado, todo será un sueño para ti —expresó el trenzado, volteando nuevamente su mirada hacia la forma de la cama—. Hola, hermosa —Movió un mechón de pelo que le impedía la vista completa de aquel rostro de porcelana—. ¿Sabes quién ha llegado? —Se acercó a ella, para que pudiera sentir su esencia.

Toooom —Gimió la pelinegra e instintivamente estiró los brazos para atrapar a ese Tom que olía tan bien a sus sentidos.

Me reconociste, preciosa —Aceptó el abrazo, pero su aroma virginal le tenía tan prendido que no quería desperdiciar más tiempo hablando, después de todo él no era un sentimental. Se separó de ella y retiró las sábanas—. Hace calor, ¿por qué te cubres tanto? —interrogó sin obtener respuesta. Se sentó al lado de la chica y examinó su pijama— Vaya preciosa, no tienes pechos… ¿será esa la causa por la que sigues virgen? —Sonrió maliciosamente—. Que bueno por mí, no me interesarían unos senos planos, con tal de probar tu carne virginal —Se lamió los labios en anticipación y comenzó a desabrochar uno a uno los botones, hasta encontrarse con dos pezones completamente planos—. ¡Qué carajo! —exclamó y luego bajó su mano hasta el miembro de “la chica”—. ¡Eres hombre! —Se puso de pie y miró a su alrededor, deteniéndose en un colgador sobre el escritorio donde yacía su uniforme con el nombre bordado en la camisa—. BILL —Pronunció.

Toooom —Gimió el chico en la cama y el Incubus volteó hacia él.

Vaya sorpresa… nuestra criaturita virginal resultó ser un chico… y que guapo —Se acercó y aspiró el embriagador aroma del moreno.

Tooooom —Gemía el chico buscando contacto, estirando su cuerpo, cual felino sobre la cama.

Pese a todo lo virginal… me deseas, ¿verdad? Pero es sólo por mi poder, precioso. Sin embargo, no vamos a desaprovechar eso, ¿cierto? Comencemos…

Terminó de quitarle el pijama a Bill, dejándolo completamente desnudo y a su merced. Él mismo se despojó también de sus vestimentas, quedando sólo en bóxer. Regresó al lado del pelinegro y pasó su mano izquierda por el hombro de Bill, haciendo que éste se estremeciera notoriamente, eso le fascinó. Luego llevó su pulgar a los carnosos labios del moreno y los acarició.

Creo que debo probar esta delicia —Silenciosamente Bill obedeció, separando un poco sus labios para ser devorados por el Incubus.

Tom profanaba su boca con deseo, recorriéndola con su lengua por cada rincón, deteniéndose a jugar con la pequeña bolita metálica que le sorprendió allí. Sin que el demonio pudiera evitarlo, Bill decidió cooperar y enredó sus brazos alrededor de su cuello, profundizando más aquel salvaje beso. Cada vez que necesitaban aire, se separaban un corto momento para volver a mezclarse en otra batalla húmeda y agitada.

Tooom —Volvió a gemir en el beso el pelinegro y se movió con tal fuerza que arrastró a Tom sobre él.

Bebé, tienes más fuerza de la que me hubiera imaginado —Se acomodó entre las piernas del chico y se frotó con fuerzas sobre sus doloridas erecciones, sin soltar aquella boca que le estaba enloqueciendo—. Wow con lo virginal que eres… besas de maravilla, chiquillo —Atacó su boca y luego bajó por su níveo cuello, mordiendo y lamiendo, desesperando al pelinegro bajo su cuerpo, siguió succionando hasta que llegó a sus rosados pezones—. ¿Y qué hago aquí? No me gustan los chicos… no te ofendas… tú eres… especial y único… ¿qué tal esto? —Con suavidad lamió uno de ellos.

Aaahhh –El gran suspiró del moreno le alentó a seguir así.

Te gusta, ¿eh? —Volvió a intentarlo con mayor intensidad y un poco de saña. La espalda de Bill se arqueaba de puro placer—. Suficiente… —Besó su delgado estómago y jugueteó con su ombligo—. Mira qué lindo tatuaje —Y pasó su lengua por allí también y quedó de frente al miembro de Bill, erguido y orgulloso—. ¡No! Ni lo pienses, en ese caso… mejor cambiamos.

Se quitó su bóxer que ya le estaban incomodando y se puso de rodillas sobre el rostro del pelinegro.

Usa tu virginal boquita, precioso —Y esperó a que su orden fuera acatada. Bill apretó sus labios en torno al enorme pedazo de carne y succionó, como si la vida se le fuera en ello. No tenía experiencia, era evidente, pero eso era lo que más le gustaba al Incubus—. Ya basta pequeño.

Mmm —Gimió extasiado el moreno.

No querrás que me agote antes de hacerte mío, ¿cierto? —Se separó del chico y se posicionó nuevamente entre sus piernas. Sabía que poseer a un hombre era diferente, y aunque le hubiera gustado destrozar aquel delicioso y virginal trasero, prefirió contenerse y no dejar marcas demasiado visibles.

Mmm —Gimió fuertemente Bill al sentir los dedos en su entrada, preparándolo, para la futura intrusión.

Buen chico, gime alto para papi Tom —Le mandó el demonio.

Toooomiiiii —jadeó el pelinegro, haciendo que el trenzado abriera los ojos, ninguna de sus víctimas le hablaba tiernamente, mientras eran folladas, tal vez era porque se estaba portando diferente con este chico.

A las mujeres simplemente las penetraba duramente haciéndolas sangrar y las embestía hasta que quedaba lo suficientemente satisfecho, pero con Bill…, con Bill era diferente, aunque estaba desesperado por entrar en él, no quería marcarlo… aún. Quería hacerlo disfrutar con él, quería escucharlo gemir su nombre.

Bien, bebé, dilo. ¡Con fuerza!

¡Tomi, Tomi, Tomi! —Gritaba el moreno moviéndose contra los dedos, ansioso y desesperado por algo más grande.

Muy bien, bebé… —Sacó con cuidado sus dedos y sonrió ante el sonido de protesta de Bill, se ubicó bien entre sus piernas y ayudándose con su mano puso su duro y palpitante pene en la entrada del pelinegro, entrando despacio, casi conteniendo la respiración—. Dios… estás tan apretado… —Entró por completo y espero hasta sentir que Bill se movía contra él.

Tooooomiiii —Gimió el moreno, dándole la pista al demonio, quien comenzó a moverse fuertemente contra él.

Aaagggrrrr delicioso. Simplemente incomparable… —Se movía con rapidez, pero el chico no parecía adolorido, sino que estaba sumido en un placer absolutamente increíble.

Tomi, Tomi, más, más, más —repetía descontrolado el moreno, cosa que agradó sobremanera al demonio, quien sólo recibía llantos y súplicas de sus víctimas, sin duda Bill era distinto, era especial, era único.

Vamos, chico, acabemos juntos —Tomó el rosado miembro de Bill en sus manos y lo acarició a la misma velocidad de las embestidas… hasta que el pelinegro alcanzó su primer orgasmo y apretó tan fuerte su cuerpo, que Tom vio estrellas también.

¡Aaahhh! —Fue el grito del chico, que ya no era virgen.

Dios…Bill eres excelente… —Se acostó al lado del muchacho y éste sin siquiera pensarlo le abrazó con fuerza.

Tomi… gracias… —Le dijo y se durmió con una tierna sonrisa dibujada en sus rosados labios.

Gracias a ti, precioso… ha sido una experiencia… diferente… —Se quedó allí junto al chico por horas, deleitándose en los bellos rasgos de su rostro, acariciando su suave y sedoso cabello, besando de vez en cuando sus labios y hablándole de tonterías.

Cuando sintió que el amanecer llegaría, se movió con cuidado de no despertar a su chico especial, y lo limpió de todo rastro de sexo.

¿Sabes que podría embarazarte, aun siendo un hombre? Claro que no tienes idea… Soy un demonio después de todo… pero no te preocupes, soy responsable —Sonrió de lado y terminó de limpiar el semen y la sangre de su delgado cuerpo.

Cuando estuvo completamente listo, despertó al gato, quien le volvió a rugir y chasqueando los dedos, se fusionó con las sombras y regresó a su departamento, completamente saciado y contento.

&

El despertador le sorprendió y se sentó en la cama, fue entonces que notó la extraña punzada de dolor en su trasero…

¿Qué raro? Si todo fue un sueño… y que sueño… Tomi —Suspiró el pelinegro, levantándose para darse una ducha. Allí se examinó con detenimiento y no había nada—. Fue un sueño, Bill, y ya deja de pensar en él o te vas a masturbar aquí mismo jejeje —Se dijo medio bromeando, medio en serio, sabía que no lo haría… pero si esta noche tenía otro sueño como ese… no necesitaría masturbarse.

Tras un ligero desayuno, partió a su trabajo con el deseo en su corazón de volver a ver a su apuesto Tomi.

&

En su departamento, Tom miraba los canales de videos musicales, disfrutando de los cuerpos femeninos bailando al son sensual.

¡Vaya perras! —decía riendo—. No sería divertido follarlas, están muy abiertas… no se compararían a Bill —Suspiró y soltó una carcajada—. Bill, Bill, Bill —Volvió a suspirar—. Has saciado mi apetito, como por dos semanas, te lo aseguro, pero eso no quita las ganas desesperantes que tengo de verte —susurró aún riendo—. ¿Pero qué demonios estoy diciendo? Yo no repito, la virgen es virgen sólo una vez y tú precioso Bill, ya no lo eres —Apretó el control remoto y cambió los canales, sin ver nada en especial, pensando en sus propias palabras y en la hermosa sonrisa del pelinegro—. Qué demonios… me aburro sin tener que cazar…

Sin siquiera pensarlo, tomó las llaves de su auto y manejó hasta “Sweet Land”.

&

Al entrar vio que había un caos. Ni Georg, ni Gustav estaban a la vista y el pobre Bill corría de un lugar a otro.

Veo que necesitas ayuda —comentó al acercarse al mesón.

Tengo que tomar las órdenes y atender la caja y preparar el Cappuccino especial —dijo sin poder evitar, mostrarle la mejor de las sonrisas al trenzado.

Ve por las órdenes, yo me quedo en la caja —Se ofreció de inmediato el demonio, sonriéndole de vuelta.

Ponte esto —Le pasó un delantal que tenía bajo el mesón.

Mmm ok —Lo cogió y se lo puso… se sentía incómodo, pero de inmediato las chicas comenzaron a acercarse al mesón.

Hola, queremos algo rico —comentó una, coquetamente.

Aparte de mí, hay varios dulces ricos que podrían consumir, lindas —Coqueteó de vuelta.

Jajaja —Reían alborotadas. Bill miraba con curiosidad desde su puesto y suponía que todo se debía a ese hombre tan guapo.

Bueno, chicas, decídanse… si piden mucho recibirán un beso de regalo —Soltó de repente encantado con la atención recibida, sobre todo porque podía sentir la insistente mirada del pelinegro y su aroma, aunque ya no era virginal, seguía penetrando en su cerebro de forma potente.

Yo quiero… —Y comenzó a enumerar una de ellas.

La que pida más se lleva el beso chicas, vamos… ¿quién da más? —Jugaba con el piercing de su labio, volviendo locas a las mujeres presentes.

Entonces yo pediré… —Siguió una rubia, aumentando su pedido en varios dólares.

Y tú preciosa… ¿qué pedirás? —Preguntó Tom a la última chica, la que parecía más tímida y que desprendía un olor virginal bastante interesante… pero él ya no estaba interesado, había comido bastante.

Yo pediré lo de Ana y Teresa juntas —afirmó con una sonrisa.

¿Ambos pedidos? ¿Estás segura? —preguntó con una voz sexy, ella asintió y entonces él comenzó a hacer las facturas. Era bastante dinero—. Bueno chicas, esperen a que Bill les lleve los pedidos.

Gracias, guapo.

Soy Tom —Las chicas se iban, excepto la más tímida.

Tom… mi… beso… —pidió, roja hasta las orejas.

Sí, es cierto —Salió del mostrador, se acercó a ella—. Cierra los ojos —Ella lo hizo y él depositó un beso en la comisura de sus labios. Ella sonrió satisfecha y Tom volvió a su lugar.

¡¿Qué ha sido eso?! —preguntó indignado Bill, acercándose al Incubus.

Una pequeña promoción, Bill, nada importante —respondió, mirándole con picardía. Bill estaba celoso y él lo estaba disfrutando.

La besaste, Tom. ¿Acaso besas a cualquiera? —interrogó, poniéndose a su lado.

No… sólo a personas especiales… y ella… —La mirada de Bill bajó y su expresión cambió a la más amarga de las tristezas—. Ella compró mucho, pequeño…mira —Lo rodeó con sus brazos y lo acercó a la caja, era cierto, Bill lo miró con asombro.

No tienes que hacer esto, ¿sabes? —Le dijo sonrojado.

Quiero ayudarte… es más… quiero trabajar aquí —dijo completamente seguro.

Yo… yo… claro… necesitamos un ayudante —Sonrió sin poder evitarlo y nuevamente sus miradas se conectaron, haciendo que sus corazones latieran de prisa. ¿Qué significaba esto?

& Continuará &

Será genial que el Incubus trabaje con los humanos… pero ¿Qué problemas le traerá a Bill? Y Tom… ¿Podrá refrenar su apetito sexual? Todo esto y más en el siguiente capítulo. Y no olviden hacerme feliz con un comentario.

Escritora del fandom

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