Fic TWC de LadyScriptois
Ejercicio 4.1
Aun sentía los labios del de rastas en su piel y la suavidad de la yema de sus dedos acariciándole. Pero, estaba tan confundido. Sabía el porqué de las acciones de su gemelo. Era por el simple ejercicio de Olivia.
Estaba tan entristecido por ello. No le gustaba el rumbo que estaba tomando todo. No cuando las acciones que les indicaban a hacer estaban afectando sus sentimiento.
Bill en un principio sabía que algo así pasaría.
Siempre había tenido esos sentimientos hacia Tom y estaba consciente de que esa farsa posiblemente lo confundiría y afectaría, pero él se aferraba a que no lo permitiría. Se suponía que no se dejaría engañar por las acciones que Tom estaba obligado a cometer, porque él estaba consiente que no eran verdades. Si, se suponía.
— ¿Qué le pasa? – interrumpió Georg la lectura de Bill. Aunque el pelinegro realmente se encontraba en la misma página desde hace dos horas.
— ¿Eh? – preguntó sobresaltado, saliendo de sus pensamientos.
—Tu hermano esta extraño. – dijo, mientras secaba sus largos cabello.
Bill dirigió su mirada al mar que tenía a su frente. Su hermano estaba nadando de un lado a otro sin parar.
—Lleva así un buen rato. Parece enojado. – continúo Georg. — Y tú también. No te has separado del libro desde que llegamos y eso que eras el más emocionado de todos.
—No es eso. Solo quiero broncearme un poco. – mintió con una sonrisa forzada.
— ¿Con bloqueador solar? – cuestionó, tomando el envase que reposaba aun lado de Bill.
— ¿Es bloqueador? No lo había notado. – trató de seguir con la mayor naturalidad posible.
—En fin. ¿No tienes algo de bronceador? Yo si deseo aprovechar los rayos solares.
—Busca. – le tendió su bolso.
—Deja de aparentar que lees y ayúdame con esto. – le pidió cuando ya tenía lo que buscaba en manos.
Bill lo tomó y comenzó a aplicar el bronceador en Georg. Era algo normal entre ellos. Muchas veces lo había hecho o se acostaban tarde alisándose el cabello mutuamente.
—Me estás haciendo cosquillas. – reía Georg escandalosamente.
—No seas dramático. – continuó rozando la parte de las costillas del castaño a propósito. Sabía que el bajista era muy sensible en esa zona.
—Ya deja. – comentaba riendo.
—No. – se negaba Bill con malicia.
Georg se levantó repentinamente haciendo caer a Bill al suelo quien seguía riendo por haber hecho enojar al otro.
—Me las pagaras. – le amenazó.
Bill se levantó rápidamente y salió corriendo. No corrió mucho cuando Georg lo alcanzó.
Tumbó de nuevo al pelinegro en la arena y se subió sobre él para hacerlo sufrir como él lo hacía anteriormente. Bill reía mientras se removía tratando de liberarse de las manos de Georg, y el simplemente reía disfrutando su venganza. Hasta que se unos tosidos falsos los hicieron separarse.
— ¿Interrumpo algo? – preguntó Tom mirando con recelo y de forma reprobatoria la escena que protagonizaban su hermanito y Georg.
&
Estaban de nuevo en el hotel. Luego de un largo día de playa debían descansar por que saldrían a Alemania a tempranas horas de la mañana.
Y ahí, en la cama de nuevo. Esta vez, sin uno de los gemelos. Bill sin saber qué hacer. Su hermano con un humor que lo desconcertaba.
Aunque desde que emprendieron camino al hotel Tom no dejaba de mostrarse cansado y somnoliento, aun se encontraba en el salón de estar de la suite viendo una película.
“¿Desde cuándo a Tom le gustan las películas autobiográficas?” Se preguntaba el menor de los gemelos.
Al pasar un par de horas se adentró Tom a la habitación. Distinguió el bulto en la cama así que pensó que el pelinegro estaba dormido y prefirió ponerse su pijama en la oscuridad.
— ¿Tomi? – le llamó desde la cama al sentir el movimiento en la habitación.
—Pensé que estabas durmiendo. – respondió simplemente.
—Yo… no. Te estaba esperando. – le hizo un espacio en la cama.
—Es muy tarde. Deberías estar durmiendo.
—Tú también. – le dijo, mientras sentía el calor de la presencia del cuerpo del rastudo a su lado.
— ¿Para qué me esperabas?
—No lo sé. Siento que estás enojado. ¿Qué te ocurre?
—Nada.
— ¿Hice algo malo? – continuó agachando la mirada por sentirse culpable.
—No. Ya duerme. Buenas noches. – le puso fin a la conversación y se acomodó de perfil dándole la espalda a un triste Bill.
—Buenas noches Tomi. – susurró con su dulce voz, antes de posicionarse igual que su hermano, quedando espalda contra espalda y extrañamente herido por el rechazo.
Tom no dormía. No podía dormir teniendo a Bill a su lado y estar sin tocarlo. Desde que comenzaron esas estúpidas terapias algo le hacía sentir necesidad de Bill las veinticuatro horas del día.
El pelinegro tampoco dormía. Sumergido en sus pensamiento. Sumergido en Tom.
Al cabo de varios minutos Tom se dio por vencido y desechó su fuerza de voluntad. Se giró en la cama y atrajo el cuerpo de Bill al suyo, apegando la espalda del pelinegro a su pecho, abrazándolo por la cintura y apoyando su mentón en el hombro del menor. Respirando su olor.
—No tienes perfume. – le comentó a Bill. Sabía que estaba despierto, lo sintió cuando lo abrazo.
—Lo olvide. – dijo tímido.
—Así es mejor. Me gusta como hueles. Hueles a ti. – alegó para luego depositar un beso en el cuello del menor haciéndolo estremecer.
— ¿Ya no estas molesto? – le preguntó girándose para poder mirar a su hermano, sin romper el agarre de Tom en su cuerpo.
—Nunca lo estuve Billi. – le respondió dulcemente y sonriendo.
—Hace un momento sí. – le acusó con un puchero. —No me gustas que estés enojado. – siguió bajando su mirada.
—Oye, – le llamó, tomando su mentón – Disculpa ¿Si?… Solo estoy cansado ¿Esta bien? – le cuestionó preocupado recibiendo un asentimiento.
— ¿Ahora, si puedo besarte? – se sonrojó el menor al preguntarle aquello.
—Claro que sí. – le dio un beso en la mejilla al menor para luego recibir uno igual por parte de él.
&
Ya estaban en Alemania, en una nueva cita con Olivia, la sexta para ser exactos y seguía en el consultorio el mismo sofá que cada vez parecía más pequeño.
Olivia miraba a los gemelos analizándolos. Desde que entraron estaban riendo y más cercanos físicamente. Bill se sonrojaba por cualquier contacto con Tom, pero de igual forma no se despegaban en ningún momento.
Los Kaulitz tomaron asiento en aquel sofá y esta vez no lo sintieron tan pequeño. Realmente estaban muy cómodos, muy cerca.
Luego de saludarse con la doctora y comentar cosas sin importancia se adentraron en el asunto.
—… Ya dan una imagen de hermanos. Hermanos que se quieren, que son cómplices y que son afectuosos el uno con el otro, pero eso no es todo lo que estamos buscando – comentó sobre la percepción que le daban los gemelos. — ¿Saben que falta? Falta romanticismo, falta picardía y sobre todo falta deseo. – concluyó.
Esas palabras dejaron pensando al de rastas. ¿Deseo? No sabía a qué deseo se refería Olivia, pero estaba seguro que él ahorita deseaba estar con Bill. Pasar tiempo con él, solo con él, sin Georg robándose la atención de su hermano o con tontos pidiendo su número de teléfono. Solo para él, porque Bill era su gemelo.
—Pero todo es paso por paso. – continuó explicando. —Y no hay nada más romántico que una cita.
— ¿Una cita? – cuestionaron a unísono los gemelos.
—Sí, una cita. Imitaran que se están conociendo y que tienen interés el uno por el otro. La harán y se comportaran como si fueran dos jóvenes normales, no hermanos
— No. ¿Una cita?… Eso es extraño. – expresó el mayor.
— ¿Extraño? Están falsificando incesto. Eso es extraño. – opinó con obviedad. Pensó un momento – La organizaras tú, Tom. – sentenció.
Continúa…
Gracias por leer.