1: La Voz

La apariencia de los chicos es la misma del banner: Bill joven, usando maquillaje y cabello negro. Y Tom SIN barba y cabello trenzado.

Tinta” (Fic de MizukyChan)

Capítulo 1: La Voz

Finalmente lo había logrado, había convencido a Tom de hacerse un tatuaje y no sólo eso, sino que él mismo lo acompañaría a hacerlo. Bill se sentía orgulloso de su persistencia.

—No puedo creer que te marcaras casi todo el pecho con este símbolo —dijo Tom achinando lo ojos, para ver los pequeños detalles del enorme tatuaje que su gemelo se había grabado en el cuerpo—. ¿Puedo tocarlo? —Preguntó el mayor, un poco dudoso pues todavía se veía un poco inflamado.

—Sí, puedes —respondió ansioso el pelinegro.

Tom estiró la mano y con las yemas de los dedos tocó el borde, con toda la delicadeza que le fue posible—. ¿Te duele?

Bill soltó el aire que estaba conteniendo, pero no pudo vocalizar, así que sólo negó con la cabeza.

—¿Estás seguro? —Insistió el mayor.

Bill sonrió ampliamente—. Vamos, no duele tanto, no seas cobarde.

—No me voy a acobardar, es hermoso. Mira los colores. —Pasó los dedos, con sólo roces, por toda el área superior del dibujo—. Son tan vivos.

—Es cierto. A mí también me llamó la atención la vivacidad de los colores.

—¿Y por qué esta frase? ¿Nos vemos en el espacio exterior? —Tom alzó una ceja.

El pelinegro se alzó de hombros—. No estoy seguro.

El trenzado finalmente quitó la mano y se irguió muy rápido, quedando a sólo centímetros de la cara de su hermano—. ¿Irás conmigo? —Preguntó para asegurarse.

—Por supuesto, te daré pañuelos de papel cuando llores como bebé.

Tom arrugó la nariz—. Sabes que siempre he evitado los tatuajes por lo que ocurrió con Brian, ¿verdad?

—Sí, lo sé. —Brian, un compañero de escuela de Tom que contrajo SIDA por tatuarse en un local no autorizado, había sido la causa de que el mayor siempre regañara a Bill, cuando intentaba marcarse algo en el cuerpo.

—Sólo quiero estar seguro.

—Frank es muy higiénico, su local tiene todos los permisos. A mí nunca me ha pasado nada en su tienda. Tiene los certificados de salud y todos sus equipos se esterilizan. —Bill estiró una mano y cogió una de las trenzas de Tom, bajando la mirada, sólo sintiendo la suavidad del cabello en sus manos—. Si no quieres hacerlo, no voy a obligarte. Son sólo juegos míos, ¿sabes?

—Lo sé —Tom abrazó al pelinegro y le dio un pequeño beso en la frente—. Duerme ahora.

.

El día siguiente pasó sumamente rápido para ambos jóvenes. Bill en sus clases de piano y Tom en su trabajo en el club de deportes. Al atardecer, se dispusieron a comer algo antes de partir al local de tatuajes. El pelinegro insistió en que no era necesario que lo hiciera sólo por satisfacer sus caprichos, pero Tom insistió en que no se trataba de eso.

—Ya basta, Bill. Es algo que he venido meditando desde nuestro cumpleaños. Además, no entiendo por qué de pronto no quieres que me tatúe, si siempre eres tú el que me dice lo genial que me quedaría tal o cual diseño.

—Es que no sé… —«Tengo un mal presentimiento» dijo en su mente.

—Lo haré, pero no el pecho.

—¿No?

—Lo tatuaré en el enorme músculo de mi brazo derecho —dijo con aire de superioridad.

Bill rodó los ojos y bufó—. Engreído. ¿Y ya has pensado en algo? ¿O elegirás entre los modelos de la tienda? ¡Espera! Tengo unos diseños hermosos que te quedarían genial. Soy sexies.

—Ya lo tengo decidido —contestó el trenzado, notando el aire de decepción del menor—. Me haré este —y señaló el pecho del otro.

—¿El mismo? —Bill estaba asombrado.

—Sí, me gusta mucho el diseño y creo que le estoy encontrando mi propio significado —dijo Tom, tocándose la barbilla—. Además yo…

—¿Tú…?

—Quiero que sea algo de ambos, como un tatuaje gemelo. Algo que sea sólo nuestro.

—Entiendo —Bill estaba radiante de felicidad.

&

Ya anocheciendo, los gemelos regresaron a la casa que compartían, con enormes sonrisas. Bill porque tenía un vínculo aun más grande con Tom y éste, porque había hecho feliz al pequeño.

Sin embargo, la tranquilidad se vio alterada en medio de la noche. Tom comenzó a sudar, su sueño se vio interrumpido y de pronto sintió una voz en su cabeza.

«Muy bien hecho, Tom, lo has hecho feliz»

El trenzado se sentó en la cama y encendió la luz del velador, mirando en todas direcciones, buscando la fuente del sonido. Pero no había nadie más allí.

Desorientado, decidió dar una vuelta por la casa, para asegurarse de que todo estaba bien cerrado. La primera puerta que abrió fue la de su hermano. No pudo evitar sonreír al verlo tendido, con medio cuerpo descubierto. Se acercó lentamente y tomó la manta para cubrirlo bien.

«¿Por qué no tocas un poco de piel? Se ve muy suave al tacto»

Tom entrecerró los ojos y giró, quizás muy bruscamente, provocando un ruido.

—Mhm, Tomi… —susurró el pelinegro en sueños.

«¿No te parece un lindo gatito?»

El trenzado empuñó las manos y salió de la habitación. Caminó por el pequeño pasillo hasta la sala, asegurando puertas y ventanas. Se detuvo en la cocina y tomó un vaso de agua fría.

—¿Tomi, qué pasa? —Preguntó Bill, tenía los ojos semi cerrados y se cubrió la boca para bostezar—. Te escuché.

—¿Qué? ¿Qué escuchaste? —Tom estaba nervioso.

—Tus pasos…

—¿Sólo eso?

—¿Y qué más habría de escuchar?

—No sé. Yo… escuché ruidos y salí a revisar. Pero todo está bien, todo está cerrado.

El pelinegro abrió los ojos y se acercó a su gemelo, alzando la mano para tocarle la frente, perlada de sudor—. Creo que tienes un poco de fiebre. Debe ser por el tatuaje. Será mejor que te acuestes. Ven, yo te cuidaré.

Tomó la mano del mayor y lo llevó de vuelta a su habitación. Y para sorpresa de Tom, se metió en la cama con él.

—No es necesario que te quedes aquí. Estarás incómodo.

—Sabes que duermo como una roca y quiero darme cuenta si te sientes mal —respondió el pelinegro, soltando un sonoro bostezo. Le dio la espalda a Tom y se dispuso a dormir.

Milagrosamente, el mayor cerró los ojos y se durmió, aunque no por mucho. Se estremeció al sentir que le excitaba el calor del otro cuerpo junto a él, pero apretó el ceño al recordar que se trataba de Bill, su dulce hermanito Bill.

«Demasiado sexy como para resistirse, ¿verdad?»

Ahí estaba de nuevo aquella voz. Esta vez no le prestó mucha atención, seguramente Bill tenía razón, tenía fiebre por el tatuaje y por la mañana todo terminaría.

«¿Puedes sentir su culito redondo junto a tu polla, Tom?»

Y como si el pelinegro hubiera escuchado a la voz, se movió estirando sus caderas hacia atrás, logrando crear un contacto cálido con la pelvis del mayor.

Tom cerró los ojos y se tensó por completo. Eso no podía estar pasando. No podía empalmarse con el cuerpo de su gemelo, de su pequeño hermanito.

«Anda, admítelo, este chiquillo te calienta la polla desde hace años. ¿A que sí?» Y parecía que la voz se burlaba de él.

Tom trató de levantarse, no podía quedarse allí, no en esas condiciones, pero al moverse, despertó al menor, quien giró de inmediato.

—¿Estás bien, Tom? —Su voz sonaba rasposa por el sueño y sus ojos permanecían cerrados.

—Tuve una pesadilla —respondió el trenzado, tumbándose sobre la espalda, mirando el techo y respirando profundamente, para tratar de bajar su erección.

Bill giró, ubicándose muy cerca del otro, pasando su brazo por todo el pecho del trenzado y luego dio un beso en la piel que alcanzó a tocar—. Tranquilo, aquí estoy yo para cuidarte.

Tom sonrió y se maldijo mentalmente por sus pensamientos obscenos. Pero por mucho que maldijera, aquellas ideas no desaparecían.

&

El día siguiente fue extremadamente incómodo para Tom, parecía que su cuerpo actuaba por cuenta propia, los roces de Bill, sus sonrisas, sus pequeñas caricias y sus tiernos besos en la mejilla, lo hacían sentir como un degenerado. Lo deseaba sexualmente.

El trenzado quería a su hermano con todo el corazón, habían compartido el vientre de su madre y con ello se había creado una hermosa conexión entre ellos, que nadie podía comprender. Muchas veces en su adolescencia había confundido su afecto por Bill, por amor romántico, pero se obligó a olvidar dichas emociones, cuidándolo al grado de sobreprotegerlo. Esa fue la principal razón por la que ahora vivían juntos, lejos de sus padres.

Pero esta repentina fiebre había revivido el fuego de esa pasión juvenil con demasiada fuerza, con tanta vehemencia, que Tom quería lanzarse sobre Bill y tomarlo, por la fuerza si era preciso.

El pelinegro, obviamente, no se había dado cuenta de nada, pues Tom seguía actuando normal, correspondiendo sus abrazos, incluso con más cariño que de costumbre, lo cual lejos de incomodarlo, le encantaba.

La última clase de música del pelinegro se había suspendido y el chico se sentía sumamente aburrido en casa, sin su gemelo para conversar. Además se sentía un poco preocupado por la salud del mayor, quien todavía parecía tener rastros de fiebre.

Cuando por fin la puerta principal se abrió, el chico saltó del sillón para correr a saludar a su hermano—. ¡Bienvenido! —Casi gritó, dando un salto y siendo atrapado en el aire por los firmes brazos del otro, quedando como un koala.

—Hey —sonrió feliz—. ¿Cómo estás, pequeño? —Tom no lo bajó de inmediato, aprovechó para entrar a la sala con él así, abrazados.

—Aburrido, la maestra de canto no llegó y estuve mucho tiempo sin ti.

Esa clase de frases eran habituales entre ellos, pero por alguna razón, hoy afectaban a Tom más que de costumbre—. ¿Entonces, me extrañaste?

—Shiiiii —respondió como niño pequeño, escondiendo su rostro en el hombro del mayor. Respiró en ese espacio pequeño, excitando, sin querer, al trenzado.

—Bill… —Jadeó Tom.

Su tono ronco, llamó la atención del pelinegro, quien al tratar de bajar de su posición, sintió la erección del mayor—. ¿Tomi, estás bien?

«El chiquillo pide que le partas el culo, ¿no lo ves o eres tonto?»

La voz otra vez tentaba al mayor.

«Sólo bésalo y verás como es una perra fácil»

—¿Tomi? —Bill pisó el suelo y llevó sus manos a las mejillas del trenzado, mirándolo a los ojos—. ¿Creo que es la fiebre?

Tom aprovechó la postura y cerró la distancia entre ellos, besando los labios de Bill, quien se quedó estático allí. El mayor lo apretó contra su cuerpo, poniendo las manos en su espalda baja, pegando sus caderas y moviendo sus labios con ahínco contra los contrarios.

De pronto, el pelinegro entreabrió su boca, dejando que la lengua de Tom lo invadiera. Sus manos dejaron su lugar en las mejillas para rodear el cuello del trenzado, en un beso apasionado que los dejó sin aire, a ambos.

Al separarse, Tom miró a Bill con ojos angustiados y temerosos—. Lo… lo siento.

Caminó de regreso a la puerta y salió.

Bill iba a seguirlo, pero el celular que tenía sobre la mesa sonó fuertemente. Maldijo, pero contestó la llamada, sin ver quien era—. Diga.

—¿Bill, estás bien?

Al reconocer la voz, el pelinegro se sobresaltó—. ¿Frank, qué ha pasado?

—Quiero asegurarme de que tú y tu hermano están bien.

—¿Por qué? ¿De qué hablas? —Bill se tensó de inmediato, el mal presentimiento que había tenido días atrás, regresó con más fuerzas.

—Vino la policía a mi local esta mañana.

—¿La policía? —Interrumpió el chico, más nervioso con cada palabra—. ¡¿Qué demonios pasó?! —No se pudo controlar, temiendo que algo malo le hubiera ocurrido a su gemelo, tanto por la fiebre, como por su extraño comportamiento.

—Tranquilo, Bill, escúchame —pidió la voz del tatuador—. Al parecer el cornezuelo de centeno que me vendieron para las tintas de colores tenía un extraño parásito en él.

—¿Un parásito? ¿Estoy infectado de algo?

—No lo sé —respondió sincero y soltó un largo suspiro—. Mira, Bill, tú sabes que siempre reviso bien mis materiales. Hasta el momento ninguno de mis clientes tiene nada. Sólo te pido que tú y tu hermano vayan al hospital y se hagan un examen de sangre, sólo para estar seguros, ¿está bien?

—Si no es nada, ¿por qué fue la policía a advertirte de esto, Frank?

Se escuchó otro suspiro del otro lado de la línea—. Porque uno de mis clientes fue atrapado violando a una mujer ayer por la noche. La policía lo detuvo, suponiendo que estaba drogado, así que le hicieron los exámenes y descubrieron esto, es un parásito que lleva una toxina que crea alucinaciones auditivas, o algo así. Como tenía el tatuaje reciente, creyeron que tendría relación con eso y efectivamente algunas de mis tintas estaban infectadas.

—¿Y por qué sólo me avisas ahora?

—Porque apenas si me he enterado de esto yo mismo. Tuve que esperar los resultados de los análisis de mis tintas, antes de empezar a generar histeria entre mis clientes —respondió y Bill comprendió.

—Mi hermano está mal, ha tenido fiebre desde ayer —relató con la voz temblorosa—. ¿Crees que pueda estar infectado?

La voz de Frank se escuchó seria—. Es probable. ¿Tú has sentido lo mismo?

Bill negó, pero verbalizó—. No, nada más que la picazón de siempre.

—¿Dónde está tu hermano ahora?

—Salió —Bill comenzó a pasearse por la sala, nervioso.

—Debes buscarlo, Bill. Llámalo y vayan al hospital. Aun si tú no has tenido síntomas, es mejor prevenir.

—Lo haré.

—Bill… lo siento mucho.

—No fue tu culpa, Frank —suspiró—. Debo buscar a Tom —colgó la llamada.

Caminó hasta la puerta con el celular en la mano, marcando el número de su gemelo, cuando la música familiar se oyó desde muy cerca. Abrió la puerta y junto al coche, estaba Tom con un cigarrillo en la mano.

Bill dejó caer el teléfono y corrió hasta él, envolviéndolo en un abrazo apretado, dejando que pequeñas lágrimas cayeran de sus ojos, corriendo su oscuro maquillaje.

—Hey, lo siento mucho, no quise hacerte daño —dijo Tom, acariciando la espalda del pelinegro, dejando pequeños besos en su cabellera—. Lo siento, lo siento tanto.

—No, no, no digas nada, Tomi. —El menor continuó llorando, suspirando de alivio al ver a su hermano allí, seguro en su casa y no intentando violentar a nadie en las calles.

Cuando el llanto cesó, Bill se alejó lo suficiente para ver al otro a los ojos—. Debemos ir al hospital.

Tom lo miró sin entender, así que el menor relató toda la conversación que tuvo con Frank. El mayor entró nuevamente a la casa, arrastrando a Bill.

—Debemos ir, Tom, es por tu bien.

—Lo sé, pero me matarás si te dejo salir con los ojos como mapache —bromeó, tirando del pequeño hasta el baño.

Bill se miró al espejo y estalló en risotadas. Tal vez su hermano no tenía nada. Quizás el beso sólo fue un impulso, algo que se dio en forma espontanea y que, aunque no quería admitirlo, se había sentido delicioso.

Tras lavarse y retocarse, el pelinegro tomó la mano del trenzado y dijo—. Estoy listo.

& Continuará &

¿Qué creen ustedes? ¿Realmente todo el asunto de la voz y el beso fue por culpa del tatuaje? ¿O habrá algo más? ¿O no habrá nada en realidad y era pura calentura reprimida de Tom? Los invito a descubrirlo en el siguiente capítulo.

Besos a todos y muchas gracias por la visita.

Escritora del fandom

4 Comments

  1. Buenísimo!! La voz que le habla a Tom es una maleducada y una sucia… Jajaja gracias por subirla , nunca había leído este fic!

    • Gracias por comentar. La verdad es que todavía quedan varios fics que no he re-subido a la web y cuando subí «Invaded» me acordé que tenía otro fic misterioso, por eso comencé a subir Tinta.
      Me alegro mucho que te guste. Ya está la continuación.

  2. Excelente ! no lo habia leido … me encantó … como todo lo que escribes. Felicitaciones Mizu !!!! siempre me haces feliz con tus bellisimas creaciones. Un beso grande …. muakkkk !

    • Me alegro que te guste y que bueno que me acordé de este fic, para que tengan algo nuevo que leer. MUAK

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