Reverse 11

«Reverse I» Fic de Alter Saber

Capítulo 11: Soledad

«La timidez es una condición ajena al corazón, una categoría, una dimensión que desemboca en la soledad»

Pablo Neruda

Mamá solía decir que las personas que tuvieran el privilegio de conocer mi verdadera naturaleza, encontrarían un gran tesoro.

Cuando tienes 6 años, la realidad en la que vives no te abruma, ni te desespera, sólo te cuestiona. Existen ocasiones en las que los interrogantes se multiplican, y otras en las que las preguntas escasean, pero las respuestas a dichos planteamientos pueden resolverse con el tiempo y otros, aun después de la muerte, siguen sin ser contestados.

De pequeño siempre me indagué sobre la condición de la «Soledad», es decir, había cientos de momentos en los que me encontraba solo, pero, no me sentía de esa manera; sin embargo, también existían circunstancias en las que estaba completamente rodeado de una multitud de personas y descubría el vacío.

Entonces, ¿Qué era realmente la soledad?

Mi escaso conocimiento al respecto, me llevo a sacar ciertas conclusiones:

1. La soledad es la carencia de compañía (DESCARTADA)

2. Puede tratarse de un sentimiento de melancolía y tristeza que se genera por la ausencia de alguien. (DESCARTADA)

3. Es la percepción vacía de la realidad. (DESCARTADA)

A decir verdad, ninguna de esas resoluciones me hacían sentir tranquilo, es decir, la soledad no puede ser sólo la falta de estar junto a alguien, o la tristeza derivada de su abandono, ni mucho menos el desinterés por el contexto circundante.

Tenía que ser algo más complejo que eso.

Y a mis 15 años, entendí su significado.

El Instituto en el que estudiaba; las personas eran realmente crueles. Siempre se burlaban de mi estilo; sufrí un sinfín de humillaciones por vestirme de una manera algo «Afeminada»; de metidas de cabeza en la tasa del baño hasta daños severos en mis costillas por las fuertes palizas que me eran propinadas por esos subnormales.

Mi vida era un infierno.

Y sí a eso le sumábamos el hecho que sobresalía en todas las materias; es fácil imaginar que el acoso, el desprecio, la deshonra, la ofensa y mortificación que suponía para mis compañeros mi existencia, era incalculable.

La situación en casa no ayudaba mucho; Simone (Mi madre) era una mujer preciosa; siempre le había dicho que mi aspecto delicado se debía en gran medida a su radiante belleza, a lo que ella contestaba:

Bill, cielo, Tú eres mi más adorada creación, ¿Cómo no podrías ser hermoso?

Esas palabras me llenaban de felicidad; amaba a mi madre con locura, ella era todo lo que tenía, mi más grande y preciado tesoro. No obstante, mamá combatía todos los días de su vida con la depresión; siempre tenía crisis de identidad y pensaba que él conseguirse un hombre, era la solución para sus problemas; porque se supone que nosotros brindamos respaldo y seguridad ¿Verdad?

De hecho, no recuerdo cuantos hombres cruzaron por la vida de Simone; algunos habían sido buenos, pero otros, se aprovechaban de la debilidad de mi madre; la usaban, maltrataban y desechaban, cuando se cansaban de sus lamentaciones.

Verla así en ese estado de entera fragilidad, me hacía considerar el hecho que el género masculino no merecía el regalo divino que suponía la existencia de la mujer.

Estos seres tan celestiales, debían ser tratados con amor, cariño, dedicación, delicadeza y compromiso. Pues ellas pueden crear de la nada, el más espectacular de los paisajes.

¿Cómo una criatura capaz de dar vida a otro ser, puede siquiera ser rechazado por otro individuo?

Trataba con todas mis fuerzas de evitar esas relaciones toxicas que sólo empeoraban la condición de mi madre; pero ella, se ensimismaba tanto en su miseria, que prefería soportar todos tipo de humillaciones, a cambio de sentir o tener una falsa ilusión de «Seguridad».

Pero aunque mi madre sufría un tormento enorme, ella siempre me había dicho que Yo, era la razón por la que ella continuaba con vida. Yo, era su motivo, su más grande anhelo y su orgullo.

Nunca critico mi estilo, ni mis pensamientos, ni mis perspectivas, ni la forma en la que me comportaba; por el contrario, siempre me alentaba a defender con fiereza lo que yo consideraba correcto.

Por ejemplo, el día en que me maquillé por primera vez, estaba realmente asustado por la reacción que mamá tendría; pero esa hermosa mujer sólo sonrió y me dijo:

Tengo la dicha de contar con un hijo sumamente guapo. Te ves bien, mi niño.

Simone lo era todo, ella representaba mi mundo y sí había un motivo por el cual me esforzaba tanto en los estudios, era porque añoraba darle una vida de comodidades a mi madre, para que no sufriera y recuperara el brillo en esos ojos que ahora parecían cansados de luchar.

Ella sabía de antemano que en mi colegio, las personas abusaban de mí y en muchas ocasiones, mamá fue hasta allá y habló con los directivos, amenazándolos con demandarlos sino hacían algo al respecto.

Pero había algo que ella me decía cada vez que me veía llorando:

– Bill, las personas están acostumbradas a vivir en una casilla de la cual no salen porque tienen miedo de descubrir la libertad y enfrentar lo desconocido. Sí tú deseas ser diferente, vas a tener que aprender a ser fuerte y valiente; en un comienzo te sentirás solo, pero con el tiempo, encontraras a alguien que te entienda y te apoye. Llorar no está mal, pero no lo conviertas en un hábito, trata de soportarlo y sólo déjalo salir cuando sientas que es el último recurso que posees.

Desde ese día había dejado de llorar, en ocasiones sollozaba pero no dejaba que mis lágrimas se derramaran sobre mis mejillas; debía ser fuerte por ella y por mí.

Con el tiempo, algo de lo que mamá me había dicho se hizo realidad. Conocí a mis hermanos de otra familia.

Georg y Gustav, llegaron al Instituto por intercambio, venían de Alemania y les costó mucho adaptarse a Sacramento. 

Nuestro primer encuentro fue de lo más cómico. Estaba caminando hacia la entrada del colegio, cuando de repente vi que una mano se estiraba hacia mí y sujetaba una hermosa rosa de color rojo; cuando la vi, hice contacto visual con el chico que la sostenía:

– Disculpa, me llamo Georg y él es mi amigo Gustav. Sólo quería decirte que desde el día en que te vi, mis ojos no han parado de observarte y como creo en los milagros; espero que recibas esto de mi parte.

No me parecía alguna especie de broma, al chico le temblaba la mano, parecía estar muy nervioso.

– Perdón que sea directo pero, ¿Eres gay?

– ¿Qué? No, no, no, es decir, no soy homofóbico ni nada de eso, pero no soy gay. ¿Por qué me preguntas?

– Porque soy un hombre.

– Qué cara…

De repente, Gustav no se aguantó la risa y empezó a carcajearse, provocando un sonrojo inminente en Georg, el cual tiro lo rosa al piso y se inclinó hacia mí:

– Lamento mucho el malentendido, por favor, disculpa mi equivocación. No quise ofenderte.

– No hay problema, suelen confundirme con facilidad. Por cierto, ¿Son nuevos?

– Emmm si, venimos de Alemania, llegamos hace sólo unas semanas.

– Oh, qué bien.

– Y, ¿Cómo te llamas?

– Soy Bill Kaulitz y ustedes son Georg y Gustav ¿No?

– Exactamente. Oye Bill, ¿Qué te parece si te invitamos a comer algo? Bueno, para arreglar todo este desastre.

– Jajaja, de verdad que no hay problema y pues ya que lo dices, sí me gustaría ir.

Esa terrible equivocación por parte de Georg, me había guiado hasta mis mejores amigos; aunque me fui de Sacramento, sé que cuento con dos hermanos sobreprotectores, a donde sea que vaya.

Luego de conocerles e integrarlos a mi vida, Simone parecía profundamente feliz de mi relación con los chicos, les consentía como si fueran sus propios hijos; y lo hacía porque sabía de sobra, que sus intenciones eran genuinas; ellos nunca me criticaron, por el contrario, siempre me defendían y cuidaban de mí.

Pero, ni siquiera el calor fraternal que ellos podían ofrecerme, fue suficiente para soportar la partida de mamá. Ella me había mentido, me abandono y antes de irse, lo único que pudo pronunciar fue:

Búscale Bill.

No entendía a lo que se refería mamá en esos momentos; sólo tiempo después lo comprendería. Aun cuando su ausencia era dolorosa, ese lapso me permitió concretar una idea acertada de lo que era en realidad la soledad:

– «Es una sensación que emana de la percepción que se obtiene al no formar parte de nada ni de nadie, que algo en el interior está vacío, aislado, sin un pilar o soporte que brinde un sentido de pertenencia».

Cuando ella se fue, decidí aceptar la oferta de viajar a Alemania y empezar de nuevo. Me despedí de mis hermanos y partí a algo nuevo. Al llegar me había sentido eufórico por el paisajismo que esa ciudad tenia por ofrecerme, pero, ni siquiera en mis sueños más locos, habría imaginado que en Frankfurt residía la deidad capaz de sacarme de esa soledad en la que estaba sumergido.

Él era mi pecado.

Mi verdad.

Era Tom.

No importaba cuantas veces me repitiera a mí mismo, que lo que Tom desataba en mí, era lujuria en su estado más puro; muy en el fondo, sabía que la existencia de ese diabólico ser, era la gota de claridad que necesitaba mi cielo gris.

Él era un milagro tecnicolor, era una sorpresa, un deleite, una realidad, un sueño posible; y ni hablar, del momento en que esos hermosos ojos se posaron sobre mí, ni de la forma en la que su lengua jugueteaba ansiosa con ese piercing que se acomodaba en el costado de su boca, ni de cómo sus labios se movían con insistencia sobre los míos, y qué decir de su desnudez…

Era simplemente un ser precioso e irreal.

Él me había dado más que cualquier persona en unos cuantos días; volcó mi mundo, juzgó mis principios y se convirtió en el portador de mi inerte alma; y cómo sólo una divinidad podría hacerlo, Tom había incendiado la llama nuevamente y parecía jurarme que nadie podría apagarla, mientras él estuviera junto a mí, nada ni nadie lo lograría.

Hasta qué escuche esa frase que no dejaba de torturar mi cabeza:

«Tú ya no me interesas»

Tom se había soltado de mi débil agarre y se dirigió hasta su cuarto. Sin embargo, Yo, no podía reaccionar, me sentía vacío, roto, desamparado, aislado, solo, completamente destruido; pero, mi cuerpo no reaccionaba, no entendía cómo era posible que no hubiese estallado en llantos y gritos ahogados.

Como pude, subí a mi cuarto, me cambié de ropa y en un bolso pequeño, empaqué algunas prendas, unos dulces, agua y mi celular. Salí en silencio de mi habitación y sin que nadie se percatase, hui de allí; me escapé de ese lugar que ahora me parecía tan pequeño y sofocante.

Comencé a caminar a través del bosque, iba en silencio, pensando en nada; mi mente estaba en blanco, sólo percibía el sonido del agua corriendo por el arroyo, veía como las estrellas brillaban esa noche y Yo, seguía sin comprender lo que acababa de suceder.

Es decir, ¿Tom me había desechado?

Pero, ¿Acaso no estuvimos a punto de hacerlo unos días atrás?

¿No se suponía que yo era de él?

¿Ya no era mi dueño?

No lo entendía o simplemente, no quería hacerlo.

Sabía que si me detenía a pensar en lo que Tom me había dicho; tendría una crisis o peor aún, una recaída.

Por eso, salí de allí sin pensar mucho en las consecuencias, ¿Cómo se suponía que debía vivir en esa casa sí Tom ya no me veía de la misma manera?

El sólo concebirlo era insoportable.

En algún momento del trayecto que me llevaba a ninguna parte en especial; culpé a Lele de lo sucedido; sí ella no hubiese aparecido ese día, quizás mi relación con Tom estaría en su mejor momento, quizás yo habría tenido el valor suficiente de entregarle lo poco que quedaba de mi antiguo ser y así, en una complicidad absoluta, ambos habríamos disfrutado del placer, la lujuria, la gloria, la plenitud, y porque no, del amor que nos teníamos.

Descarté esa posibilidad de inmediato, ¿Qué culpa tenía Lele de haberse fijado en un ser que se encontraba atado a un dueño que le tenía completamente hipnotizado?

Días después de ese incidente, Lele se había acercado a mí y me pidió disculpas; mientras ella me relataba su historia y lo despiadada que había sido su infancia; comprendí, que lo que ella perseguía no era más que el recuerdo de su madre; al igual que yo.

Yo, acepté sus razones y le dije:

Mira Lele, sólo olvidémonos de lo que paso ¿Si? Tú y yo podríamos forjar una amistad duradera, ¿No lo crees?

Si Bill, sólo te pido que me des un poco más de tiempo para resignarme a la idea de no tenerte de la forma en la que deseo.

Ammm, está bien. Pero, no podrás zafarte tan fácil de mí, eh.

Jajaja, bien, sigamos hablando como ahora y dejemos que el tiempo se lleve los rastros de éste amor no correspondido.

Oye, no digas cosas tan tristes, me haces sentir miserable.

Eres un miserable.

¿Qué? Lele, venga, no me odies.

No te odio, tonto.

No soy tonto…

Lo eres.

No lo soy.

Sí lo eres.

Si lo soy.

No lo eres.

Y ambos empezamos a reír. Desde ese momento, Lele y yo trabajamos juntos en todos los aspectos referentes a la Universidad; charlábamos y nos cuestionábamos sobre todo. A veces, nuestras conversaciones eran de un calibre muy serio, pero, había otras (Casi la mayoría) en las que hablábamos de estupideces, nos reíamos de nuestras ocurrencias y Yo sentía, que aun a lo lejos de Georg y Gustav; había encontrado en Lele, el apoyo que ellos me brindaban en Sacramento.

Detuve mi momento de reflexión y me di cuenta que llevaba unas cuantas horas caminando; y cada vez, tenía menos idea de dónde demonios me encontraba. De las pocas semanas que llevaba en Frankfurt, sólo conocía un centro comercial y un McDonald’s al que iba en reiteradas ocasiones con Lele.

Pero, él escenario que tenía frente mío, era muy desolador.

No había rastro de vida humana por ese lugar, era una llanura inmensa y la vegetación era realmente escasa…

Dios, ¿Acaso estaba en alguna especie de desierto?

Giré mi rostro y empecé a devolverme, pero conforme ingresaba en esa densa cobertura; más difícil era recordar el trayecto por el que había caminado.

Bueno, creo que debo dejar mis introspecciones para cuando me encuentre en un cuarto y no cuando este andando por un lugar que no conozco.

Sin previo aviso, escuché como «Algo» en los arbustos empezaba a moverse y entré en pánico. Hacía exactamente dos días, había leído un artículo científico que hablaba del incremento de la población de Linces en los bosques de Frankfurt; que su ascenso, se debía a que las condiciones del clima favorecían sus etapas de reproducción y que ahora era sencillo, encontrar manadas de este tipo de felinos.

ESTOY JODIDO.

Oh, Dios santo. De seguro, en cualquier momento un Lince va a saltar de esos arbustos y me va a devorar vivo; Si, eso era lo que le sucedía a la gente cuando en vez de fijarse el lugar por donde caminaba, se ponía a pensar en un hombre estúpidamente sensual como Tom.

Está bien, no tan particular como eso.

Pero, lo más probable era que un grupo de Linces hambrientos, vendrían hasta mí y formarían un círculo alrededor mío; me verían como emmm, como Tom solía hacerlo y se lanzarían por mí.

Bueno, tal vez no tan especifico como eso.

Y cuando creí que mi muerte estaba asegurada, vi como de esos espesos arbustos salía lo que en verdad, sí parecía ser un Lince; sin reconsiderarlo, me eché a correr como el demonio; mi estado físico me estaba jugando en contra, mis pulmones parecían salirse de mi pecho, el corazón lo tenía en la garganta; pero escuchar esas fuertes pisadas tras de mí, eran lo único que necesitaba para no detenerme ni aunque Tom lo quisiera (Bueno, sí él lo deseara, Yo, podría quizás, en un remoto caso, frenar. Mierda Bill, te van a terminar devorando por andar pensando en estupideces).

Cuando sentí que nada venía detrás de mí, paré en seco y empecé a toser con fuerza. Mis pulmones me exigían oxigeno por montones; entonces, me agache y comencé a tomar bocanadas enteras de aire para así recuperar el aliento y continuar por donde fuera que estuviera.

Al levantar mi mirada, me di cuenta que me encontraba en una especie de carretera vieja y sin más opciones; caminé por más o menos unas dos horas y en ese tiempo, lo único que había logrado conseguir, era ver como los árboles se volvían más y más altos a mi alrededor. Tenía miedo…

¿Y si no lograba regresar?

¿Y si los Trümper pensaran en mi perdida como una especie de alivio monetario?

¿Y sí de ahora en adelante debía vivir como un ermitaño?

O peor aún, ¿Y si moría en ese lugar?

Mierda.

No debí irme así…

En un débil intento por recuperar algo de esperanza, recordé que había llevado mi celular; podría llamar a casa y pedirle a alguien que fuera por mí; sí, eso haría. Saque el móvil de mi bolso y para mi desgracia, estaba descargado.

Y ahora, ¿En dónde iba a conseguir un maldito cargador?

Dios, estoy perdido.

Continué caminando y de un momento a otro, sentí como unas pequeñas gotas de agua empezaron a descender de los cielos y pensé:

Para colmo de males…

Comenzó a llover, sin embargo, lo que un inicio parecía una pasajera llovizna, se convirtió en un huracán enfurecido; tuve que correr y buscar lo que fuera que me brindara algo de refugio; al voltear mi cabeza hacia la izquierda, pude ver una diminuta cabaña y sin tener nada en cuenta, me dispuse a ir hasta allí.

Toqué la puerta, esperando que alguien saliera; pero, no obtuve ninguna respuesta. Entonces, abrí y vi que se encontraba completamente sola.

Bien, al menos había encontrado donde pasar el resto de noche sin tener que soportar esa impetuosa tormenta.

Cerré la puerta y empecé a buscar algo con que encender un poco de fuego, porque la temperatura en ese lugar era demasiado baja y sentía que moriría de una hipotermia sino entraba en calor lo antes posible.

Para mi fortuna, di con una caja de cerillas y encontré una chimenea que aun poseía algunos troncos; encendí la fogata y me senté en el suelo. Saqué mi chaqueta y una bolsa de dulces; mientras comía en el silencio ensordecedor de esa diminuta cabaña; sentí una presión en mi pecho.

Le veía venir…

Unas escasas lágrimas empezaron a brotar por mis ojos, mis labios estaban apretando con fuerza, mis manos estaban inquietas y sin poder contenerlo:

Lloré, como en mucho tiempo no lo hacía; me sentía en soledad.

Ya no tenía la luz que me había sacado de la oscuridad, a mi lado no estaba Tom y lo peor, era que nunca más le vería de nuevo. No sabía con certeza cuando llegaría a casa, o si alguien se preocuparía por mi desaparición.

Es decir, Yo no era hijo de los Trümper, ni pareja o amigo de Tom; mi único consuelo era Lele, pero ella tardaría mucho en encontrarme por sí sola.

Entonces, ¿Qué sucederá conmigo?

Pensaba, lloraba, reflexionaba, gritaba y volvía a meditar. Ninguna de las opciones que trataba de estructurar me servía de algo. Me sentía solo y no había nadie que pudiera avivar una esperanza en mí, porque él único que lograría algo, ha perdido todo interés.

Me dejo.

Me abandono.

Se cansó.

Y me aparto de su lado.

¿Qué hubiese sucedido sí en vez de haberme comportado con un poco de orgullo y dignidad; hubiera sido dócil y sincero?

¿Sería que Tom me habría aceptado?

¿Estaríamos juntos?

¿Gozaría de su calidez y ternura, de su sensual cuerpo, de su descontrolada lujuria, de su reciente pasión?

Quizás, sólo tal vez, si no hubiese sido terco, él y yo estaríamos en medio de sabanas azules; abrazados el uno al otro, disfrutando de la plenitud que suponía la existencia de cada uno.

Y sí lo hubiese dejado hacer conmigo lo que quisiese…

¿Él estaría aquí?

Si, quizás seguiría junto a mí y sus ojos se sumergirían en mi alma y yo, descansaría en la paz que sólo él podía otorgarme.

Estaría completo.

Cuanto me gustaría tenerle.

No importa si no me toca, si no me besa, si no me ve con lujuria; no importa, eso ahora ya no es relevante; sí con eso, podía gozar de su compañía…

No necesitaría nada más.

A estas alturas, ignorar el creciente sentimiento de amor por Tom, era ridículo. ¿Cómo podía pensar en él aun en estos momentos? ¿Cómo podía añorar su compañía, sabiendo que a causa de su abandono, yo me había extraviado?

Pero, así eran las cosas.

No podía negarlo más.

Le amaba.

Y con profunda locura.

Hay personas que dicen que el «Amor» es algo que llega con el tiempo, no con los momentos ni las vivencias; pero, que equivocados estaban. Ya hace unos cuantos años atrás, Einstein había aclarado esa situación…

«Cuando un hombre se sienta con una chica bonita durante una hora, parece que fuese un minuto. Pero déjalo que se siente en una estufa caliente durante un minuto y parecerá más de una hora. Eso es relatividad»

El amor era relativo, no necesariamente se tenía que convivir con alguien por años para enamorarte; a mi me bastaron segundos, para caer rendido ante él.

¡Qué absurdo, cruel e inconsciente era el amor!

Se calaba en mi interior y no dejaba de reproducir imágenes de los momentos en los que había sido tocado por ese ser sublime.

Recordaba todo, como sí de una buena película se tratara:

Tom viéndome.

Tom sonriendo.

Tom tocándome.

Tom besándome.

Tom desnudo.

Tom…

Un fuerte ruido me saco de mis pensamientos, al parecer estaba empezando a tronar.

Con el miedo que les tenía…

Quería desaparecer.

¿Por qué no simplemente podía perecer aquí?

Estaba abandonando mis ganas de seguir, resignado, devastado, olvidado, frustrado y desesperado. No obstante, también tenía una diminuta esperanza de que esas inconfundibles rastas que adornaban su cabeza, se asomaran por esa puerta y me dijeran:

– Aquí estoy.

Como deseaba que eso sucediera.

Y como si mi suplica hubiese sido escuchada; pude ver como la puerta se abría de par en par y de repente, tras esa tormentosa lluvia, estaba él; parado en el quicio de esa cabaña, dudando entre matarme o aliviarse, porque sus ojos reflejaban angustia, pero luego de observarme, parecía estar más tranquilo; sin desearlo, no pude evitar pronunciar su nombre…

¿Tom?

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.

Publico y rescato para el fandom TH

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