1. Ouija: juego maldito

Lazo de Sangre” Fic Twc de MizukyChan

Capítulo 1. Ouija: juego maldito

Bill amaba escuchar como su gemelo rasgaba las cuerdas de su guitarra cada noche, antes de irse a dormir. Podía quedarse despierto, hasta que a su rastudo hermano le dolieran los dedos o simplemente ya se cayera del sueño.

Sin embargo, todo ese amor por él se convirtió en un desagrado intenso, al verle besar a una de sus compañeras de clase, en un aula vacía. De haber sido sólo una, tal vez… sólo tal vez, lo habría dejado pasar. Pero ahora, besar chicas, se había convertido en una práctica constante de su… SU Tomi.

Desde su nacimiento, Bill había sido muy atado a su hermano, y éste a su vez, se había acostumbrado a protegerlo, de las cosas más insignificantes, como arañas, fantasmas del closet y cualquier cosa que el pelinegro pudiera imaginar o temer. Tom era su hermano mayor, su defensor, su héroe.

Pero al crecer, las necesidades de la vida y el llamado de las hormonas, hicieron cambiar al mayor de los Kaulitz, llevándole a probar desde dulces besos, hasta sesiones de sexo duro con chicas fáciles de su vecindario.

Por el contrario, el delgado pelinegro, seguía manteniendo en su cabeza la idea romántica de que su héroe lo protegería hasta el fin de sus días. Cuando esta imagen se rompió, Bill se alejó de Tom al grado de no resistir ni siquiera un toque de su parte. Cambió su apariencia dulce y colorida, por la oscuridad y todo lo que ello traía aparejado. Comenzó a frecuentar grupos versados en magia negra y los tatuajes y piercings en su cuerpo, sólo eran una pequeña muestra de ello.

—¿Qué es eso? —preguntó el rastudo, señalando el enorme vendaje en el brazo de su hermanito menor.

—¿Qué te importa? —Fue la cruda respuesta, tras el sonoro portazo de la puerta de calle.

—Tom, no hagas enojar a tu hermano —Vino la voz de su madre, desde la cocina.

—No he hecho nada —Se defendió el chico, emprendiendo el camino a las escaleras, siguiendo al pelinegro. Entró sin golpear a su cuarto, justo cuando el chico sacaba la venda y mostraba su nuevo tatuaje, aún hinchado y doloroso—. Dios mío.

—¡Sal de aquí!  —gritó el menor indignado por esta intromisión.

—¿Qué te has hecho? —Tom se sentó a su lado en la cama, comprendiendo por la visión de la herida, que Bill no podría lastimarlo para alejarlo.

—Que no es obvio —respondió Bill secamente—. Ahora que ya lo viste lárgate —Pero el rastudo estaba hipnotizado ante las curvas que la tinta mostraba. Rápidamente se podía leer la palabra Libertad, pero había algo más allí, algo encriptado, Tom aguzó su visión y descubrió las iniciales de su nombre y el de su hermano. Sí, eso era, estaban entrelazadas, unidas, fundidas por cada nueva línea, era como ellos habían estado antes… conectados.

—Es hermoso —comentó, desviando su mirada a los achocolatados ojos del pelinegro, quien al verle tan intensamente, se sonrojó y salió de allí con dirección al baño.

Bill estuvo confuso toda aquella tarde por las palabras de su gemelo, pero lo que hacía que sus entrañas giraran de una forma graciosa, fue su mirada. Suspiró y miró el tablero que yacía sobre a su escritorio una vez más.

—No haré ninguna tontería —dijo bajito, sonriendo, pensando que tal vez, la cosas podrían mejorar.

Salió de su cuarto con una sonrisa, rumbo a la cocina para beber un poco de leche, cuando escuchó un ruido sospechoso venir de la sala. Su intuición le decía que no viera, que no le gustaría lo que había allí, pero su lado racional, le obligaba a asegurarse de que no fuera un ladrón.

—Ah… Tom… —Escuchó fuerte y claro, cuando la visión de unas enormes tetas meciéndose sobre el cuerpo de su gemelo, le golpeó la razón con fuerza.

— ¡Eres un maldito Tom! —gritó lo más fuerte que pudo y salió corriendo de su casa, dejando la puerta abierta y un rastudo completamente consternado.

&

Shockeado y dolido por lo que acaba de presenciar, Bill corrió hacia su lugar favorito. El refugio de sus amigos brujos, como él les llamaba.

Corrió sin parar,  era tarde y esa noche, por ser viernes 13 habría reunión. La única colina del pueblo, albergaba una tonta historia de fantasmas, que mantenía a los pobladores lejos de ella y del bosque que la rodeaba.

No llevaba ninguna linterna consigo, pero había recorrido tantas veces el camino que podría decir que lo conocía como la palma de su mano. Pudo vislumbrar la entrada de la caverna y sacó el celular de su bolsillo para no tropezar en la entrada.

—Hola… —llamó suavemente, seguramente había alguien de guardia, quien de inmediato surgió.

—Bill, llegas tarde —Le regañó y le hizo señas, alentándole a entrar.

La caverna no era muy extensa, pero los brujos descubrieron un pasadizo hacia abajo, en las profundidades de la roca, que les sirvió de lugar estratégico para los rituales que hacían. Bill participaba de ellos en silencio, muchas veces aguantando las ganas de reír por lo absurdo que parecía todo, pero seguía perteneciendo al grupo, porque prefería ser considerado un “freak” a ser “el marica” del instituto, por su maquillaje y rasgos femeninos, eso y ahorrarse las golpizas de los malditos homofóbicos de su escuela. El grupo de brujos le daba pantalla, le mantenía a salvo, protección que antes recibía de su Tomi, pero que ahora había perdido para siempre.

Bajó con sigilo a las profundidades de la roca, hasta que la luz de las antorchas le ayudó a distinguir a sus compañeros. Todos vestían capuchas negras.

—Les dije que llegaría —anunció una voz masculina, que erizó los vellos de la nuca del menor—. Lilith me advirtió que hoy Bill sería iniciado.

Todos guardaron silencio esperando que el pelinegro se instalara alrededor de la roca, dispuesta como mesa o altar.

—¿Lilith habló de mí? —preguntó el pelinegro, sin saber si lo que sentía era emoción o miedo. Una cosa eran todas las tontas tradiciones que guardaban y otra muy distinta, era mencionar a la madre de los demonios.

Lilith, la primera esposa de Adán, la que se negó a someterse ante un hombre, la que se negó a complacer a Dios mismo y se alejó por su propia voluntad del jardín de Edén. Ella fue maldecida por el cielo y convertida en la complaciente receptora de los seres del inframundo, para parir sus crías y convertirse por lo tanto, en la madre de los demonios.

Bill sentía cierta reverencia por ella, porque fue una rebelde desde el principio, por no dejarse subyugar por la tradición, ella era la esposa de Adán, pero se negó a entregar su cuerpo a él. El pelinegro se sentía igual, por haberse enamorado de su hermano, por atentar contra toda  moral y toda ley, por eso su devoción por Lilith, le dio fuerzas para proponer invocarla en aquella noche maldita. Sin embargo, esa tarde había estado a punto no hacerlo, todo por su Tomi ¿Y cómo le respondió él? Revolcándose con una zorra.

Ahora Bill estaba molesto y dispuesto a iniciarse en cualquier tipo de culto satánico, no importando que eso le costara “su alma”, después de todo, él estaba vacío por dentro, ya había perdido a Tom, ya no le quedaba nada, sin su otra mitad, era un ser incompleto, y alguien así… era un zombie, un muerto viviente.

Una ráfaga de luz le sacó de sus oscuros pensamientos, y vio como el líder se sentaba a su lado, acomodando la antorcha y alumbrando el centro del altar, donde un descolorido tablero de ouija se mostraba amenazante. Bill sintió temor, como nunca antes y llevó la mano a su pecho, deseando que Tomi volviera, le abrazara y le sacara de allí. Pero Tom… no estaba.

—Esta noche, la gran madre vendrá para ti Bill —Todos le miraban expectantes, él sólo asintió y alzó la mano.

Cuando se celebraba un ritual por una persona en especial, ésta debía presentar una ofrenda al ser que invocaban. Lestat, el líder, tomó un filoso cuchillo y cortó superficialmente la palma del pelinegro, simple, pero suficiente para ocasionar que unas gotas del vital elemento, se deslizaran hasta el centro del tablero, manchando algunas de las letras dibujadas allí.

—Está hecho —Consumó con sus palabras el menor, produciendo una sonrisa de satisfacción en el rostro del rubio Lestat, a quien le fulguraron los ojos.

—Comencemos —dijo con su voz varonil—. Todo lo que presenciaremos esta noche, quedará en estricto secreto, si alguno de los presentes revela algo… morirá.

Todos tragaron grueso y sintieron que aquellas palabras no eran sólo para intimidar, sino tan ciertas, como el ser que se presentaría allí, aquella noche.

Lestat fue el primero en llevar su mano al indicador del tablero, seguido por Bill, los demás sólo serían testigos del hecho, no tenían permiso de inmiscuirse en el ritual, por ser de carácter sagrado.

—Invocamos a los seres del más allá para guiarnos a nuestra gran madre Lilith —susurró el rubio, casi entre dientes, no le gustaba comunicarse con los espíritus rastreros que yacían cerca de la superficie, mas… era inevitable.

Una brisa fría llenó la cueva y todos se paralizaron, la entidad que llegó, pese a ser inferior, era lo suficientemente poderosa como para inmovilizarlos.

—¿Estás aquí? —Las manos fueron rápidamente guiadas por el indicador hacia el “Yes”, del tablero—. ¿Quién eres espectro? —demandó Lestat.

—C H E —El indicador parecía flotar por sobre el tablero, deletreando cada una de las letras y mostrando un extraño nombre—  M  O  S  H

—Chemosh —dijo por completo Lestat.

Ese nombre le parecía conocido a Bill, seguramente lo había leído entre toda la basura de la biblia negra que le pidieron leer antes de unirse al grupo de brujos.

—Dinos Chemosh ¿Vendrá Lilith a nosotros? —Su tono era casi arrogante y el pelinegro, tembló de preocupación.

—“Yes”  —Indicó el tablero nuevamente.

La brisa fría se posó directamente detrás de Bill y éste pudo sentir como si aquel ser, le arañara la espalda. Apretó los ojos y se mantuvo firme, no había vuelta atrás. Además, según la leyenda, si soltaba la mano de la ouija, quedaría maldito para siempre, y eso era algo que no  quería comprobar.

—Vamos Chemosh —insistió Lestat—. Llama a nuestra gran señora, guíala hacia nosotros.

No alcanzó a terminar esta frase, cuando todas las antorchas se apagaron y la oscuridad se apoderó del lugar. El frío se hizo presente de inmediato, provocando que con cada respiración, el vaho surgiera frente a los rostros de los presentes. Bill tembló ligeramente, más no pudo alejar la mano del tablero, sus dedos estaban pegados al indicador como imanes.

—Hola mi precioso niño —Una voz femenina se oyó, directamente al lado del pelinegro—. Deseaba tanto verte mi precioso Bill —repitió la misma voz.

—¿Lestat? —preguntó atemorizado el menor, mirando al rubio.

—Este es sólo su cuerpo, mi pequeño Bill, él lo ha puesto a mi servicio y es mi única forma de hablar contigo —El pelinegro casi se ahogó al escuchar esas palabras y al girarse, vio al rubio mirándole fijamente con una dulce sonrisa. Una tenue luz azulada, brilló en torno a Lestat, dándole a Lilith un aura mucho más mística.

—¿Lilith? —preguntó Bill, completamente atemorizado, si en verdad era ella, no podía imaginar que le pediría para iniciarlo y tampoco sabía en qué podría convertirlo.

—He venido en respuesta a tus súplicas mi niño —Sus ojos refulgieron—. Se cuáles son tus más secretos deseos —Bill tensó su mandíbula y un sudor frío bañó su frente.

—¿Cómo podrías saberlo madre?

—Porque he estado esperándote, a ti y a tu hermano —El pelinegro abrió exageradamente sus ojos, una cosa era entregar su alma y otra muy distinta, era poner en peligro a Tom.

—No puedes tocarlo a él, yo soy tu ofrenda —Le advirtió él, sin preocuparse de encolerizar a la mujer.

—Pero tú estás incompleto sin él —Ella acarició sus dedos, aún en el tablero—. Lo amas tanto que has venido aquí sólo para buscar un consuelo —Los ojos de Bill se humedecieron, y tuvo que luchar por sostener sus lágrimas—. Puedo sentir tu dolor pequeño mío. Tantos años amando a tu hermano gemelo, sufriendo por ir en contra de la naturaleza. Pero yo tengo la solución a tu atribulado corazón.

—¿Cuál?

—Serás mío —dijo ella con dulzura.

—Sí madre, lo sé —Pero Bill en realidad, no comprendía el alcance de aquellas palabras.

Entonces, la luz se hizo más intensa y el pelinegro pudo notar que sus compañeros estaban completamente en trance, tal vez ninguno de ellos veía lo que estaba sucediendo.

Lilith levantó su mano libre y con sus dientes, abrió una pequeña herida en la muñeca y luego la extendió al pelinegro con una sonrisa.

—Bebe pequeño —Mandó y Bill obedeció en silencio, acercando su boca a la fuente de sangre y probó lo suficiente. Su mentón se manchó con el rojo líquido y sus ojos se tornaron negros.

—Está hecho —Sonrió de lado y Lilith se sintió orgullosa de su nueva creación.

—Eres hermoso bebé, uno de los mejores. Ve con tu gemelo ahora, y tráemelo aquí.

—Sí madre.

&   Continuará   &

Este fic en un principio sería muy cortito, pero se extendió un poco más para contar este relato de vampiros. Espero les guste y me sigan apoyando y comentando.

Escritora del fandom

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