Intelectual 11: Familia

Intelectual” Fic de MizukyChan

Capítulo 11: Familia

Llevaban más de un mes viviendo juntos, Tom seguía al pie de la letra el horario que William le había dado y ya había obtenido resultados gracias a ello. Sus notas, si bien no eran sobresalientes, era mucho mejores que los años anteriores y además, los maestros tenían mayor consideración con él, al ver que su cambio era en serio.

Trumper por su parte, había logrado concretar una inversión muy importante para la empresa de su padre, otorgándole miles de dólares de ganancia.

Cuando Jorg llamó a su hijo para pedirle ideas sobre cómo compensar a Trumper por el éxito del negocio, Tom le dijo que ofreciera una fiesta en su honor, pero William ya había rechazado la idea, diciendo que sólo hacía su trabajo y que no era necesario darle nada más aparte de sus honorarios.

Finalmente, Tom pensó que lo mejor era preguntar a alguien que conocía mejor las necesidades de Will, así que llamó a Alice, quien sugirió dejar un bono en una cuenta personal que Trumper tenía para adquirir una vivienda propia.

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Aaaahhh —Tom suspiró sonoramente, sentado en el sofá.

¿Qué ha sido eso? —preguntó Trumper, mirando con atención la expresión relajada de su compañero cuando entraba a la sala.

Aaahh, la vida es hermosa, Will —respondió el castaño, palmeando el sofá a su lado, para que el rubio se sentara con él—. Todo es perfecto, todo está bien.

William frunció el ceño y negó con la cabeza—. Por favor, no digas eso.

¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Tom confundido.

Está científicamente comprobado que cada vez que una persona hace una afirmación similar, sucede algo completamente opuesto, arruinando su vida —contestó el rubio, bajando la mirada.

Tom arrugó el ceño y le dio una palmadita en el hombro—. No seas aguafiestas.

No se trata de eso, Tom. No soy supersticioso —se defendió el rubio—. Sólo repito información comprobada. Es como los dichos o refranes, ¿sabes? —agregó, girando la cabeza para verlo a los ojos—. Si alguien dice ¿qué podría ser peor? BAM, justo pasa algo peor.

Ya me estás asustando.

Exactamente en esos instantes el teléfono de Tom comenzó a sonar en la mesita de centro, captando la atención de ambos al notar que la pantalla decía “número desconocido”. El barbudo estiró una mano para responder, pero William lo detuvo.

No contestes —pidió, sonando extrañamente serio—. No sabes quién es.

Cuando el celular dejó de moverse en la mesita, el ruido del timbre los hizo saltar a ambos.

¡Mierda! —gruñó Tom, pero de todos modos se puso de pie.

Trumper lo siguió de cerca y se quedó junto a él cuando abrió la puerta.

¡Tío Tom! —una voz infantil los obligó a bajar la mirada y Tom tuvo que sujetarse de la pared para no hacer al ser abrazado por la cintura.

Phillip, que gusto —respondió, agachándose para abrazar a su sobrino de ocho años.

Cuando Tom giró el rostro, sonrió al ver la expresión de pánico en la cara de William, quien se veía más aterrado por el niño que por un asesino en serie. Es más, parecía que esperaba a un asesino.

Dios, Will, ¿a quién esperabas? ¿A Jack el destripador? —bromeó, levantándose.

Trumper no despegó la vista del niño, pero respondió—. Más bien a una horda de zombies.

¿Estuviste jugando Resident Evil? —indagó Tom alzando una ceja.

No —respondió el rubio, bajando la mirada—, por una extraña razón, no puedo jugar ese juego. Los zombies me perturban.

¿Entonces?

Vi a un YouTuber.

Tom no alcanzó a responder cuando una voz familiar se oyó en el corredor.

Chiquillo malcriado.

El barbudo bajó la mirada ante la expresión traviesa del niño—. ¿Qué hiciste, Phillip?

Tomé primero el ascensor —contestó el pequeño, alzando la vista.

Hey, Jenny, qué gusto verte —saludó Tom, moviéndose apenas por el peso de su sobrino favorito pegado a su cintura.

Después de presentar a todos adecuadamente, la mujer explicó a Tom que era el cumpleaños del jefe de su esposo y que tenían planes, pero que la niñera se había enfermado, cancelando a último momento, siendo imposible conseguir otra en tan poco tiempo.

No confío en nadie más, así que tendrás que cuidarlos tú —finalizó.

Los ojos de William y Tom se abrieron grandemente, mientras el pequeño Phillip sonreía encantado.

¿Por qué no los dejas con papá? —preguntó de pronto el barbudo—. Es viernes, después de todo.

Está de viaje —respondió le mujer, mirando la hora en su teléfono—. Bueno, debo irme, el vuelo sale en una hora. Toma, aquí están las llaves de la casa, ahí encontrarás de todo. Sólo será hasta mañana.

Sin decir más, la mujer tomó su cartera, dio un beso en la frente a Phillip y a su bebé que dormía plácidamente en su sillita, y caminó hasta la puerta, dejando a un Tom muy confundido, parpadeando repetidas veces.

Cuando Jenny llegó a la puerta gritó—. Tendrás que compartir cuarto con William. Adiós —y cerró la puerta.

William, que no había dicho una palabra, giró hacia el niño y preguntó—. Si quería que fuéramos a tu casa, ¿por qué los trajo hasta aquí?

Porque no podía perder el vuelo y tío Tom nunca llega a tiempo —respondió con una sonrisa.

El rubio asintió—. Ya veo —Phillip asintió también, imitando a Trumper.

Hey, si no se puede confiar en mi, ¿por qué los dejó conmigo? —preguntó el barbudo, intentando defenderse.

Porque el abuelo dijo que si William podía mantener vivo al tío Tom, entonces estaba capacitado para cuidar niños —volvió a responder el pequeño, asintiendo al igual que William, logrando que Tom se sintiera un poco indignado.

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Un rato después, Trumper terminaba de llenar un bolso con ropas y artículos para ambos, mientras Tom cargaba a la pequeña Ivette en sus brazos.

¿Estás seguro de querer hacer esto? —Preguntó Tom, rogando porque la respuesta fuera afirmativa.

El rubio cerró el bolso, colgándoselo al hombro y se puso delante de Tom, viéndolo a los ojos—. No podría dejarte solo con esto —Tom suspiró aliviado—. No quiero tener en mi conciencia una desgracia, si algo malo le ocurre a estos niños.

¡Hey! —Tom fingió sentirse indignado.

Además… —William se detuvo, mirando al pequeño que entraba en la habitación—, me agrada este niño —tanto Phillip como Tom le dieron una sonrisa idéntica, que hizo sonreír también al rubio.

Cuando llegaron al estacionamiento, Trumper se encargó de ajustar el cinturón de seguridad de Phillip y recibió la sillita de Ivette, ajustándola con mucho cuidado junto a su hermano. Tom esperaba que Will se sentara a su lado, pero el rubio permaneció en el asiento de atrás.

¿Qué haces? —preguntó el barbudo, sujetando el volante.

Me iré con los niños —fue la simple respuesta que emitió el rubio, mientras Tom rodaba los ojos y ponía en marcha el vehículo.

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¿Sabes cocinar, William? —preguntó Phillip, mirando con atención al hombre.

No. ¿Sabes tú? —el niño negó—. No hay problema, cocinar es como la química, si sigues bien los pasos y las medidas de una receta, nada podría salir mal.

El pequeño sonrió y preguntó—. ¿Podemos comer lasagna?

William asintió y sacó su celular, buscando una receta, anotando mentalmente los ingredientes en su cabeza—. Tom, detente en el supermercado.

Rodando los ojos nuevamente, Tom asintió y cuando llegaron al lugar, detuvo el coche, sonriendo cuando William bajó del auto decidido a comprar lo necesario para preparar la lasagna, olvidando por completo su desagrado por los lugares con “personas”.

El pequeño Phillip bajó prontamente y corrió tras el rubio, mientras Tom se quedaba para bajar a Ivette, quien seguía dormida plácidamente en su sillita.

William suspiró hondamente frente a las puertas, que se abrieron automáticamente y bajó la mirada cuando sintió una mano chiquita aferrarse a la suya.

Mamá no me deja venir al super.

¿Tienes miedo? —Phillip asintió—. ¿Quieres volver con Tom? —el niño negó—. Entonces, vamos.

Tomaron un carrito y comenzaron a caminar por los corredores, buscando los ingredientes. Tom caminaba detrás de ellos con una enorme sonrisa, viendo como ponían los artículos en el carro.

Cuando llegaron a la sección de verduras, William tomó una bella lechuga, pero Phillip tiró de su pantalón.

No me gustan las espinacas —se quejó el niño.

No es espinaca. Es lechuga —respondió el rubio—. Es para la ensalada.

Prefiero el tomate —comentó el chico.

William lo miró un instante y devolvió la lechuga, seleccionando unos tomates rojos. El pequeño observó el movimiento y sonrió, preguntando—. ¿Por qué los adultos compran cosas horribles, en lugar de preguntarnos qué queremos?

El rubio bajó la mirada y respondió—. No lo sé, le preguntaremos a alguno.

Tom seguía el intercambio con una sonrisa, mientras una mujer del staff se acercó a él con una actitud coqueta—. ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda con algo? Estoy para servirle en cualquier cosa.

Tom negó con la cabeza, sin despegar la vista de los otros dos—. No, estoy bien. Gracias.

La mujer dio un paso más cerca, mostrando claramente su interés, cosa que obligó a Tom a ponerse serio y agregar—. Estoy con mi familia.

Al ver a William, la mujer asintió y se retiró, dejando a Tom con una grata sensación en el vientre.

William. Mi familia.

& Continuará &

Aaawww, me gusta cuando Tom tiene esos pensamientos. ¿Y a ustedes? Me pone contenta saber su opinión, así que están invitad@s a comentar. MUAK. Gracias por sus visitas.

Escritora del fandom

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