«Revoltoso» Fic Toll de MaryKaulitz
Capítulo 15
—¿Qué te dijo tu mamá? —Fue lo primero que dijo Bill al ver salir a Tom de la escuela.
—Que quería tener nietos —respondió Tom encogiendo los hombros. Le sonrió a Bill—. Está todo bien, creo que lo acepto…
—¿Lo tomo bien? —pregunto Andreas desde el auto, sentado al lado de Natalie.
—Mejor de lo que pensé —confesó Natalie por su hermano. Tom asintió.
—Eso es bueno —acepto Bill sonriendo—. ¿Vamos? —preguntó.
—¿Adonde? —preguntó Natalie.
—Ustedes no —aclaró Bill riendo. Tom alzo una ceja—. Iré a dejarlos, luego me llevo a Tom a otro lado.
—¿Adonde? —preguntó esta vez Tom.
—Sorpresa —Bill le guiño un ojo en respuesta.
—¿Si te abrazo apretadito me lo dirás? —dijo haciéndole ojitos.
—¿Te entro algo en los ojos? —preguntó Bill intentando en vano ocultar la sonrisa.
—Eras tan… —Tom bufo. Decidió cambiar de táctica—. Bill… —gimoteo, abrazándolo fuerte. Bill se sonrojo—. Bésame —pidió en un susurro. Bill así lo hizo.
«Ya lo tengo», pensó Tom separándose.
—¿Me dirás ahora? —pregunto Tom apretándose contra Bill. Bill rio.
—No.
—No quiero ir —refunfuño Tom soltando a Bill—. Si no me dices, no iré —sentencio cruzado sus brazos.
—¡No seas infantil! —reclamo Bill riendo—. Vamos sube, para dejar a estos en sus casas —mandó.
Tom seguía mascullando, sin escuchar a Bill.
—Tom, no seas bebito y sube rápido —reclamo Natalie… sentada en su asiento.
—¿Qué haces ahí? —pregunto frunciendo el ceño.
—No te apurabas, te pusiste todo pegajoso, sin contar que parecías un bebe, así que me cambie de asiento —Natalie sonrió divertida—. Es tu castigo, bebito Tomi.
—¡Bill! —reclamó Tom haciendo un puchero.
—Vamos, siéntate con Andy y Gustav detrás —dijo Bill subiéndose al auto—. Cuando los dejemos en sus casas, nos vamos juntos, ¿sí?
Tom subió preguntándose en qué momento el auto se había convertido en un taxi.
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—¿Entonces…? —preguntó Tom cuando dejaron a Natalie en su casa— Ya dejamos a Andreas y Gustav, ¿me dirás ahora adónde vamos?
—Que no —respondió Bill—. Es sorpresa. —Sonrió. Tom hizo un puchero.
—Bien, no tendrás besos hasta que me digas —sentenció Tom. El auto se puso en marcha.
—Oh, vamos —reclamo Bill—. No estás hablando en serio.
—Sí, lo estoy —Fue todo lo que respondió Tom.
—Bien, tú pierdes, tampoco quería besarte —dijo Bill alzando una ceja.
—¡Bill! —chilló Tom— No mientas, ¡todos quieren besarme!
—¿Qué? —preguntó Bill frunciendo el ceño— ¿Quién quiere besarte?
—Mucha gente —dijo Tom sonriendo.
—¿Tengo que preocuparme? —pregunto Bill desconfiado. No desconfiaba de Tom, sino de los otros.
—Sí —respondió Tom seriamente. Bill frunció el ceño.
—¿Por qué? —Alzo una ceja.
—Porque no quieres besarme, y tendré que buscar a alguien que lo haga —respondió Tom.
—No seas payaso —exclamo Bill, mientras estacionaba—. Mírame —Tom lo hizo, y antes de que pudiera hablar, Bill lo estaba besando.
—¡Hey! —reclamo Tom cuando se separaron.
—¿Quién dijo que no habrían besos para mí? —Bill rio—. Por cierto, hemos llegado.
Tom miro al frente—. ¿Un restaurant? ¿Qué hacemos aquí?
—Vamos a mirar la comida —Respondió Bill sonriendo.
—Chistosito. —Tom solo le saco la lengua.
—Este es una de las formas que tiene mi familia para ganar dinero —comento Bill bajando del auto.
—¿Esto es de tu familia? —pregunto Tom asombrado. Bill asintió—. Es elegante, y está casi lleno —Señalo hacia dentro.
—Siempre es así. —Bill se encogió de hombros— El restaurant es de mis abuelos, mi papá trabaja en… no sé qué hace exactamente, pero es un negocio importante. —rió.
—¿Seguirás con el trabajo de tu padre, cuando crezcas? —preguntó Tom llegando al restaurant.
Bill rió—. Ya soy grande, gracias. Y sí, tengo que seguir la tradición familiar, y todo eso.
—y, ¿no sabes en que tendrás que trabajar? —preguntó Tom frunciendo los labios.
—Tomi. —Se quejó Bill, dándole un pequeño baso en los labios—. Aun soy joven, me queda casi un año para disfrutar antes de entrar a la universidad. Mi padre me ha hablado de su trabajo y lo he acompañado a un par de reuniones, pero me falta conocer más para poder decirte de que va… y Jörg prometió enseñarme algunas cosas cuándo salga de la escuela. Así que solo tengo que esperar para saber todo lo necesario.
Cuando Bill se dio cuenta, se habían quedado parados frente a la puerta del restaurant.
—¿Entramos? —pregunto Tom, confundido.
—Claro —dijo Bill abriendo la puerta y dejando pasar a Tom—. Bienvenido a Las Tinajas, el restaurant de mis abuelos.
Tom rió—. ¿Por qué “Las Tinajas”? Es un nombre extraño…
—Mi abuelo vivía en la calle Las Tinajas, cuando era pequeño. —Bill se encogió de hombros—. Yo también le he preguntado.
—Buenas tardes. —Se les acerco un mesero—. ¡Bill! No te había reconocido —dijo el recién llegado, abrazando a Bill—. ¿Cómo has estado?
—Hola —saludo Bill cuando se separaron—. Bien. Y, ¿tú?
—Bien, ganando dinero. —Rio el mesero, luego miro a Tom—. Hola, tú debes ser Tom.
—Sí, ¿nos conocemos? —pregunto Tom confundido.
—Andi me ha hablado de ti —aclaró el chico sonriendo—. Por cierto, mi nombre es Derek. Yo seré su mesero, así que los acompañare a una mesa. Síganme, por favor.
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Aprovechando la discreción de la mesa
—Yo… he estado pensando mucho en… donde sería perfecto… ya sabes, hacer esto. —dijo Bill nervioso—. Ay, Dios que vergüenza… Había pensado en el Parque de diversiones, pero se me colaron personas. Luego pensé, y pensé, y pensé, y juro que casi muero de tanto pensar… hasta que, ¡pumm! Aquí estamos, esto vino como en una epifanía. —Rio—. La cosa es… que… —Se sonrojo—. Me gustas… mucho, y creo… no, estoy seguro; que podría llegar a amarte…
Tom se sonrojo—. Tú también me gustas mucho.
—Déjame terminar. ¿Por dónde iba…? —regañó Bill frunciendo los labios—. Bien… ¿Quieres… quieres ser mí…? Ay, Dios creo que no puedo. —Respiro hondo—. ¿Quieresporlamierdaquedificilserminovio?
—Eh… sí —dijo Tom sonriendo nervioso—. ¿Ahora nos besamos?
—Claro —dijo Bill acercándose para besarlo.
Se sonrieron felices al separarse.
Continúa…
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