Medida publicitaria 15

Fic TWC de LadyScriptois

Realidad 9

Las manos del rubio se movieron solas entre los cuerpos y tomaron un extremo de la atadura de la vestimenta de su hermanito y la deshizo. El pelinegro que se dejaba hacer entre dulces jadeos, sintió como el nerviosismo a algo nuevo volvió a su anatomía.

El mayor detuvo lo que hacía cuando sintió ese breve temblor que recorrió el cuerpo de su hermanito y alejó sus manos buscando su mirada.

— ¿Estas bien? – le preguntó recibiendo un asentimiento. — ¿Estas nervioso?

—Un poco…– Tom acarició las mejillas rosas de su hermanito y depositó un tierno beso en su frente.

—Debes decirme si hago algo que te incomode. ¿Sí? Lo siento. – se disculpó y besó castamente a Bill. Se irguió un poco y tomó los extremos que había separado y los volvió a unir antes de que el albornoz se corriera en su totalidad.

— ¿Qué… que haces? – preguntó confundido al ver como Tom lo besaba nuevamente y se disponía a alejarse. Tomó su mano evitando que continuara distanciándose y su hermano lo miró intrigado — Yo pensé que… Que haríamos… Creí que tú querías…— calló sintiéndose estúpido, pero él pensó que sí.

Tom sonrió tiernamente y besó las mejillas de Bill.

—Claro que quiero. – le aseguró haciendo sonrojar a su hermano.

— ¿Entonces? – cuestionó evadiendo la mirada de su gemelo. Se sentía muy avergonzado.

—Necesito que estés seguro de lo que haremos. – respondió.

—Lo… lo estoy. – le aseguró. — Te amo. – dijo conectando sus miradas. —Mucho. – aclaró. —Y confió en ti.

No estaba nervioso por hacer algo que no quisiera, lo deseaba tanto o más que Tom, estaba nervioso porque era su primera vez y con quien más amaba, nervioso de lo irreal que parecía, pero de lo intenso que se sentía.

Bill recostó mejor su cuerpo contra las almohadas y Tom lo miró confundido por un momento para luego concentrarse en las mejillas escarlatas del menor y sus largos y sedosos cabellos regados en la almohada. El rastudo solo pudo despegar su mirada del rostro del menor para dirigirla fijamente a sus ojos, reconociendo toda la seguridad de su hermano, la cual confirmó cuando las manos de Bill descendían hacia la atadura del albornoz, siguió todo el camino que hicieron esas finas manos hasta llegar el amarre y las vio con intenciones de desatarlo. Volvió su mirada a los ojos de Bill y tragó seco antes de aproximarse a sus aterciopelados labios.

Tom exploró cada rincón de la boca del menor e introdujo sus manos entre sus cuerpos tomando las manos de Bill entre las suyas y colocándolas a cada lado de la cabeza de su hermano, soltó momentáneamente una de ellas para apagar la luz de la habitación que quedaba a un lado de la cabecera de la cama y se concentró nuevamente en el beso, siendo protegidos por la oscuridad.

— No parece ser el momento más adecuado para decir que te quiero y que parezca sincero, pero lo hago. – no pudo evitar decir el mayor, mientras acariciaba una de las mejillas sonrojadas del menor.

Bill sonrió tímidamente y asintió.

—Te creo, porque yo también lo siento así. – fue su respuesta.

—Te gustará. – le aseguró contra sus labios y Bill asintió arqueando unos milímetros su cuerpo y permitiendo que el mayor se apoderara de su boca. — Te haré sentir bien. – le susurró bajando a probar la ambrosia de la piel de su clavícula.

— Puedes hacer conmigo lo que quieras. – concedió en un suspiro y cerrando los ojos al sentir la cálida boca del mayor succionar la vena latiente de su cuello.

Bill dejó de pensar y solo se concentró en sentir lo que su hermano le provocaba con cada caricia, con cada aliento, con cada beso.

Tom no podía separar sus labios del cuerpo del menor y todo le parecía un jodido sueño, pero supo que no era así cuando su hermano separó sus piernas permitiendo que su cuerpo cayera entre ellas como si fueran unas piezas de rompecabezas que encababan perfectamente, sintiendo la calidez que emanaba a través de la ropa y que estaba logrando excitarle de sobre manera.

Tom jadeó contra los labios del menor y clavó sus penetrantes ojos en él, cuando por la cercanía sus intimidades se rozaron, haciendo temblar a Bill y arquearse, generando más roce. Bill percibió esa mirada que cegada de avidez y amor logró encender su rostro y sentirse deseado.

Las manos del rubio recorrieron aquellas columnas que le rodeaban y se perdieron bajo el albornoz, acariciando la piel a su paso y haciendo estremecer a su hermanito. Hizo posesión de aquellas esponjosas prominencias provocando que los más tímidos y agudos gemiditos rompieran la barrera de la garganta de un sorprendido pelinegro y sus manos siguieron trepando arrastrando la prenda blanca hasta detenerse en su cintura acariciándola, para luego ir por los labios contrarios.

Bill sentía como las manos de Tom recorrían todo su cuerpo, sentía como su hermano se endurecía entre sus piernas y como su respiración se volvía cada vez más pesadas y, al saberse el causante de todo eso en su gemelo, se sintió muy sofocado por la presencia de aquel albornoz. Él quería sentir la piel de Tom contra la suya sin barreras.

Tomó los extremos del lazo que formó su hermano, pero sus manos fueron retiradas. La labor la suplanto los expertos dedos del guitarrista y, antes de que pudiera protestar, el cuerpo del cantante estaba siendo solo cubierto por un pequeño bóxer blanco. La lengua de Tom en su cuello lo estaba haciendo gemir bajito y arder desde sus mejillas hasta el resto de su cuerpo. El rastudo tenía las caderas de Bill firmemente agarradas, bajó de su cuello a su pecho y cuando este se arqueó casi despegando completamente su espalda de la cama él sonrió complacido. El mayor dejó erectos los dos puntitos rosas del pecho del pelinegro cuando este estaba con los labios temblorosos e hinchados y continúo besando con calma y delicadeza su suave y plano vientre, teniendo que sostener aún más fuertes sus caderas ante lo inquieto que se encontraba su hermano bajo él.

—No… Uhmmmm…– calló temblando ante las sensaciones. —…Espera… – protestó cuando los labios del mayor se hicieron camino entre sus boxers aun puestos y su piel, permitiéndole el acceso a que besara su ingle que sentía acalambrada.

— ¿Qué sucede? – le preguntó preocupado, alzando la mirada y enfocándola en Bill.

El menor lo miró sin saber que decirle, se sentía muy avergonzado y que su hermano estuviese tan cerca de esa parte tan íntima que lo delataba, le hacía sentir aún más vergüenza. Sin embargo, al notar las mejillas neón de Bill y sus ojos húmedos y brillantes a causa de la excitación, Tom sonrió entendiendo y yendo por los labios de Bill.

—Te dije que quería hacerte sentir bien. – le recordó contra sus carnosos e hinchados labios y besándolo con ansias cuando el menor envolvió sus piernas en sus cintura. —Solo déjate consentir. – le susurró y Bill creyó sentir su sistema nervioso colapsar cuando Tom coló una mano entre sus cuerpos y acarició firmemente su miembro sobre la tela.

Bill perdió el sentido del habla antes de responder debido a una suave embestida por parte de Tom.

—Uhmmm…– mordió el labio del mayor en una segunda embestida que hacia una deliciosa fricción en sus entrepiernas. — ¿Tom…? – logró llamarlo con los ojos cerrados.

El mayor estaba aumentando la velocidad de los embates y había abandonado los labios del menor y eso tenía tan confundido como aturdido de placer a Bill.

—Shhh… – pidió erizando su cuello.

—Ah…– gimió extasiado por la nueva fricción que generó Tom.

Su hermano atacó nuevamente su cuello y Bill se dejó hacer abrazándose a su hermano aunque sabía que quedarían marcas que luego no podría cubrir con maquillaje.

— Tomi…– suspiró al sentirse un poco húmedo ahí abajo. —Tom… Tom…– casi sollozó.

Su columna vertebral estaba siendo azotada por calambrazos que solo se intensificaban con el roce de sus intimidantes. Iba a acabar pronto y eso lo tenía laxo bajo el cuerpo del mayor.

El rastudo hizo las arremetidas más lentas y buscó los labios de Tom besándolo con amor, mientras descendía su mano por el vientre de Bill, los dedos del mayor jugaron con la cinturilla de su blanco boxer, buscó la mirada aprobatoria de su sonrojado hermano y cuando la obtuvo se deshizo de la prenda.

Por la erguida posición que adoptó para poder sacar la única vestimenta de su hermanito y gracias a la luz de la luna, pudo contemplar ese cuerpo libre de toda vellosidad en perfecta desnudez. Sonrojado y con el pelo revoltoso, su respiración acelerada, labios entreabiertos y ojos grandes brillantes. Bajó perdiéndose en ese lechoso y plano vientre, sus caderas marcadas y estrechas. Sus piernas delgadas distanciadas, que le exponían su sexo duro rozando su vientre, goteante y enrojecido.

Detuvo su admirar y volvió a recostarse sobre Bill, sintiendo esta vez el palpitar y la temperatura que surgía de su entrada. Acarició el miembro necesitado de su pequeño haciéndolo gemir casi ahogadamente contra sus labios y convulsionarse ante el toque. Las largas uñas del más delgado se aferraron a sus hombros y mientras más rápido era el movimiento de su mano sobre el sexo del menor, este incrustaba más sus uñas.

—Tom…– llamó girando su rostro y dejándolo caer en la almohada.

Sus manos bajaron hasta los bíceps de su hermano aferrándose a la piel de allí y Bill negó contra la mullida superficie cuando empezó a sentir un cosquilleo por todo el cuerpo de tal magnitud que lo hizo elevar las caderas para mayor contacto con la palma de su hermano.

Tom se sentía en el paraíso con solo ver la cara de su hermano bañada por una ligerísima capa de sudor que hacía que su cabello se pegara a su rostro y como sus labios temblaban intentando tomar el aire que se le escapaba en cada gemido. Se veía tan frágil y tan adorable, pero a la vez excitante y deseable.

— No puedo. – dijo con un hilo de voz retorciéndose bajo el cuerpo de Tom.

Fue el gemir casi felino y agudo, sus ojos cerrar fuertemente, el afanoso estremecimiento de aquel cuerpo, la presión en sus músculos y la humedad en su mano, lo que le hizo saber que acababa de provocar un orgasmo en Bill.

—Tomi…–gimoteó atontadamente víctima de los últimos espasmos orgásmicos.

—Eres hermoso. – admitió luego de ver la cara de placer de Bill y casi correrse ante la escena.

Con ojos cerrados recibió los labios del rastudo, quien lo besó con una pasión desmedida y Bill llegó a sentirse torpe mientras seguía el ritmo de su hermano.

Su hermano le excitaba tanto. Más que cualquiera, más que todo. Se sentía como de trece tocándose por primera vez. Su pulso estaba acelerado y su sangre desde hace varios minutos se concentraba en un punto específico.

— ¿A dónde vas? – le preguntó con la respiración agitada cuando el gemelo mayor se separó súbitamente de su cuerpo, privándole de su calor y exponiéndolo al frío que hubiese sentido de no ser porque estaba ardiendo en cada célula de su anatomía.

El mayor se arrodilló entre las piernas de su hermano y este se sentó quedando su rostro a la altura de su entrepierna. El guitarrista bajó su mirar y juró haber tenido un orgasmo cerebral ante la cercanía.

—Quiero verte. – le confesó el menor.

La manicura negra desaparición entre la cinturilla de Calvin y el pantalón de chándal, y sintió esos finos dedos rozar la zona cerca a la base de su miembro antes de bajar las prendas.

Bill intentó disimular su asombro ante lo que se exponía ante él, pero no pudo evitar sentir una sacudida en su pene que empezaba a endurecerse nuevamente a una velocidad sorprendente, y mordiendo su labio inferior buscó la mirada de su hermano. Luego de unos segundo se atrevió a rozar son sus dedos aquel miembro bien proporcionado. Escuchó a Tom gruñir y eso lo animó a continuar, acariciando tímidamente la punta para luego besarla, y trazó la longitud de su hermano con besos cuando apreció un estremecer en el rastudo. Bill siguió acariciando hasta llegar a los testículos de Tom, los cuales sentía apretados y calientes. Listos para dejarlo ir.

Tom, sintiéndose en el límite, bajó repentinamente hasta él y lo besó mientras terminaba de retirar sus ropas. ¡Joder! Iba a perder el control. Deseaba, como nunca lo hizo, hacer suyo a Bill.

Mientras Tom terminaba de desvestirse él se recostó nuevamente, mirando entre sus largas pestañas como el mayor se desnudaba para él. El guitarrista aun arrodillado entre sus piernas le sonrió cálidamente y Bill, mientras mordía su hinchado labio inferior combinados con sus mejillas rojizas, flexionó sus piernas abriéndolas como una clara petición para Tom,

El rastudo terminó de deshacerse del negro Klein y besó con deseo a Bill al momento que incursionaba en sus caderas. ¡Necesitaba tanto tomarlo!

Agudizó su vista y ubicó sobre la mesita de noche un aceite para masajes que usaba Bill algunas veces y rogó porque eso funcionara.

—No estaba preparado para esto. – le informó pegando sus frentes sudadas y apartando unos cabellos azabaches del cuello de Bill. — Podemos improvisar, pero…

—Yo solo quiero ser tuyo. – le calló con la respiración agitada y tomando los labios de Tom en los suyos.

Tom asintió y tomó la pequeña botellita con más emoción de la que quería aparenta. Arrancó la tapita con sus dientes tirándola en algún lugar de la habitación y vació una cantidad del fragante aceite en una de sus manos, con la mano libre colocó nuevamente el aceite en la mesita, pero falló y cayó derramando su contenido en el piso.

— Lo siento. – le ofreció a Bill. — Te compraré todos los que quieras. – le aseguró besando al menor y dirigiendo una mano hacia sus aterciopeladas nalgas, haciendo que el cantante se estremeciera. —Esto tal vez sea incómodo. – le advirtió. — Recuerda que debes decirme si te hago daño.

—Está bien…– le concedió abrazándose a su espalda y respirando profundo.

Sintió como su hermano hurgaba entre sus glúteos y como acariciaba suavemente los alrededores de su sensible hendidura y suspiró en un estremecimiento que le hizo tensar.

—Relájate. No quiero que duela. – le pidió con dulzura y luego lo besó.

La lengua de Tom le pidió permiso para entrar y en el mismo instante que concedió su paso, sintió algo invadir su cuerpo.

—Ah…– gimió por el repentino dolor, que igual como llegó se fue dejando solo incomodidad.

— ¿Te lastime? – preguntó preocupado.

—No, peroUhm… Se siente raro. – dijo con torpeza al sentir el dedo de Tom moverse dentro de sí.

El rastudo comenzó haciendo movimientos casi imperceptibles, hasta que la entrada y entrañas de Bill parecían ir cediendo y aceptando aquella presencia.

— ¿Crees que pueda añadir otro?

—Sí, creo que sí. – el menor abrió más sus piernas y se quejó silenciosamente cuando un nuevo digito se introdujo en él.

El mayor bajó su mirar e intentó buscar algún rastro de sangre en sus dedos o en las sabanas, al no verlo se sintió aliviado, empezó a penetrar con más confianza y Bill gimió jodidamente alto erizando los vellos de su piel cuando rozó un lugar en su interior cargado de nervios.

Tom insertó un último dedo que si produjo un poco de dolor en Bill, pero que minutos después fue bienvenido. El menor estaba erecto de nuevo y hecho flan con los dedos de su hermano jugar con su entrada.

—Te amo. – le susurró el mayor y lo besó con ternura.

El mayor tomó una de las manos de su hermanito y la dejó sobre su espalda, a sabiendas del posible dolor y la necesidad de aferrarse a algo, y la otra la entrelazó con la suya sirviendo de apoyo y se apoderó de los labios del pelinegro, mientras tomaba con una mano su miembro y posicionaba su glande contra aquella virgen y sonrojada entrada y se impulsó dentro.

—Ag…– el gemido murió en sus labios.

Sintió que el aire le faltaba y su cuerpo temblar completamente. La intromisión le hizo brotar algunas lágrimas y un gran ardor apoderarse de sus entrañas. Las sensaciones eran tormentosamente confusas y creyó caer inconsciente cuando unos tiernos labios besaron su cuello y pecaminosas caricias tantearon su miembro.

—Tom…– logró gimotear luego de minutos de total inmovilidad por parte de ambos.

Necesitaban acostumbrarse a las sensaciones. Bill sentía tan grande a Tom que temía que lo partiera en dos, y Tom sentía tan jodidamente estrecho a Bill que le preocupaba correrse.

— ¿Dolor? – cuestionó con voz completamente ronca y grave.

—Es soportable. Creo que puedes moverte. – concedió.

— ¿Moverme? No entro del todo. – apuntó desesperado por terminar de entrar.

— Hazlo ahora. – le pidió, realmente le estaba matando la inmovilidad.

— ¿Seguro? – dudó ante la expresión de dolor del rostro de Bill.

—Si… – pidió movido por un fucilazo placentero.

Una lenta intromisión, un gemido agudo casi inmoral, miembros palpitantes, entrañas invadidas, Tom controlando las ganas de correrse y en su espalda un gran rasguño escasamente sangrante. Para Bill el dolor era concretamente agobiante, pero su hermano estaba dentro de él y amándolo de la forma más hermosamente posible.

Empezaba a creer que se desmayaría cuando todo se volvió negro por una fuerte punzada dentro de sí, pero una suave embestida que tocó deliciosamente algo en él le hizo ver estrellas.

Abrió los ojos y se enfocó en el sol que regía su mundo. Completamente contenido y sudando por su estreches.

— Te amo. – afirmó sonriendo tontamente y recibiendo un amoroso beso.

Tom embestía suavemente a Bill, exactamente con la dulzura y delicadeza con la que se merecía profanar aquel frágil y delgado cuerpo, y con una puntería envidiable que tenía a su hermano delirando de placer.

—Uhg… Más rápido, Tom. – le pidió sin importar que aun sentía doler, pero consiente de la contención de su hermano.

Bill bajó sus manos apoyándolas en la espalda baja de Tom atrayéndolo más a él y abriendo más sus piernas, el mayor con un pequeño movimiento cambió el ángulo de la penetración sumado a las caricias en su miembro, y el menor se sintió mareado ante tal sensación.

El pelinegro balbuceó una serie de incoherencias mientras echaba su cabeza totalmente hacia atrás ante las sensaciones y permitiéndole a Tom una mayor accesibilidad a su cuello. Bill gimió ante el brusco movimiento del rastudo cuando este soltó sus manos y alzó sus blancas piernas envolviéndolas en sus caderas y el menor se sonrojó furiosamente al sentir toda la longitud del mayor dentro de él, sintiéndolo más y más. Se retorció de placer contra las sabanas y Tom aumentó la velocidad sonriéndole a Bill, y este como pudo le devolvió el gesto antes de que su gemelo lo besara.

Las caderas del menor se unieron a la faena y se movían en unisón acompañado por el estrechamiento rítmico alrededor del miembro de Tom, quien predecía la mejor corrida de su vida cada vez que el pelinegro gemía para él.

Bill se contrajo asfixiantemente en la longitud de Tom y su cuerpo tembló. Su orgasmo arrastró al mayor y se vacío completamente en el pelinegro.

El cantante se sentía cegado del placer y en su inconciencia juro que nunca había sentido algo tan magnifico y placentero como la descarga semiente de su hermano en su interior.

En un beso dulce que se tornó a suaves caricias lograron regular sus respiraciones y pasar los efectos del orgasmo.

Uhg…– gimió cuando su gemelo salió de él, provocándole un leve dolor.

— ¿Te duele algo? – preguntó preocupado.

—No. – le aseguró yéndose a acurrucar al pecho de su hermano quien los cubrió con una sábana y acarició su espalda desnuda. — Eso fue genial. – dijo con una sonrisa divertida en los labios y las mejillas sonrojadas.

Tom se preguntó cómo Bill se podía avergonzar tan rápidamente, pero no le dio muchas vueltas al tema porque le encantaba que su gemelo fuera así.

—Te amo. – le confesó y besó.

—Y yo a ti, Tomi.

Bill se sentía muy cómodo y unido a su hermano, hasta que sintió una extraña humedad entre sus piernas que no sabía bien de dónde provenía.

—Tomi. – detuvo el beso avergonzado y ligando para que su hermano no se diera cuenta. — Iré a bañarme. Ya vuelvo. – se excusó con lo primero que pensó, sonrojado.

—Podemos hacerlo juntos. – le propuso besando su naricita.

—No. – se negó rápidamente. — Es decir, no ahora. Tal vez después. Me da un poco de vergüenza. – intentó remendar el rechazo repentino.

—Ve. – le besó y dejó marchar.

Bill, cuando se movió, contuvo la respiración para que el fuerte dolor que sintió en su espalda baja no lo notara su hermano. Le dolía y se sentía húmedo, pero sufriendo en el proceso intentó caminar lo más normal hacia el baño.

A sabiendas de lo mucho que se tardaría su hermanito, decidió bañarse el también, lo hizo en el baño de uso común y volvió a la habitación, encendió las luces y sonrió mientras recogía sus ropas regadas por toda la estancia.

Vio el montón de sabanas enredadas que se exponían sobre el colchón y decidió cambiarlas. Buscó unas nuevas y tomó las usadas hasta que algo llamó su atención.

Sobre las blancas telas se encontraban algunas manchas de sangre. Tres pequeñas y otra un poco más grande que se mostraba fresca.

Había lastimado a su hermanito.

— ¡Bill! – llamó preocupado golpeando la puerta del baño. — ¡Bill abre! – volvió a pedirle.

—Un momento. – le solicitó.

— ¡No! ¡Ahora! – demandó.

Bill apagó la regadera y miró sus piernas comprobando que no había rastros de semen y que paró de sangrar. Se colocó la bata de baño de su hermano y abrió.

— ¿Qué sucede? – preguntó saliendo del baño y cerrando la puerta tras sí para que su hermano no entrara y viera las sabanas con las que estuvo envuelto y que tenían muestras de su pequeña hemorragia. Luego enfocó su mirada en la cama desvestida y supo que había sido tarde.

— ¿Sigues sangrando? – dijo con tono demasiado frío debido a la preocupación.

—No. – dijo avergonzado.

— ¿Te duele? – cuestionó suavizando su tono de voz y recibiendo una negativa. — Dime la verdad.

—Me arde. – confesó ruborizado y sin convencer a su hermano que lo miraba serio sabiendo que le ocultaba algo. — Y… y me duele cuando camino.

—Lo lamento. – Tom lo abrazó fuertemente con cuidado de no lastimarlo y besó sus cabellos.

—Es normal, supongo. – dijo para tranquilizarlo. —Era mi primera vez… y tú… – iba a decir que Tom no era precisamente pequeño, pero le iba a dar mucha pena.

—Espérame aquí. – le pidió. Bill obedeció y vio cómo su hermano buscaba un pijama para él.

— ¿Puedo colocarme una de tus camisas? – preguntó apenado.

El rastudo entendió que su hermano estaba resentido y tal vez ya sería suficiente con tener que hincarse para colocarse el boxer como para utilizar un pantaloncillo.

—Está bien. – concedió y buscó lo pedido por su hermanito. — ¿Necesitas que te ayude? – se ofreció.

—No, no… Ehm… ya vuelvo. – tomó la vestimenta y se adentró al baño, mientras Tom colocaba las sabanas nuevas.

Su hermano salió tan adorable como siempre y utilizando una linda camiseta oscura que le quedaba de vestido. Tom se dirigió a él y lo cargó en brazos para que su hermano no sintiera tanto dolor.

— ¿Qué haces? – cuestionó riendo.

—Solo te acuesto. – respondió tendiéndolo en la suave y esponjosa cama para luego cubrirlo de la fría noche, rodeó el mueble y se acostó a su lado siendo abrazado inmediatamente. — ¿Estas mejor? ¿No necesitas ir a la clínica? Mamá debe estar aun en guardia. – presentaba alternativas para aliviar a su hermano.

—Estoy bien. Ya no sangro. – le besó en el pecho desnudo. — A demás, como le explicaríamos al doctor.

—Bueno, hay personas que haciendo numero dos…– respondió riendo.

—Tonto, no es igual. – se defendió con un mohín de enojo. — Mataste lo romántico de la situación hablando de número dos.

—Lo siento, bebe romántico – le besó con amor.

—Así está mejor. – dijo suspirando entre el beso.

—Me tienes loco ¿Lo sabes?

—Lo sospecho. – aceptó, dejándose besar nuevamente.

&

Bill y Tom estuvieron bajo el ojo público durante los últimos meses y sin la privacidad necesaria para disfrutar su amor, los gemelos en esos días meditaron si así sería siempre, esperando la soledad para estar juntos, pero cuando sus labios estuvieron juntos, el menor supo que si podía con eso y contra todo si Tom nunca se alejaba de él.

Tom posiblemente estaría dormido de no ser porque su hermano estaba sencillamente hermoso y le parecía entretenido verlo llorar y reír con la película que, él casi obligado, veían juntos.

—Ya no llores. – le consolaba y acariciaba sus cabellos.

—Es muy triste. – se justificó abrazándose al mayor.

—Es solo una película. — le limpió las lágrimas y besó su frente.

—Lo sé. – se dejó envolver en los fuertes brazos de su hermano y jugó con una de sus rastas, mientras derramaba sus últimas lagrimas — ¿No te molesta que sea tan sentimental algunas veces? – preguntó curioso viendo los créditos en la pantalla.

Su hermano siempre estaba ahí para consolarlo y escucharlo hasta que vaciara todas sus lágrimas, y si en su poder estaba, evitaría que llorara. Como aquella vez hace un mes que su maleta fue extraviada en el aeropuerto. No era la maleta o la ropa, era que allí estaba Tomi y Bill lloró inconsolable porque había sido un regalo de Tom. Así que, los gemelos se encaminaron nuevamente al aeropuerto para rescatar al dichoso peluche

—No. – contestó seguro. — Eres así. Creo que cuando te vi por primera vez estabas llorando. – rio

— ¿Acaso recuerdas la primera vez que me viste? – le preguntó sonriente.

—No, pero éramos recién nacidos, así que lo más probables es que estuvieras llorando de forma berrinchuda para que te prestaran atención. – tocó la naricita de su pequeño. — Tal como eres ahora. No has cambiado. – le besó castamente. —Sigues siendo caprichoso, siempre quieres ser el centro de atención y te aprovechas de que nadie soporta verte triste para conseguir lo que quieres.

—Es tu culpa por haberme consentido siempre. – se defendió.

—Tienes razón. – concedió. —Me gusta complacerte, acaparas toda mi atención y no puedo resistirme a ti.

—Eres un meloso. – se sonrojó y se dejó besar por su hermano. — Te amo.

— Y yo a ti, pero Shhh… No le digas a nadie.

—Estoy de acuerdo. ¡Imagínate lo que pensarían las fans! – dijo con fingido escándalo.

—Tu competencia aumentaría, por que por alguna razón a las chicas les encanta cuando los hombres son tiernos con su pareja, y creerían que realmente somos más que gemelos. – concluyó.

— ¿Y acaso no lo es? – preguntó divertido.

—Sí. – le besó. — pero que David no se entere. Recuerda que es una Medida Publicitaria.

F I N

(de temporada)

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Escritora del fandom

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