Notas: Y así comienza la temporada 2, debes leer antes «Tres días para Navidad» o este fic no tendrá sentido. Recuerda, en este fic, Bill es una chica. Y ahora, a leer.

«Tres días para San Valentín»
Día uno
& Viernes 12 de febrero &
Eran casi las diez de la mañana y Tom caminaba por los pasillos del aeropuerto, esquivando enormes peluches, globos gigantes con forma de corazón y preciosas cajas de regalos. Todos, sin duda, presentes para la especial fecha que se celebraría tan sólo unos días después, para conmemorar el amor y aumentar las campañas publicitarias. Sonrió ante su propio pensamiento y recordó por qué razón estaba allí.
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Tan sólo el día anterior, su jefe le había llamado a su oficina, para felicitarlo por el éxito de la campaña navideña que él había creado y que le había premiado con la re-contratación a tiempo completo en la empresa publicitaria más importante del país.
Su adorada “Diosa de la victoria”, BI, fue quien le inspiró a cambiar su idea original, llena de modelos semi-desnudas, a una que motivara a las familias a unirse y buscaran hacer “recuerdos” juntas. La campaña veraniega, que había sido lanzada en los días navideños, habían logrado incrementar las ventas, hasta en un 300%, puesto que los viajes, que en un principio serían sólo de parejas, se habían vuelto viajes familiares y por tanto incluían a muchas más personas. Su jefe había ofrecido otorgarle una bonificación especial por aquella campaña, la que envió directamente a su madre, para que contratara a alguien que le ayudara, mientras tuviera el yeso en su pierna fracturada.
Pero, al parecer, el departamento tenía una clausula especial, que compartía las “regalías” por cada una de las campañas publicitarias de carácter individual, como era su caso y su jefe quería hacer entrega de aquellas “buenas noticias”, personalmente.
—Como le decía, Trumper, hasta mis hijos tomaron paquetes de viajes para seguir su consejo de “hacer recuerdos” —comentó complacido—. Y ahora mismo, su campaña del “Día del Amor”, va viento en popa y según los reportes —Volvió a hojear unos informes—. Ya llevamos un ingreso considerable, de hecho, su campaña ha ganado más que las campañas de los cuatro años anteriores.
—Gracias señor —Tom había escuchado los rumores, pero no había visto personalmente las estadísticas de sus campañas.
—Soy yo quien debe agradecerte, Tom —Sonó el celular del hombre y al ver la pantalla, arrugó el ceño—. Es mi esposa, dame un segundo.
Desafortunadamente para el trenzado, el celular quedó con el altavoz encendido y lo primero que escuchó fue un gran grito de parte de la esposa de su jefe. Estaba sumamente molesta y ni siquiera dejaba hablar al otro hombre, quien lucía terriblemente avergonzado porque su joven empleado presenciara aquello. Finalmente, el jefe colgó y se apretó las sienes.
—¿Tienes novia, Tom? —preguntó, volviendo a ver al de trenzas.
—No, señor. Hay alguien especial, pero quiero decirle personalmente que sea mi chica.
—¿No está cerca?
—Está en América —respondió y sin proponérselo sus ojos se iluminaron—. Se llama Berenice, pero me gusta decirle BI.
—¿En América? —El jefe alzó las cejas—. ¿En qué parte?
—Nueva York, está terminando sus estudios.
—Vaya, el mundo es un pañuelo —comentó el jefe, abriendo un cajón de su escritorio y sacando un sobre de allí—. Ya viste que mi esposa está muy molesta.
—Sí, señor y lo siento.
—Es mi culpa, había pensado arreglar las cosas con unas pequeñas vacaciones en Nueva York, pero no dejaré que eso se pierda. Toma —Le extendió el sobre y Tom lo cogió y vio su contenido.
—¿Señor…?
—Es una reservación por este fin de semana en un SPA japonés —explicó el hombre—. Quería llevarla a Japón, pero ninguno de los dos tiene idea del idioma, por eso busqué la mejor opción, en Nueva York.
—Pero señor…
—Nada de “peros”, chico. Te has ganado esto, mañana tendrás el día libre, pero lamentablemente, el lunes deberás estar de regreso —dijo con una sonrisa—. ¿Crees que ella acepte tu propuesta, si la llevas allí?
—Dios, eso espero.
—Entonces, vete. Coordina tu partida con Peters y tienes libre la tarde, para que consigas un boleto de avión y pongas al día tu pasaporte. Ah, y no olvides pasar por el departamento de finanzas, ya está listo tu cheque de regalías.
—Gracias, jefe.
—Otra vez, gracias a ti, Tom. Disfruta de la juventud y vuelve comprometido, es una orden —Bromeó.
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Y fue así que, después de mucho pelear por un pasaje en avión, logró conseguir uno con escalas, pero que al final del día, le llevaría hasta su adorada BI.
Se sentó en la butaca del medio y cuando se disponía a cerrar los ojos, una mano temblorosa se posó sobre su hombro.
—Disculpe, joven —Era un anciano con cara de bonachón—. Mi esposa y yo tenemos los lugares a su lado, pero no queremos separarnos. ¿Podría ocupar el lugar de la ventana? —pidió en forma cálida. Tom al ver, como el hombre sostenía dulcemente la mano de su anciana mujer, sonrió.
—Por supuesto, no hay problema —Se cambió de lugar y dejó que la pareja se acomodara y se ajustaran los cinturones con cariño.
—Vamos a celebrar nuestro aniversario —comentó la viejita con una sonrisa—. Arthur me llevará a dónde me pidió ser su esposa.
—Vaya, que envidia me dan.
—Hemos estado toda la vida juntos —agregó el hombre—. Desde el 14 de febrero, hace más de 50 años, siempre juntos.
Tom no pudo evitar recordar la vez que BI le mencionó, que cuando llegas a la vejez, lo único que tienes son tus recuerdos, y ver a esta pareja de ancianos, le daba toda la razón y deseó con todo su corazón, que BI y él, pudieran celebrar también el día del amor juntos y convertir ese día, en una fecha emotiva y simbólica.
Los ancianos, siguieron relatándole anécdotas de sus altibajos como matrimonio, hasta que una guapa azafata se acercó a ellos, para ofrecerles algo de beber. La mujer coqueteó abiertamente con Tom, y éste al verle sonreír, respondió su sonrisa, pero luego al fijarse en ella, vio que faltaban cosas, como el sexy lunar bajo el labio, la línea de maquillaje en sus párpados y simplemente no pudo evitar decir.
—No hay nadie como mi BI.
—¿Y quién es BI? —preguntó la curiosa mujercita, con una sonrisa, acentuando todas sus preciadas arrugas.
—La mujer de mi vida. A quien le pediré que sea mi novia, este domingo.
Incluso siendo rechazada, la azafata soltó un suspiro y amplió su sonrisa.
—Le deseo lo mejor con su chica, será muy afortunada de tener un novio tan guapo —Y con eso se retiró.
—Es cierto —agregó la ancianita—. BI será muy feliz contigo.
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Tras varias escalas y una sentida disculpa por parte de la aerolínea, a causa de la tardanza, Tom pisaba suelo americano. Lo primero que hizo fue llamar al celular de su chica.
—Hola, mi diosa —Saludó como siempre hacía.
—Hola, grandísimo pervertido —respondió Estella, la amiga lesbiana de su pelinegra.
—Estella —Gruñó—. ¿Qué haces con el celular de mi BI?
—En primera, no es “tu” BI —Reclamó ella por la línea—. Y segundo, se está duchando. Si quieres hablar con ella, llámala en unos quince minutos más —A pesar de estar celosa de Tom, le dio una respuesta, bastante coherente.
—No es necesario —dijo él—. Escucha Estella, he venido a Nueva York y quisiera ir a visitar a BI, ¿podrías darme la dirección y alguna pista de cómo llegar? He oído que los taxistas cobran muchísimo a los turistas.
—¿Estás aquí? —tartamudeó ella—. ¿Aquí?
—Sí, estoy en Nueva York, acabo de bajar del avión —repitió el trenzado, estaba cansado y aún había muchas cosas que quería hacer, antes de ver a BI.
—OMG.
—Sí, Estella, dame la dirección —Gruñó, pero al escuchar un bufido agregó—. Por favor.
—Está bien, sólo porque estás de visita, porque… no piensas quedarte ¿verdad? —indagó la chica, totalmente nerviosa.
—No Estella, debo regresar al trabajo, sólo estaré hasta el domingo —contestó de manera cansina.
—Ok, toma nota —Tom acomodó el teléfono contra su oído, mientras anotaba la dirección en un papel.
—Gracias linda, nos vemos en un rato.
Con una enorme sonrisa, Tom cogió un taxi y le dio la dirección. Sin preguntar, el conductor lo llevó hasta el lugar, pensando que era un turista, pero al verle con la boca abierta comentó.
—Ya llegamos, hombre. El burdel de la “Tía Carlina”.
—Debe haber un error —susurró el chico.
—No hay error, esta es la dirección —Entonces el trenzado arrugó el ceño.
—Maldita Estella —El taxista lo miró curioso y él agregó—. Es la amiga lesbiana de mi novia y la muy traidora me jugó una broma.
—Seguro y está celosa —dijo el hombre con una sonrisa—. Lo dejo aquí o lo llevo a otro sitio.
—Sí, por favor. A un hotel no muy costoso.
—No hay problema.
Tras pagarle al hombre, Tom se registró en el hotel y pagó por dos días. Y apenas llegó a su cuarto, cogió el teléfono y llamó a su madre.
—Tom, cariño, creí que las llamadas de larga distancia eran muy costosas —dijo a modo de saludo.
—Lo son mamá.
—¿Y por qué estás hablando conmigo, en lugar de estar usando tus poderes de reproducción con BI?
—¡Mamá! —Gritó el chico por el auricular.
—Lo siento, hijo. Ya sabes cómo me gusta hacerte sonrojar. ¿Cómo está BI?
—Justamente por ella te llamo —Suspiró—. No tengo idea de dónde vive.
—Pues llámala —Soltó su madre, como si a su hijo le faltaran neuronas.
—Lo intenté, pero Estella tiene su celular y me mandó a un burdel, creo que esa chica nunca dejará de odiarme —comentó Tom, pero no pudo evitar sonreír—. ¿Podrías preguntarle a la señora Kaulitz la dirección exacta?
—Claro, hijo, dame diez minutos y me llamas de vuelta.
—OK, gracias mamá.
Y a los diez minutos en punto, Tom volvió a llamar, y consiguió la tan anhelada información, para sorprender a su adorada BI.
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Como si la suerte guiara sus pasos, el hotel de Tom, estaba sólo a quince minutos del internado de chicas y después de convencer a la adorable señora Craff, que era la portera del edificio, estaba junto a la puerta de su pelinegra. Tocó tres veces y aguardó.
La chica, pensando que Estella nuevamente había olvidado su llave, abrió sin siquiera preguntar y se quedó de piedra, al igual que su invitado.

Llevaba un polerón, pues por las noches refrescaba y para abajo, nada más que sus pantaletas. Pero lejos de reparar en lo que traía puesto, BI saltó hacia el trenzado y colgándose de su cuello, lo besó con pasión.
Él la levantó y giró con ella, correspondiendo el beso intensamente. Al volver a posarla en el suelo, sus manos bajaron hasta la cintura de BI y la apretó más contra su cuerpo. El beso se prolongó un par de minutos, hasta que finalmente se separaron, sonrojados y jadeantes.
—Hola a ti también —Saludó en broma el trenzado.
—No puedo creerlo —agregó ella, casi en un susurro—. ¿Acaso me dormí y estoy teniendo fantasías como tú?
—No, cielo —Le dio un piquito—. Estoy aquí, quería verte en esta fecha tan especial y aunque por un momento dudé que pudiera lograrlo, mi “Diosa de la victoria” me volvió a sonreír y aquí estoy.
—Tontito —susurró ella y lo guió hacia su cuarto, cerrando la puerta y volviendo a fundirse en un beso con aquel, al que amó desde que era una niña.
Otra vez las manos de Tom envolvieron el delicado cuerpo de la pelinegra, y cuando ella soltó un gemido placentero, la puerta se abrió y unos furiosos brazos, los separaron.
—¡Demonios! —Gritó la chica de melena castaña—. No puedo dejarte por un segundo, sin que los pervertidos se te acerquen.
—Estella —Gruñó BI—. Tom ha venido a verme. ¿Nos das un momento? Esto no pasa muy seguido, ¿sabes? Es complicado cruzar un continente para ver a tu pareja —Soltó ella y se sonrojó al darse el título de “pareja” de Tom. Él, por su parte, sonrió complacido.
—No le creas una palabra, BI —prosiguió ella—. Apuesto a que antes de venir, estuvo recorriendo la ciudad, y conociendo lo pervertido que es el señor “Bananas y zanahorias”, apuesto a que estuvo visitando los burdeles más famosos de Nueva York.
Tom bufó molesto, pero no dijo nada sobre la broma de mal gusto.
—Por favor, Estella, no te pongas pesada —Amenazó la pelinegra.
—De hecho, BI, vengo a hacerte una invitación —Comenzó el trenzado y ambas chicas, desviaron la atención a él—. Tengo boletos para un SPA japonés. ¿Te gustaría acompañarme mañana? —La chica curvó sus labios de inmediato, pero la castaña interrumpió.
—Lo siento, Tom, pero BI y yo, junto a un grupo de chicas, debemos terminar un proyecto para la escuela y eso es justamente mañana.
—¿Pero…? —Quiso intervenir la pelinegra.
—No BI, no podemos dejarle todo el trabajo a las otras chicas, y si no lo terminamos de aquí al lunes, estaremos reprobadas —Terminó con una sonrisa maléfica por su triunfo.
—Pero eso será sólo mañana —Continuó Tom—. ¿Qué hay del domingo?
—Perfecto. Voy contigo el domingo —contestó BI, sin darle tiempo a la castaña de discutir nada.
—Perfecto —agregó el trenzado. Eso le daba tiempo de hacer todos los arreglos, para que el día de San Valentín fuera ideal para su querida BI, y para que, tal vez ese día, ella se convirtiera en su novia.
—Ahora, creo que mejor te vas —intervino Estella, logrando que los otros dos arrugaran el ceño—. BI y yo debemos dormir. Y así tendrás tiempo para seguir con tus visitas pervertidas a los burdeles de la ciudad. Además, BI ya está en pijamas —Tom le dio un nuevo repaso a su pequeña y al verla con tan poca ropa, sintió su rostro arder.
—Cof, cof. Sí, mejor me voy.
—Bienvenido —Soltó la castaña y le plantó un abrazo a Tom, que los dejó a todos perplejos.
—Gracias.
BI acompañó a Tom hasta la puerta y levantó su dedo índice, en forma amenazante a su compañera, tras lo cual, cerró la puerta.
—Discúlpala, Tom —pidió ella y pasó su mano por una de las delgadas trenzas del chico—. Estoy muy feliz de que hubieras venido.
—Lo sé, mi diosa —La cogió por la cintura y la besó deliciosamente—. Hay algo muy importante que quiero discutir contigo el domingo. Es sobre mi trabajo —Ella asintió.
—Te quiero, Tom —susurró cuando él depositó un casto beso en sus labios.
—Yo igual —Le guiñó un ojo y se retiró, volteando a cada momento, para atesorar la imagen de su morena.
Cuando salió del todo, BI regresó a su habitación, donde Estella le esperaba con el laptop encendido.
—Te demostraré que Tom no vale la pena. Que es como todos los hombres y que por eso deberías estar con otra mujer —BI rodó los ojos y caminó hasta su cama, sin hacerle caso—. Estoy hablando en serio.
—¿Y qué planeas? ¿Seducirlo?
—No ¡Agh! —Puso cara de asco—. Lo espiaremos.
—Estás loca.
—Escucha esto —La castaña, subió el volumen de su laptop y se oyó la voz varonil de Tom.
—Al hotel Houston por favor —dijo al taxista.
—Es Tom —Casi gritó la pelinegra.
—Claro que es él. Le instalé un micrófono —comentó—. ¿O acaso crees que lo abracé por que estaba feliz de verle?
—¡¿Qué demonios, Estella?! —Gruñó la chica—. ¿De dónde sacaste un micrófono?
—Lo tenía hace tiempo, te lo instalaba a ti cada vez que salías con alguien —BI le dio un tremendo golpe en la cabeza—. ¡AUCH! Lo siento nena. Tenía que asegurarme que no te harían nada malo —Otro golpe.
—Por eso, era esa la razón —Reflexionó la pelinegra—. Siempre salías de la nada y lo arruinabas todo.
—Y gracias a mí, sigues pura y virgen —Le batió las pestañas y BI le pegó con la almohada.
—¡Idiota!
—Mañana seguiremos a Tom y te probaré que es como todos —Volvió a asegurar la castaña, pero BI arrugó el ceño.
—Te equivocas, Estella. Tom nunca ha sido como el resto.
—Ya lo veremos.
& Continuará &
¿Qué pasará al día siguiente? ¿Podrá Estella arruinar la reputación de Tom? Después de todo, Tom es un hombre muy guapo y las mujeres de le pegan como moscas. No se pierdan el siguiente capítulo y no olviden comentar. Muchas gracias por la visita.