Tomi y CereBrill 10

Fanfic Twincest / Toll de MizukyChan

Capítulo 10

Brill se sentó de golpe, sin importarle la punzada en su trasero y movió a Tomi, quien parecía querer ponerse a dormir, después del intenso orgasmo que habían compartido.

—¡Vamos Tomi, hay problemas abajo!

—¿Eh?

—Debemos bajar. —Insistió.

Con los ojos semi cerrados, Tom se puso otra vez el pantalón y siguió a su gemelo por las escaleras que los llevaban de regreso al salón central del laboratorio en el primer piso.

—¡QUÉ DEMONIOS! —Se escuchó fuerte y claro. Era la voz de Georg y los ratones abrieron la puerta con fuerzas, listos para salvar a papi Geo de cualquier enemigo.

Pero al entrar, ambos gemelos se congelaron. Tom sintió que su mandíbula llegaba hasta el piso, lentamente giró el rostro hasta su hermano y de regreso hasta “el otro”.

—Cere… Cere… CereBrill, él es igual a ti.

—Él es Kazimir, Tomi. —Afirmó el rubio menor y caminó directamente hasta su mortal enemigo, quien estaba completamente desnudo, pero portaba una actitud de total confianza.

—Vaya, vaya Brill, o debería decir… CereBrill… —Su voz era melodiosa, pero llena de ponzoña, todos notaron el odio con el que miraba al rubio, que era su copia exacta.

—Tienes cabello negro, pero somos iguales, incluso posees las marcas alrededor de los ojos —dijo Brill, examinando al chico frente a él.

—Se llama maquillaje, bobo, es la moda. —Otra vez su tono era mordaz—. Y por supuesto que somos iguales. ¿No notaste que tú y Tomi son iguales también?

—Es porque somos gemelos —respondió el aludido con una inocente sonrisa.

—Son gemelos en su estado de roedores, Tomi cariño —agregó el pelinegro y caminó hasta el rubio mayor, dándole una caricia a su mejilla, cosa que enfureció a Brill, quien se acercó hasta el ex gato y le dio un golpe en la mano.

—¡Jamás te atrevas a tocar a mi Tomi!

—No puedo creer lo que está pasando —comentó Georg desde un rincón del laboratorio—. Creo que bebí mucho tequila, sigo borracho y todo esto es un sueño, ¿verdad Gustav? —Pero al girar, vio que su amigo de gafas estaba casi tan shockeado como él—. O tal vez no…

—Gracias Gustav por la comida. —El pelinegro se acercó hasta el científico y le guiñó un ojo—. Pero para la próxima, consígueme leche sin grasa, creo que la llaman leche “light”… la normal me cae un poco pesada y prefiero mantener la línea. —Se pasó la mano sensualmente por la cintura y luego por el vientre, dejando a todos con la boca abierta.

—Eres un asqueroso, deja de hacer eso con mi cuerpo. —Gruñó Brill, regañándolo desde el otro costado.

—Este no es tu cuerpo, pequeñín. —Kazimir sonrió—. Es mío.

—Pero es igual al mío.

—¿Por qué son tan iguales, Gus? —preguntó Georg, captando la atención de todos.

—El ADN supongo —respondió el rubio de gafas.

—Exacto —agregó el pelinegro—. Ellos y yo nos parecemos porque compartimos el ADN del mismo humano, si más animales utilizaran la máquina, todos serían extremadamente parecidos.

—No puedo creer que los animales o mascotas que han estado viviendo en este laboratorio sean más inteligentes que tú, Georg —dijo Gustav largándose a reír, cosa que le ganó un golpe en la espalda por parte de su colega.

—¿Y por qué estás aquí, Kazimir? ¿Por qué te transformaste? —cuestionó Brill, notando que el pelinegro no le quitaba la vista a su gemelo.

—Por él. —Alzó la mano y señaló a Tom, quien miró hacia atrás buscando a quien mostraban, al no ver a nadie puso cara de interrogante. Kazimir caminó hasta él, empujando a Brill y lo abrazó—. Me gustas, Tomi. Quiero ser tu amigo.

—Pero tú eres Kazimir, me das miedo —contestó el rubio, completamente paralizado de temor.

—No soy Kazimir, el gato. —El pelinegro se separó un poco y le dio un lametón en los labios—. Soy Kazy para ti, precioso y puedo tener sexo salvaje contigo, mucho mejor que CereBrill.

—¡Suelta a mi hijo! —Papi Geo salió al rescate y separó al chico irresistible, de su tímido pequeño. Parecía un padre furioso, rescatando a su bebé de un pervertido.

Al verse libre del agarre del moreno, Tom corrió hasta su hermano, quien tenía el ceño y los puños apretados. El rubio mayor, le dio una lamida a la mejilla de Brill y le miró un poco asustado.

—No quiero a ese chico, se parece a ti, pero me da miedo.

—Tranquilo Tomi, yo te protegeré.

—Ya, ya, por favor, basta de emotividad —comentó el pelinegro caminado sensualmente de un lugar a otro del laboratorio, mientras todos lo observaban contornear sus caderas—. La verdadera razón por la que estoy aquí es para ayudar. He estado leyendo las investigaciones de Gustav por las noches, cuando los ratones trataban de conquistar el mundo. —Hizo comillas con los dedos—. Y me di cuenta de los errores.

—¿Estudiaste mis inventos? —El científico rubio no podía creer lo que estaba pasando.

—Necesito que Brill me ayude con algunas cosas —dijo, ignorando las palabras del humano—. Sé que él es muy bueno con este tipo de ecuaciones. —Brill se acercó a él y se pusieron a revisar el cuaderno de notas de Gustav.

El par de científicos se acercó hasta Tom y juntos, observaron a los chicos trabajar. Eran como dos gotas de agua, con sus bellos ojos maquillados, sus cuerpos delgados, y sus voces melodiosas llenando el lugar, lo único que los diferenciaba era el color de sus cabellos. CereBrill era totalmente rubio, mientras que Kazimir era pelinegro.

—¿Quieren pizza? —preguntó Georg, notando que la caja que había ordenado antes de irse esa noche, todavía estaba intacta.

—Sí, creo que me vendría bien —contestó Gus.

—¿Tomi? —indagó el castaño, al no oír respuesta de su hijo.

—No lo sé, papi. —Al ver que su pequeño titubeaba, Geo se acercó más a él y le susurró—. Siempre es mejor pensar con el estómago lleno.

—Oh, está bien. —Su padre era muy sabio, así que, si él le recomendaba comer, entonces lo haría.

Los tres devoraron la pizza, mientras los chicos idénticos seguían en sus conversaciones y cálculos. Cuando Gustav alzó la vista al reloj de la pared, notó que ya eran las 10 de la mañana, habían pasado toda la noche allí.

—¡Ya está! —dijeron a la vez los chicos y por primera vez, compartieron una sonrisa.

—¿Qué es lo que ya está? —preguntó Tom inocentemente.

—Con los nuevos arreglos, podremos utilizar la máquina y volver a ser ratones, sin correr el riesgo de freírnos en el proceso —contestó Brill.

—Oh… pero…

—Y podremos usarla en reversa y ser humanos también —agregó CereBrill, al ver que su gemelo se preparaba para protestar.

—Y será segura en ambas direcciones —afirmó Kazy—. Hasta yo podré usarla. —Les guiñó un ojo.

—Tengo que decir algo. —Muy seriamente, Gustav caminó hasta el centro del laboratorio, se ajustó las gafas y procedió—. Me parece muy injusto lo que está sucediendo aquí. Este invento me ha mostrado que nosotros los humanos, somos muy orgullosos y nos creemos los amos del universo.

—¿Gus? —Geo, no sabía de qué hablaba su amigo y por un segundo temió que quisiera destruir la máquina y dejar a sus pequeños atrapado en sus cuerpecitos de ratones, para toda la vida.

—Al ver sus personalidades y su capacidad intelectual, creo que lo más justo sería que se quedarán en esta forma humana. —Terminó su idea en una sola frase, casi quedando sin respiración al final.

—Gus… —Los ojos de Georg brillaron, le encantaba la idea de que sus hijos se quedaran así, podría compartir más con Tomi y ganarse el amor de su rebelde CereBrill. Les enseñaría el mundo, los llevaría al cine y…

—¡Oh por Dios, que tío tan ingenuo! —Esa frase llena de sarcasmo devolvió al castaño a la tierra. Kazy se reía sin parar—. ¡No seas idiota, Gustav! Sabes que no existimos en el mundo de los humanos, y si nos enfermáramos o algo así, y nos llevan a un hospital, ¿sabes el revuelo que se armaría?

Los científicos comprendieron el mensaje. Si los descubrían, volverían a ser ratas de laboratorio, pero de una forma sumamente cruel, ellos lo sabían, por la misma razón trabajaban en forma independiente y sin usar animales para sus inventos.

—Yo quiero seguir siendo mascota de papi Geo. —Confesó Tom y recibió un abrazo del castaño, quien estaba cerca de él.

—Y yo… —Estuvo de acuerdo CereBrill.

—Y yo prefiero ser un gato y merodear por donde me plazca —agregó el pelinegro—. Aunque… de vez en cuando, no nos vendría mal una noche de juerga y algunos juegos de la “caja negra”. —Guiñó el ojo de forma sexy y los científicos se sonrojaron.

Una vez tomada la decisión, con abrazos y palabras de despedida, pensaron que lo mejor era descansar en sus formas animalescas. El primero en pararse frente a la máquina de ADN, fue Kazy, quien se estiró, mostrando su delgado y hermoso cuerpo, haciendo sonrojar a los humanos, hasta que el rayo lo golpeo y lo convirtió de vuelta en un gato negro. Con un sonoro maullido, salió por la ventana.

Los gemelos dieron abrazos a su papi y tomados de la mano, se pusieron frente a la máquina. Cuando la intensa luz se disipó, sus cuerpos se habían reducido y sus voces se habían vuelto chillidos. Tom saltó de felicidad y dio lengüetazos al menor, quien los recibió sin quejarse. Georg los llevó de vuelta a la camilla.

—Pueden dormir aquí, pequeños. Su jaula está destruida, pero no se preocupen, compraré una mejor y más grande.

Los ratoncitos blancos se acomodaron muy juntos sobre la suave tela de la camilla y se durmieron, casi de forma instantánea.

—¿Crees que alguna vez los volveremos a ver como humanos, Geo? —preguntó el rubio, saliendo del laboratorio, con ganas de dormir también.

—Estoy seguro que sí, Gus. Creo que les gustó mucho jugar con la “caja negra”, tal como a nosotros. —Le guiñó un ojo y emprendieron el camino al auto.

& FIN &

¿Qué les pareció? Desde un principio quise que esto fuera cortito y que ellos continuaran siendo ratoncitos, pero eso no significa que seguirán así para siempre, de hecho, tengo un especial para la próxima semana. Lo publicaré siempre y cuando lo quieran. Se llama «Travesuras en el Laboratorio»
Bes
os a todos y gracias por haberme acompañado en esta nueva aventura y poder decir una vez más: “Misión cumplida”

Escritora del fandom

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