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Fic TWC de LadyScriptois

Ejercicio 5.2

Habían pasado varios días desde aquella cita con Olivia que dejó a los gemelos confundidos.

— Gracias, pero… Eh… Deberías dejar de hacer eso. Vacaciones. Ya sabes. – dijo el pelinegro apenado.

—Solo te abrí la puerta. – decía el de rastas, entrando luego del pelinegro a al apartamento.

Eso era algo que confundía al menor. Cuando aceptó el ejercicio fue porque, primero: Olivia se lo pidió, segundo: quería darle un descanso a Tom.

Sin embargo el descanso no iba del todo bien. Tom aún tenía ciertos detalles con el menor, que se suponía que solo deberían hacerse cuando estaban en los ejercicios de pareja.

—Es que… no debe ser. – le dijo ganándose la atención del mayor. —Los hermanos normales no hacen eso. – murmuró incapaz de devolverle la mirada al de rastas.

—Está bien, joder. – dijo y se marchó a su habitación.

Tom estaba frustrado en todos los sentidos. Aun lamentaba el haber aceptado lo propuesto por Olivia. Pudo haber inventado alguna excusaPodría enfriar y perjudicar lo que hemos trabajado ”oSeria mejor terminar todo rápido, no perdamos tiempo en esto”. Cualquier puta excusa, pero no hizo algo. No pudo contra la emoción que demostraba Bill. Porque hubiese sido egoísta para con Bill, quien tal vez ya estaba cansado de todo.

El mismo no podía negarse que aún seguía manteniendo ciertas actitudes, no como las que él quisiera, pero que ya eran inevitables para el mayor, como abrirle la puerta a su hermanito, o como que si bien, no había un por hora, había al menos una llamada. Nada físico, pero de igual forma era incorrecto lo que hacía en esa etapa de vacaciones. Y Bill se encargaba de hacérselo saber. Cualquier avance fuera del patrón de lo fraternal era notado y detenido por el menor.

No abrazos, no besos, no interacciones más allá de las que son normales para los hermanos.”

Bill seguía al pie de la letra cada una de las instrucciones de Olivia. No habían más abrazos de buenos días, ni besos de buenas noches, no había en los labios del menor ese Tomi que el mayor adoraba, ni escapadas a mitad de la noche a la cama del de rastas sin razón alguna. Nada.

Bill no lo estaba disfrutando. El primer día descubrió que no sería nada fácil. Se levantó a las siete de la mañana por falta de sueño y, esperando que su hermano también hubiese despertado, tomó rumbo a la habitación del frente, deteniéndose a mitad de camino al recordar las palabras de Olivia. Tuvo que morderse la lengua varias veces o simplemente pensar antes de hablar para no decirle a su hermano Tomi. Antes de salir de su habitación cada mañana se preparaba mentalmente para al salir no abalanzarse sobre el mayor en un tierno abrazo, como solía hacerlo. Iba a dormirse más temprano de lo normal, para no caer en la tentación del común beso que venía siendo parte de su rutina desde haces días.

Realmente se estaba esforzando mucho, y Tom no ayudaba. Por ello trataba de evitar cualquier avance del mayor, porque Olivia había dicho: “Solo iras contra ellas si Tom también lo hace, pero Tom debe ser el de la iniciativa”. Y sabía que si dejaba a Tom seguir con esas insignificantes acciones, él sería quien tomara la iniciativa y mandaría de viaje al ejercicio. Sin embargo, no lo hacía porque estaría de nuevo obligando a Tom a algo que él no quería. O eso pensaba el menor.

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¿Qué sucede?– preguntó preocupado David por el micrófono que comunicaba el salón de ensayos y el área de edición. Desde el cristal vio como el rostro de Gustav se contrajo en una muestra de dolor.

Bill dejó de cantar y los demás detuvieron el sonar de sus instrumentos. Tom se dirigió inmediatamente hasta Gustav.

— ¿Calambre? – le preguntó recibiendo un asentimiento por parte del rubio. —Tomemos un descanso. – le anunció a los demás.

Estaban ensayando desde temprano, y estaban agotados, especialmente Gustav, quien debía mantener su cuerpo en la misma posición por horas y mover todas sus extremidades, así que no era raro que sufriera su cuerpo esas dolorosas reacciones.

Luego de un par de horas descansando, llegó la hora de la cena, así que alargaron su receso y decidieron que mejor sería continuar al día siguiente.

—Chicos mañana llegaré un poco tarde, por favor comiencen sin mí y se portan bien. – les advirtió David entrando a su rol paternal.

— ¿Por qué llegaras tarde? – preguntó interesado Bill, mordiendo un trozo de pizza.

—Mañana lo sabrán. Le traeré para que lo conozcan.

— ¿Ña ien? – siguió preguntando.

—No hables con la boca llena – le dijo su gemelo mayor dulcemente. Tomando una servilleta y limpiando con delicadeza la comisura del labio de Bill que se llenó de salsa. — Lo siento. – le dijo descifrando la mirada de confundido que le daba el menor.

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—Esperaba encontrarlos ensayando. – los miró acusador David.

—Y lo hicimos. – afirmó Georg.

— ¿Peter? – preguntó el producto mirando a su colega, quien negó con la cabeza.

— Bocazas. – le dijo infantilmente el cantante.

—Bueno, entonces aprovechando que están no hacen algo. Quiero presentarle a alguien.

— ¿A quién? – preguntó curioso Tom al ver que David estaba solo.

—Viene dentro de poco.

— ¿Es una chica? – cuestionó jugando con su piercing. Ganándose una mirada reprobatoria por Bill, aunque no lo notó.

—No, es mi ahijado. Desde hace dos meses ha estado en Berlín y me he enterado, así que lo he traído el día de hoy para que lo conozcan. ¡Ahí estas! – anunció viendo como entraba su ahijado medio perdido al estudio. — Él es…

— ¡Daniel! – anunció feliz el cantante al reconocerlo. Era el chico del otro día en el club. Le agradó mucho.

—Hola, Bill. – le regaló una sonrisa.

— ¿Se conocen? – les interrumpió confundido el producto.

—En el club. ¿Cierto? – cuestionó el de rastas mirando de esa forma al visitante.

—Sí. ¿Cómo estas, Tom? – le saludó.

—Bien. – le respondió sin muchas ganas.

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Una hora después y había mucha curiosidad por Daniel. Todos interesados, menos Tom, quien veía con mala cara como Bill estaba tan cerca de Daniel y tan curioso.

Resultó que Daniel venia de Estado Unidos y tenía un inglés de envidia. Así que el menor no dudó en aceptar cuando le ofreció en ayudarle con su pronunciación.

Clases de inglés con Daniel” apodó con amargura la escena el mayor.

— ¿Por qué no cantas algo? – le pidió David.

«Solo falta que cante hermoso y a Bill se le termine de caer la baba.» pensaba Tom.

— ¿Cantas? ¡Sí! ¡Hazlo! En ingles, así aprendo más. – pidió emocionado el cantante.

—Está bien, te dedicare una canción. – le dijo coqueto a Bill haciéndolo sonrojar ante los sorprendidos presentes.

Daniel les pidió a los chicos ayuda con ello, era una canción bastante conocida y él simplemente le haría una modificación en la letra para poder dedicársela al pelinegro. Gustav encantado accedió a tocar la batería para él, Georg tampoco dudó en colaborar y, como se necesitaba una segunda guitarra, le pidió el favor a Tom, quien lo hizo para no quedar mal ante David.

Daniel tomó una acústica y se sentó en una butaca, acompañado a cada lado por Georg y Tom, mientras Bill observaba de pie frente a ellos.

—La canción es You’re Beautiful de James Blunt. – dijo mirando directamente al pelinegro quien sintió sus mejillas arder de vergüenza.

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— Entonces ¿Sales? – le preguntó a su hermano, viendo como Bill se arreglaba esmeradamente frente al espejo — ¿Una cita? – siguió preguntando. — ¿Te gusta? – continuó clavando su mirada penetrante en Bill.

—Si… – respondió nervioso. — Es decir, si salgo con Daniel. – tragó un poco ante la mirada desaprobatoria del de rastas. — Iremos a ver una película, será la que te comente la otra vez, se ha estrenado…

—La que se suponía que iríamos a ver juntos. – murmuró Tom.

Daniel le propuso una salida a Bill y el menor luego de aquella dedicación no tuvo el valor para rechazar. Además de que como cada fin de semana, que podían, Georg, Gustav y Tom saldrían a algún club. El cantante no tenía muchos ánimos, así que salir con Daniel le ayudaba a no quedarse solo en casa pensando con quien estaría Tom.

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Desde que llegó al club Tom no paró de pensar en Bill. En Bill y el idiota americano de Daniel, con su estúpido cabello rubio y ojos azules.

Eran alrededor de las diez de la noche, posiblemente Bill ya estuviese en casa. Aunque no tuvieran el contacto que desearía, prefería estar en el mismo lugar y pensar en él, que pensar en él y estar muy lejos.

Pagó la cuenta de él y de la chica que le acompañaba, le besó en despedida y salió del sitio. Se montó en su auto y le avisó a los G’s que se marcharía.

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Daniel y Bill llegaron al edificio donde vivía el menor y el primero insistió en dejar a su acompañante en la puerta de su apartamento.

Bill estaba un poco incómodo, Daniel pasó toda la cita intentado acercamientos a él, lo cual no le gustó del todo. Aun que se suponía que había aceptado con el objetivo de pensar en otra cosa que no fuera en Tom, no pudo evitar pensar en él, en lo distinto que se estaba sintiendo en esa cita y en cómo se sintió en la que tuvo con su hermano mayor, en lo distinto que eran Tom y Daniel, en lo que le gustaría estar con su gemelo.

—Gracias. Buenas noches – se despidió el menor al llegar a la puerta de su departamento.

—Yo… espera. – le pidió Daniel acercándose y besando la mejilla del menor. — Quisiera…– besarte, sería lo que debió haber dicho, sin embargo prefirió mostrarlo en acciones.

Bill gimió de sorpresa y luego de milisegundos, en los que caía en lo que estaba haciendo, lo separó de su cuerpo.

— Adiós. – le dijo entrando a su hogar y cerrándole la cara en la puerta a un Daniel que quería disculparse.

«Idiota», pensó el pelinegro mientras lavaba su boca.

No se suponía que su primer beso fuera robado y menos por un imbécil.

&

Cuando Tom bajaba del ascensor deseó haberse quedado más tiempo en el club. Sin embargo, ya estaba ahí, así que tragándose su coraje, esperó que Bill se adentrara y Daniel se marchara para luego entrar él al apartamento. Esperó unos minutos luego de que aquel par se retirara y decidió hacerlo.

Se encontró con un Bill en pijamas abrazando a Tomi mientras veía algo en el televisor del estar.

—Llegas temprano. – le dijo, sin poder evitar sonreír al ver a su hermano mayor.

Tom no dijo algo, solo intentaba controlarse.

—Pensé que me quedaría solo durante varias horas.

—Pudiste decirle a Daniel que te acompañara.

— ¿Disculpa? – preguntaba confundido Bill.

—Solo olvídalo… – finalizó para adentrarse a su habitación, pero fue seguido por el menor. — Deja de seguirme. – le pidió.

— ¿Estás enojado? – preguntó el de destellos claros.

—No. Sal de mi habitación.

— ¿Es mi culpa?

—No. – mintió, porque si estaba enojado con Bill.

« SE DEJÓ BESAR POR DANIEL ¡JODER!»

—Pensé que habías dejado de fumar. – le dijo el menor al ver que Tom sacaba un cigarrillo de la cajetilla que tenía en su peinadora.

—Y yo pensé que no besabas en la primera cita, pero ya veo que no es así. – explotó.

—Lo viste… – fue lo único que dijo el menor.

—Eres bastante fácil o el muy rápido. – le dijo enfurecido.

—Él me besó… no yo a él. No quería. – intentaba explicarse.

—Pero te dejaste… – le acusó enojado. — Y eso que solo te ha dedicado una canción y han tenido una cita. – bufó. — Si te regala un peluche y flores seguro te dejas follar… — pudo haber seguido volcando su rabia, pero una ardiente y sonora cachetada se plantó en su mejilla derecha.

—Bill… – dijo dándose cuenta de la cagada que cometió.

Bill simplemente lo miraba con ojos húmedos. Atormentado por lo que hizo y por las palabras hirientes que salieron de los labios del mayor hacia él.

Tom vio como una lágrima recorría la mejilla de Bill antes de que el menor abandonara la habitación dejándolo solo con su enojo.

Ahora enojado consigo mismo, porque había hecho lo que nunca en su vida debió haber hecho. Herir a Bill.

Continúa…

Gracias por leer.

Publico y rescato para el fandom TH

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