Travesuras en el Laboratorio 12

Travesuras en el Laboratorio” Fic Twc de MizukyChan

Capítulo 12: Punto Crítico

&   Día cinco   &

Todavía estaba oscuro cuando la alarma de Gustav sonó, despertando a todos los miembros del laboratorio que dormían en la planta superior.

¡HORA DE EJERCICIOS!  —Gritó Tom y todos abrieron los ojos como platos, recordando que el inocente roedor, asociaba el sexo con el entrenamiento físico.

¡Hey, la jodida planta ni siquiera está aquí!  —Gruñó Kazimir, quien no estaba acostumbrado a interrumpir su sueño de belleza, ni siquiera por su rubio favorito.

¿Eh?  —Tomi ladeó la cabeza. Los presentes, casi podían ver los miles de signos de interrogación que volaban junto a su cabello rubio.

Hoy no haremos ejercicios, Tomi.   —Anunció su padre.

Pero sonó la alarma.   —Se quejó el ex ratón—.   Y eso marca la hora de la ruedita.

Brill se dio con la palma en la frente. Lo había olvidado. Cuando necesitaba hacer algo con urgencia y no quería que su inquieto hermano lo interrumpiera, hacía sonar una alarma y le mentía diciendo que era tiempo para usar la rueda de ejercicios.

Um, Tomi. —Comenzó muy calmadamente—. Esta es otra alarma, es para indicarnos que es hora de visitar a Robert… en el hospital.

Oh… —Los ojos de su gemelo se cristalizaron y de inmediato, tanto Brill, como Georg, se acercaron a él, para confortarlo.

Tranquilo, Tomi. Todo saldrá bien.   —Le aseguró el ratón menor.

Mi querido Tom Kaulitz estará allí, Tomi. —Agregó Kazy, dándole palmaditas en la rubia cabeza—.   Tom es el mejor doctor y él nos contará todo lo que pasa.

Está bien.

Y rápidamente, todos se vistieron, pero casi nadie pudo beber el café de Gustav. Todos estaban demasiado nerviosos por la importante cirugía que le practicarían a Robert. Aunque el científico de gafas manifestaba su intranquilidad, tragando una y otra, y otra  taza más del brebaje oscuro.

Te dolerá el estómago, Gus. No bebas tanto café.

No digas bobadas, tengo café en lugar de sangre, nada malo me pasará.

Ya es hora de irnos —habló Kazimir, acomodándose un sombrero para cubrir sus orejas de gato. La cola la había ajustado perfectamente alrededor de su cintura, parecía un cinturón de piel.

¿Puedo llevar mis antenitas? —preguntó Tomi, observando que Kazy seguía disfrazado de gatito.

Esta vez no, Tomi. —Brill le acarició la mejilla y dándole la espalda al resto de los presentes, le ofreció la más dulce y tierna de las sonrisas a su gemelo, de esas que solo él era afortunado de ver—.  Ahora no debemos llamar la atención, porque le daremos toda nuestra energía a Robert, ¿ok?

Lo que tú digas, CereBrill.   —Cerró las distancias y le besó castamente los labios.

&

David Jost había dejado una van familiar, para que todos pudieran llegar sin dificultades al hospital. Gustav sería el encargado de manejar, porque Georg temblaba demasiado y ninguno de los ex animales, tenía documentos y tampoco sabían cómo hacerlo.

¿Estás bien? —preguntó Kazy en un tono neutral, pero visiblemente preocupado por el científico de gafas, quien tenía los nudillos blancos, por la presión que ejercía sobre el volante.

Estoy perfectamente —respondió el humano, pero el felino pudo ver que tenía las pupilas más dilatadas de lo normal.

Creo que has bebido demasiado café.

¡No digas tonterías!  —Exclamó un poco más fuerte de lo usual, alterando a los tres pasajeros del asiento trasero.

¿Gus, quieres que conduzca yo? —Ofreció el castaño, estirando la mano para tocar a su amigo, al notar que pese a estar firmemente aferrado al manubrio del coche, este seguía sin arrancar.

¡Tú no estás en condiciones! —Alegó, nuevamente con más sonoridad—. ¡Mírate, estás temblando!

Los gemelos pudieron comprobar que el tío Gus tenía razón, la mano de su papi se tambaleaba sin control. Pero los rubios también notaron que su tío estaba demasiado tenso y podría provocar un accidente si conducía en ese estado.

¿Gus?

¡SI  ALGUIEN  VUELVE  A  MENCIONAR  EL  CAFÉ,  LO  SACO  DEL  AUTO!

Nadie dijo nada, el vehículo se mantuvo allí, detenido por cinco minutos, pero nadie se atrevía ni siquiera a hacer contacto visual con el rubio, hasta que por fin, giró la llave en el encendido y el motor rugió.

Un silencio tenso reinaba en el interior del coche, todos estaban completamente rígidos en sus asientos, porque Gustav aceleraba cada vez más. Varias calles más allá, cuando les dio una luz roja, los frenos sonaron como en las películas de “Rápido y furioso”.

¡Hombre!  ¡¿Estás loco?!  —Gritó un sujeto de lentes, en el coche que se detuvo junto al de ellos.

Gustav volteó el rostro en cámara lenta. Tomi miraba por la ventana y sonrió al ver la cara de espanto del otro conductor.

Tío Gus es Samara —dijo a su gemelo y señaló al otro chofer—. Casi lo mató de miedo. Mira su cara. —Rió bajito.

La luz del semáforo cambió y las llantas volvieron a rugir, dejando una huella negra en el pavimento. El viaje que debía durar una hora hasta el hospital, lo hicieron en veinte minutos.

&

Al llegar, todas las puertas del auto se abrieron y al bajar, notaron que el conductor, permanecía en el coche. Georg se acercó a la puerta del piloto y miró a Gus, esperándolo, pero al ver que no hacía nada, le habló.

¿Estás bien?

Eso creo…

¿Vamos?

Sí.

Gustav se giró en el asiento y bajó las piernas, pero al dejar su peso en ellas, sus rodillas se doblaron y cayó desmayado.

¡NOOO!  —Tom gritó tan fuerte, que dos paramédicos que venían bajando de una ambulancia, corrieron a socorrer a los recién llegados.

¿Qué ha pasado?

¡Tío Gus se murió, por exceso de cafeína!  —dijo el rubio con los ojos muy abiertos, como si presenciara una película de terror.

Los hombres omitieron la frase del chico extraño y se agacharon para revisar los signos vitales del joven de gafas, notando que parecía ser solo un desmayo.

Creo que es producto de la tensión.   —Aclaró Georg.

De todas formas lo ingresaremos —comentó uno de los paramédicos y con una señal, uno de los guardias de la entrada usó su radio, para pedir una camilla extra. En cosa de segundos, Gus se movía al compás de la camilla que lo transportaba.

Deben llenar el formulario.   —Informó una de las enfermeras en la entrada del hospital.

Tomi y yo nos hacemos cargo. Papi, ve con Kazy. —Pidió Brill, con el rostro completamente serio, en realidad se veía igual que siempre, pero su gemelo sí notaba la diferencia.

El esos momentos, el felino agitó la mano, saludando a alguien al otro lado del pasillo. El hombre llegó hasta ellos, causando una conmoción en las mujeres de la mesa de informaciones.

Uno, dos, tres, cuatro. ¡Oh my God!  ¡CLONES!  —Gritó la que los atendía y se llevó ambas manos a la boca.

Tom Kaulitz se detuvo de golpe, ante el chillido de la fémina y simplemente giró hacia ella, con una de sus sonrisas seductoras y susurró—.  No somos clones, linda. Somos primos.

Kazy suspiró, cayendo ante la actitud de player del pediatra y se sonrojó al recordar las cosas que habían hecho en la sala de vigilancia del laboratorio.

¿Sabes algo de Robert? —preguntó el castaño, sacando a todos de esa extraña burbuja.

Lo van a preparar dentro de un rato, creo que deberías venir, ya sabes, para darle ánimo antes de que entre al quirófano.  —El guapo trenzado, tomó la mano del ex gato y los dirigió por el blanco corredor.

La mujer frente al mostrador soltó un largo y sonoro suspiro—. No sabía que el doctor Kaulitz vendría de visita.

Pero si estaba en la agenda.   —La regañó la secretaria a su lado.

El par de rubios miró a las mujeres y ladearon las cabezas, sin comprender por qué tal conmoción ante el chico de trenzas, quien era igual a ellos, pero con cabello oscuro.

Brill carraspeó y las chicas lo miraron—.   ¿Cuál es el formulario que debo llenar?

Oh, sí. Aquí tienes. —Una de las jóvenes se lo entregó, acariciando de paso, la mano del gruñón, con su pulgar. Brill sintió una arcada formarse en su garganta, pero prefirió ignorarla y caminó hasta una de las sillas, junto a Tomi, para completar el famoso documento.

Nombre del paciente. —Leyó en voz alta el rubio menor—. Creo que no podemos escribir “Tío Gus”, ¿verdad, Tomi? —Su gemelo lo miró con cara de preguntar “¿y por qué no?”, así que omitió un segundo comentario y rellenó simplemente con los datos que él conocía. Que a decir verdad, no eran muchos, ya que nunca antes de convertirse en humano, se asoció con el científico. Para él siempre fue el “creador de los inventos”.

Una vez terminada la tarea, se acercaron otra vez al mesón y preguntaron por la salud de su tío. Las mujeres los miraron con cara de pervertidas y simplemente los mandaron a la sala de espera, donde algún médico les daría información sobre Gustav.

Tomi se aferró al brazo de Brill con algo de miedo. Esa era prácticamente la primera vez que salían del laboratorio y no conocían como funcionaba el mundo de los humanos, excepto por las diversas investigaciones que habían hecho en internet, sobre estos curiosos seres vivos, que sobre-poblaban el planeta y al parecer lo controlaban. 

CereBrill por su parte, pese a compartir el desconocimiento de su gemelo, caminaba con porte erguido, como si fuese el amo y señor de cada corredor por el que transitaba, porque claramente se perdieron un par de veces y caminaron de más de quince minutos, hasta dar con el lugar llamado “sala de espera”, que sin duda era una especie de zona donde se ponía a prueba la paciencia de los pobres humanos, mientras eran devorados por el nerviosismo de no saber de sus parientes en mala condición física.

Cuando yo controle el mundo, este tipo de lugares desesperantes, no existirán, Tomi. —Anunció el rubio de los ojos maquillados.

Una señora lo miró con una sonrisa y se sentó más cerca de ellos, preguntando—. ¿Vas a entrar en el mundo de la política, hijo?

Política”, Brill conocía el concepto y arrugó el ceño—. No señora. La política corrompe a la gente con buenas ideas, volviéndolos unos zombies ladrones, que lo único que logran es decepcionar a los habitantes de una determinada nación. —Al menos eso era lo que más le había gustado de un foro en internet.

La mujer, que bordeaba los cincuenta años le ofreció una cálida sonrisa—. Estoy de acuerdo contigo, hijo, pero ¿cómo piensas controlar el mundo?

Los ojos de CereBrill brillaron, ante el prospecto de contar a una desconocida las miles de ideas que tenía para su conquista globalizada. Pero antes de siquiera abrir la boca, su hermano comentó.

¡Vamos a conquistar el mundo!  —Su expresión, pese a que quería parecer seria, se veía tan jodidamente adorable, que tanto la mujer como el mismo Brill, sonrieron.

Eso mismo, señora. Conquistaremos el mundo.

Y lo lograrán. Los veo sobre un escenario, cantando algo rockero. —Justo se acercó un hombre de bata blanca y llamó.

Familiares de Gus… —Leyó el papel, tratando de comprender lo extraño de la situación, así que repitió—.   De Gus Gustav.

El par de rubio saltó de su lugar y se acercaron al hombre.

¿Cómo está el tío, Gus? ¿Logró sobrevivir al ataque del café? —preguntó Tomi, ganándose una mirada curiosa del médico.

Le practicamos un lavado intestinal y ahora descansa, pero está en perfectas condiciones. Ya está en una habitación compartida, la número 45, en el cuarto piso.

Gracias doctor —respondió Brill. Y tomando la mano de su hermano, emprendió el camino hasta el ascensor.

¿Qué es esta caja, CereBrill?  —cuestionó el rubio, al verse en ese lugar tan pequeño, rodeado de espejos.

Es lo que vimos en las películas de entrenamiento de papi Geo, Tomi.

Oh… ¿quieres que te la chupe, cuando las puertas se cierren?

Los colores adornaron las mejillas de Brill, pero pese al deseo que lo recorrió por completo, contestó—. No, Tomi. Solo nos tocaremos, cuando nadie pueda vernos. —Su expresión se suavizó de inmediato y acarició la mejilla de su gemelo—. No me gustaría que nadie te viera desnudo, porque tu bello cuerpo… solo es para mí, ¿de acuerdo?

De acuerdo. —Tom sintió que su miembro se endurecía un poco, pero CereBrill tenía razón. A él tampoco le gustaría que otros humanos vieran a su hermano y lo desearan.

Cuando el sonido de un “ding”, les indicó el fin de su corto viaje en elevador, las puertas se abrieron y la pareja de rubios giró hacia la derecha, buscando el número 45.

¡Aquí está!  —Casi saltó de gusto el ex roedor, señalando una puerta, que se abrió antes de que ellos la tocaran, revelando a su tío vistiendo una bata graciosa y los lentes a media nariz.

¿Qué hacen aquí?   —preguntó Gustav, ajustándose las gafas.

Venimos a buscarte —respondió Brill, y sonrió al ver las piernas desnudas de su tío—. Pero será mejor que te pongas tu ropa.

Buena idea. ¿Ya empezó la operación?

No lo sabemos.

Pobre Georg, no puedo creer que le haya dado más problemas —dijo Gustav, sentándose en la cama, pasándose la mano por su adolorido estómago.

Tranquilo, tío Gus —comentó Tomi, dando un apretón de cariño en el hombro—. Robert estará bien.

Sí, Tomi.

Mejor nos vamos a asegurarnos de que esté bien.   —Pidió Brill y los otros asintieron.

&   Continuará   &

Bueno gente linda, solo un capi más y termina el especial. Luego viene un epílogo que será algo divertido y lo damos por terminado.
¿Saldrá la operación como ellos esperan? ¿Servirá el invento para lograr que Robert respire por sí mismo? ¿Podrán acabar el día en el hospital sin mayores problemas? Todo eso, en el siguiente capítulo. Bes
os a todos y gracias por seguir con la lectura.

Escritora del fandom

2 Comments

  1. Jajajajaja Tomi tan inocente que cree que se la debe chupar a Bill en el ascensor. ..jajajajaja Geo que cosas ves *se hace la inocente* .

    Pues ya están en el punto crítico de la historia y se viene la operación Robert y claro que estará bien. Todos han puesto lo mejor de ellos para ayudar al pequeño así que lo estará! !

    Sobre lo otro Claudia. .son tiempos difíciles en el fandom y no puedo culpar a quien sd haya bajado del barco, cuando las acciones de ese par dd tarados así lo muestran y solo nos queda observar y nada más
    Sólo espero que haya buen desenlace para los gemelos porque lo que se ve, lejos está de ser alentador.
    Y sí, yo sigo aquí leal. ..o.masoca XD

    Besos!

    • Masoca o no, no eres la única jajajajaja, aquí sigue la Mizu contigo, amiga, en las buenas y en las peores (y así como vamos, son sólo las peores u.u)
      Pero vendrán cambios, o eso dicen los políticos jajajajajaja

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