Desconocido

Desconocido

“Desconocido”, sí, esa era una buena palabra para describir el lugar en el que se encontraba. Gustav aparcó para revisar por milésima vez el GPS y comprobar si todavía estaba en el camino correcto. Al ver las coordenadas y chequear el mail que Bill le envió e imprimió, soltó un suspiro de alivio.

—Joder, ¿por qué demonios se les ocurrió comprar casa en el fin del mundo?

Se quedó quieto un momento, solo para organizar sus ideas. Aunque eso trataba de hacerse creer, él sabía que había algo más, algo mucho más profundo en su pecho, algo que lo tenía nervioso desde hacía años y que ahora, volvía a aparecer con ímpetu, logrando hacer que sus manos sudaran de anticipación y emoción.

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Desde que eran unos críos, se sintió atraído por la naturaleza de Bill, eso creía en ese entonces, sentía que debía protegerlo —a pesar de que tenía a Tom para ello— y siempre se decía a sí mismo que solo lo hacía porque no soportaría que alguien dañara la inocencia del pelinegro.

Georg por su parte, se sentía de la misma forma con respecto al gemelo mayor. Lo había descubierto porque el castaño ponía la misma cara que él con Bill. «Cuando eres un adolescente es difícil ocultar las apariencias, sobre todo si convives con ese ser que te roba el sueño» Sin embargo para el rubio no era un tema conflictivo, eran secretos de la banda y que solo los integrantes de la misma, sabían y aceptaban… en silencio.

Fue así que muchas veces se encontró a sí mismo curando las rodillas raspadas del pelinegro, mientras Geo hacía lo mismo con las rodillas rasguñadas del pequeño rastudo. Heridas que se habían hecho tontamente, Tom tratando de impresionar a Bill con su patineta y el moreno, al tratar de imitar a su héroe de la infancia: su hermano mayor. Junto a los quejidos del pequeño cantante, Gustav pudo observar las miradas que compartían los Kaulitz, Tom orgulloso, como si dijera con sus ojos “¿ves? Soy capaz de hacer grandes piruetas, aunque no todas resulten”. Y Bill, lo miraba con simple adoración, como princesa de cuento de hadas, gritando “Mi héroe”.

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Sacudió la cabeza para quitarse los recuerdos de la mente y volver a enfocarse. Al parecer todavía le quedaba una hora de camino, así que optó por dar un gran sorbo a su botella de agua, antes de continuar.

—¿Seguirán igual de unidos? —Se preguntó a sí mismo en voz alta y una sonrisa se dibujó en sus labios, la respuesta era tan obvia como que habrá un amanecer después de la noche oscura.

Cuando terminó de cerrar la botella y procedió a encender el vehículo, su celular cantó con la inconfundible voz del menor de los Kaulitz y su canción favorita “In die Natch”. Nuevamente apagó el motor y contestó.

—¿Bill?

—Hola, Gusti, solo quería asegurarme de que venías bien.

—No te preocupes, sé como leer un GPS.

—Cosa que no todos saben. —Se oyó de fondo la voz burlesca de Tom, molestando a su hermano y luego las risas de ambos gemelos.

—Ya, en serio, Gusti. ¿Te falta mucho?

—Al parecer solo será una hora más de camino —respondió sin despintar la sonrisa de su rostro—. Preparen todo para la cena, me muero por comer la legendaria pasta Kaulitz.

—No eres el único, Geo no ha parado de pedir pasta desde que llegó aquí.

—No le hagas caso, amigo. —Gritó el castaño cerca de los chicos—. Mejor tráenos un poco de maíz del camino, para que lo comamos una mazorca con mantequilla derretida mmhmh. —Se saboreó y el rubio no pudo menos que reír.

—Date prisa, Gusti. —Agregó el pelinegro—. Te esperamos a comer. —Y con eso colgó.

Gustav cerró los ojos y negó con la cabeza, sin dejar de sonreír y luego dio una mirada por la ventana, hacia los campos que lo rodeaban. La verdad es que estaba tan concentrado en el trayecto que en ningún instante se percató de lo que había allí afuera. Abrió grandemente los ojos al notar que la afirmación de su castaño amigo era cierta, había sembradíos de maíz, pero no eran los típicos campos de cultivo. Sin poder evitar la curiosidad innata en él, bajó del coche y miró a su derecha. (Pinchar aquí)

—No puedo creerlo. ¿Quién haría algo como esto? —susurró.

Había pequeños sectores sembrados, de no más de cinco metros cuadrados y luego una gran separación entre el siguiente cuadro de maíz. De no ser por los grandes espacios vacíos que los dividían, todo habría indicado que era una granja normal. Pero aquello y las banderas de diferentes colores que estaban justo al inicio de cada cuadro, señalaban que cada sector era diferente del otro, pero… ¿por qué?

—¿Para qué harían algo así? —vocalizó más fuerte de lo que esperaba. Miró alrededor, para asegurarse de que continuaba solo y nadie lo había escuchado hablando consigo mismo.

Regresó a su vehículo y sin poder evitarlo, cogió su laptop y la encendió. Podría usar el internet de su celular, pero prefería la comodidad de las teclas grandes de su portátil. Esperó a que cargara por completo y abrió una ventanita de google, buscando las palabras “ufología” y “plantaciones especiales”. Una gran variedad de resultados apareció. Abrió uno de sus sitios favoritos y tal como esperaba, concordaba con la descripción de lo que acababa de presenciar.

—¡Malditas conspiraciones! —Gruñó y cerró la pantalla, justo cuando aparecía un dibujo de las antiguas “Líneas de Nazca”.

No tenía idea de que se iba a encontrar con una de esas plantaciones en su camino a casa de los Kaulitz. Había oído un sinnúmero de historias de experimentos que se estaban realizando con los alimentos, alterándolos genéticamente para ingesta humana y también sabía de los peligros que ello traería en un futuro no muy lejano, sin embargo estaba furioso, porque muchas organizaciones científicas habían descubierto los daños que provocaría en el ser humano y aun así, los gobiernos no hacían nada para quitar dichos productos de la industria.

Los experimentos más conocidos fueron los de las “semillas transgénicas” que todavía se estaban esparciendo por el mundo, pese a que los futuros daños en la raza de los hombres, estaban absolutamente comprobados.

Negó con la cabeza de impotencia y encendió el motor. Apenas llegara a casa de sus amigos, les preguntaría por los estúpidos dueños de los campos aledaños y levantaría una demanda contra ellos, hasta que recibiera una confirmación de que no ocuparían esos terrenos para ese tipo de experimentos.

Lo que empeoraba las cosas, era que estaban demasiado cerca de la morada de los gemelos y no quería que por algún error en la desinfección de los sembrados extraños, ellos terminaran cogiendo algún virus que evolucionara como cáncer dentro de sus cuerpos.

Se estremeció de solo pensar en perder a su Bill. Arrugó el ceño y apretó las manos en el volante.

—Nunca ha sido tuyo. Siempre ha sido de él.

Mientras presionaba el pedal del acelerador, recordó el episodio que reveló toda la verdad de los Kaulitz a su mente juvenil, pero no contribuyó a frenar el ardiente deseo que tenía de cuidar a su pequeño amigo de la infancia.

& Flashback &

El rubio de quince años dormía inquieto en su cama, extrañas pesadillas acosaban su mente, hasta que de un brinco, abrió los ojos. Tenía la respiración agitada y una incómoda sensación en el pecho… un mal presentimiento.

Aquel día, había sido horrible y perturbador para él. Era su último día en el hotel y había oído ruidos extraños en uno de los cuartos, él sabía que Bill estaba allí, pero al escuchar con atención, esos ruiditos le hicieron sonrojar. Creyó que el cantante se estaba masturbando o algo así, pero pronto escuchó una risita junto a la suya… Tom. Abrió la puerta de golpe y los vio jugueteando, Bill tratando de sentarse en el regazo del mayor, como siempre hacía, mientras el otro trataba de evitarlo, porque había una cámara filmándolos. (Pinchar aquí).

Cerró frustrado y avergonzado y no volvió a verlos en lo que quedaba del día, ni siquiera cenó con ellos, porque recordaba sus sucios pensamientos y se sonrojaba como tomate.

Así que al abrir los ojos, después de esas extrañas pesadillas, soltó un suspiro y decidió que debía llevarse un bocadillo a la boca. Caminó en silencio y en penumbras por el tourbus, hasta que llegó a la puerta que daba a la cocinita.

Un gemido y un “másss”, le indicaron que esta vez, Bill sí estaba en una situación comprometedora. Se quedó muy quieto, con la mano en la puerta y el corazón bombeando a mil, llevando la sangre a sus partes bajas con mucha rapidez. Al parecer había dejado de respirar y sin hacer caso a su lado pensante que le decía que dejara al chico en paz con sus necesidades juveniles, abrió muy quedamente la puerta.

Achinó los ojos para ver mejor en aquella oscuridad y lo que halló lo dejó boquiabierto. Bill estaba en una de las butacas con las piernas abiertas, recibiendo una felación por alguien. Tenían prohibido llevar gente desconocida al bus. Pero al mirar con atención, notó que el cabello de la persona entre las piernas del pelinegro tenía la extraña forma de rastas gruesas. No era un extraño después de todo.

Bill jadeó muy fuerte, seguro se había corrido, cosa que causó un intenso escalofrío en la piel del rubio. Cuando Tom comenzó a incorporarse, prefirió retirarse de allí.

& Fin flashback &

Gustav tuvo la ingenuidad de creer que con esa visión, jamás volvería a ver a Bill de la misma forma, pero fue todo lo contrario, lo deseaba como hombre, incluso a veces tenía sueños húmedos, donde veía como los gemelos follaban entre sí. En un principio se sintió enfermo, pero pronto se dio cuenta que Bill nunca sería suyo, pero al menos tenía la tranquilidad de saber que quien lo poseía, lo amaba más que a su vida. Era un consuelo de tontos, pero lo mejor que podía esperar.

Divisó la gran entrada de la hacienda y tocó el claxon de su coche, para alertar a los Kaulitz de su llegada. Apenas aparcó, sus anfitriones salieron a recibirlo.

&

Después de ponerse al día con las anécdotas sucedidas el último año, en el que estuvieron separados, los cuatro chicos se sentaron cómodamente en un mullido sofá, frente a una gran chimenea, con copas de vino en las manos.

—¿Y bien? —preguntó el recién llegado—. ¿A qué se debe esta reunión?

El rubio notó como su amigo bajista se tensaba y dejaba la copa en una mesa.

—Tiene que ver con un viaje. —Comenzó Bill—. Un viaje muy extenso que Tom y yo haremos y al que queremos invitarlos, a ti, a Geo y a la gente que amamos.

—¿Un viaje? Sería grandioso, hace tiempo que no me tomo unas vacaciones, creo que papá podrá seguir a cargo de la empresa por un par de días —comentó el rubio, dando un sorbo a su bebida.

—No se trata de solo de un par de días, Gusti. —Agregó el cantante—. Es algo más… largo.

—¿Eh?

—Iremos con nuestros nuevos maestros a aprender cosas especiales. Hemos sido elegidos para ascender a otro nivel y nos han permitido llevar a nuestros seres queridos, aquellos que quieran aceptar esta nueva forma de vida. —Explicó con suavidad, abriendo mucho sus ojos, como si con ellos pudiera imprimirle más seriedad al asunto.

—No entiendo nada. O tal vez, el vino se me fue a la cabeza —respondió Gustav.

—Mañana te mostraremos todo con calma, Gusti, ahora debes estar cansado del viaje. ¿Por qué mejor no te vas a descansar? —Tom asintió ante las palabras de su hermano y todos se pusieron de pie.

—Antes de irme. ¿Me explicarán por qué se hicieron ese raro tatuaje los dos? —Señaló al pecho del menor y el brazo de Tom.

Los chicos sonrieron y fue el mayor quien contestó—. El tatuaje tiene plena relación con lo que te mostraremos mañana, amigo.

—Ok.

—Ven, déjame acompañarte —dijo el guitarrista y le mostró el camino hacia su cuarto.

&

En medio de la noche, la cama de Gustav se movió.

—¡Gus! —La urgencia en la voz de Georg, lo despertó de inmediato.

—¿Geo, qué pasa?

—Pasa que los Kaulitz enloquecieron. Debemos irnos de aquí, lo antes posible —habló con un tono rápido y lleno de temor.

—¿Qué? ¿De qué demonios estás hablando? —Por un momento el rubio creyó que Geo había descubierto el secreto incestuoso de los gemelos.

—Digo que nuestros amigos están liados con la Mafia o algo así, de esos conspiradores que siempre estás leyendo. Los iluminados o algo parecido.

—¿Illuminati?

—Esos mismos.

—Creo que estás loco, Geo. —El chico se puso las gafas y sonrió ante el rostro temeroso de su antiguo compañero de banda.

—Es cierto, el día que llegué, David estaba aquí y los chicos lo invitaron a este viaje espacial o qué se yo.

—¿Eh? —Los balbuceos del castaño se hacían cada vez más extraños y Gustav comenzó a sentir como una migraña se formaba en la parte trasera de su cabeza y punzaba con saña.

—No lo tengo claro, apenas llegué ayer por la tarde y me dijeron que esperarían a que estuvieras aquí, para que me contaran los detalles, pero las cosas que he visto son demasiado raras.

—¿Qué has visto?

—¡Clones! —Exclamó como si eso fuera lo más terrible del universo.

—¿Qué?

—No te miento amigo. ¿Recuerdas la personalidad de David, verdad?

—Obvio, tonto, la gente no cambia tanto en un par de meses —respondió, con una sonrisa.

—Cuando llegué, cenamos y reímos como en los viejos tiempos, pero al día siguiente, esta misma mañana, él… era otra persona, te juro que era un clon de David, no era él mismo, te lo juro.

—¿David está aquí?

—No, hoy por la mañana, después de verlo en ese estado zombie, no lo volví a ver.

—¿Le preguntaste a Bill?

—Dijo que se había ido al viaje antes de lo esperado. —Su tono de voz sonaba cada vez más desesperado, hasta que de pronto miró directamente a los ojos de Gustav y dijo—. ¿Y si ese viaje espacial, es un viaje directo a la muerte?

—¿Por qué insistes en llamarlo “viaje espacial”? y deja de decir estupideces. Tú mismo escuchaste a Bill esta noche, harán este viaje con gente que los quiere, deben ser unas vacaciones en esos centros naturistas que tanto aman o quizás, en el peor de los casos, nos lleven a una colonia Amish. —Se alzó de hombros quitándole importancia.

—¿No viste los cultivos de afuera?

Gustav arrugó el ceño, había olvidado todo sobre la conspiración de las semillas, apenas vio el bello rostro de Bill y negó con la cabeza.

—Sí, los vi, pero no tienen nada que ver con los gemelos.

—Te equivocas amigo, los Kaulitz son los dueños de todos los terrenos, hectáreas a la redonda, son como los jodidos colonizadores de todo este sector, es espeluznante.

Eso sí había captado la atención del baterista y le pidió a Georg que continuara, con un ademán de su cabeza.

—¿Por qué mejor no vamos a investigar?

—¿Quieres decir que salgamos a espiar, en medio de la noche? —El otro asintió.

La posibilidad de encontrar a los gemelos en una situación íntima, otra vez, le hacía sentir mariposas en el estómago, así que se levantó de la cama de un salto, se puso un pantalón y siguió a Georg.

—¿Dónde me llevas? —susurró el de gafas, en medio de un corredor.

—Quiero que veas los secretos de sus campos de maíz.

Gustav sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero sin hacer más preguntas, siguió a su colega en medio de la oscuridad, dando pasos sigilosos, hasta que llegaron a un estudio, como una biblioteca antigua.

—Mira a tu alrededor.

El rubio sacó el celular que afortunadamente estaba en uno de sus bolsillos y con esa tenue luz, iluminó las paredes, que tenían increíbles fotografías de los campos sembrados, todas tomadas desde las alturas. Eran cuadrados definidos y simétricos, era hermosos visto de esa forma.

—¡Mira, el ojo escalofriante del tatuaje! —Exclamó el castaño.

Gustav sonrió y alzó los hombros—. No es escalofriante, Geo. Es solo el ojo de Orus, también llamado “el ojo que todo lo ve”, está hasta en los dólares americanos, no debes hacer tanto escándalo por eso.

—Pero es de la secta de los iluminados.

—Illuminati. —Corrigió el rubio—. Mira, Geo, si el nuevo tatuaje de los chicos te asusta tanto, deberías preguntarles de qué se trata. Ya sabes que Bill no se tatúa nada que no tenga un significado importante para él. Y ni hablar de Tom. —Sonrió—. Tom parece un condenado religioso, diciendo que el cuerpo es un templo, así que no se tatuaría nada, sin estar plenamente convencido de la importancia de esa marca en su piel.

—Sí, es cierto, pero…

Cansado de los temores infundados del bajista, el rubio lo miró de frente, aprovechando la escasa luz de su móvil—. Mira, Geo. Hemos convivido con los chicos por años, y no por algo que no comprenda los voy a señalar con el dedo o los voy a juzgar. Confío plenamente en ellos, en ambos. Y tú deberías hacer lo mismo. Ellos jamás harían algo que nos lastimara. Estoy seguro de eso.

—Lo siento.

—Mejor vamos por una cerveza y nos vamos a dormir, ¿qué opinas?

Con una sonrisa débil, Georg asintió y se pusieron en camino a la cocina.

Al llegar, notaron las luces encendidas y vieron a los Kaulitz mirando fijamente a sus cachorros. Cada uno con un perro diferente. Era tan extraño verlos así, como si se estuvieran comunicando, solo con verse a los ojos.

—¿Qué rayos…? —Gruñó Geo.

—Vamos Tomi. —Se oyó la voz del pelinegro, justo a las espaldas de los G’s, quienes voltearon y se encontraron de frente con los gemelos, tomados de las manos. Sin poder entender la situación, otra vez se giraron hacia los perros, donde el otro par de Kaulitz, los miraba con el ceño apretado.

—¡Lo sabía! —Gritó el castaño y entró en pánico—. ¡Clones! ¡Maldición, clones!

El Tom que estaba junto a Durkas se acercó por la espalda a Georg y tocando un punto en su cuello, lo hizo caer inconsciente.

—¿Bill? —Gustav se volteó hacia el cantante que sostenía fuertemente la mano de su hermano y simplemente preguntó—. ¿Está muerto? —El aludido negó con la cabeza.

—¿Nos temes? —preguntó el Tom que sostenía a su gemelo.

—No, claro que no, pero no entiendo qué está sucediendo.

—Él te lo explicará —dijo Bill.

—¿Quién es él?

Una fuente de energía iluminó por completo la cocina y esa esfera brillante se acercó al rubio, quien intentó mirarlo de frente, pese a la brillantez de su luz.

—¿Quién eres? —preguntó y una nube de imágenes inundó su mente. Cada nuevo pedazo de información, aclaraba todas las dudas de Gustav, interrogantes que había tenido toda su vida: el origen de las cosas, la religión, las conspiraciones, el amor y Bill…

Comprendió que los sembrados perfectos en los alrededores, lejos de pertenecer a los conspiradores, eran una nueva forma de regenerar las semillas verdaderas, las originales. Y lo que los campos aledaños albergaban, eran una versión del “Arca de Noé” pero de semillas de maíz terrícolas. Pronto habría más, pero con las diferentes especies de alimentos de los humanos.

Cuando las respuestas dejaban satisfecha la curiosidad del rubio, otra vez, la voz habló directamente a su cerebro.

—¿Confías en ellos? —indagó la luz, refiriéndose a los Kaulitz.

—Siempre. —Fue la rápida y simple respuesta.

—¿Irías con ellos a un mundo desconocido para ti?

—Si voy con ellos, entonces ya no será tan desconocido, porque en los gemelos, en Bill, tendré un soporte para mi estabilidad —respondió, sabiendo que la bola de energía había descubierto sus sentimientos por el cantante.

—Sientes temor.

—Solo quiero saber qué pasará con mi amigo, con Georg.

—Le mostraré mi luz, si es capaz de aceptarla, podría borrar su memoria y simplemente dejarlo aquí, para que siga con su vida.

—¿Y si no la acepta?

—Le advertimos a Tom que el joven Listing tenía una mente frágil, involucionada, que probablemente nunca aceptaría la existencia de las conciencias superiores. Tú, eres muy diferente, dentro de ti, siempre supiste que nosotros sí existíamos. Pero si él no resiste la luz, enloquecerá y los grupos corruptos, podrían tomarlo y torturarlo, por tanto lo daremos por muerto.

—¿En serio lo matarán?

—Ya te he mostrado lo que las conspiraciones le hacen a los que han quedado atrás…

Gustav arrugó el ceño, lo sabía y no quería eso para Geo, sin duda la muerte sería la mejor opción para su amigo.

—¿Qué pasará con sus familias? —preguntó, pensando en Laura, su novia y sus padres.

—Dejaremos su copia.

—Pero la copia…

—Ellos tienen un trozo de su alma, no serán tan fríos como crees. ¿Has visto a las copias de los gemelos? Ellos aman a sus animales y los seguirán cuidando en su lugar.

—¿David… también murió? —preguntó recordando la antigua charla del castaño sobre el clon de su ex manager.

—Él y los padres de los gemelos, ya se han ido, nos esperan en la nave.

La conversación entre la luz y Gustav prosiguió, pero en un tiempo diferente a los parámetros conocidos en la Tierra, porque cuando la claridad desapareció y la cocina volvió a ser la misma de siempre, Bill se lanzó a los brazos del baterista.

—¿Estás bien, Gusti?

—Sí, Bill. —Respondió el abrazo con una sonrisa y alzó la vista a Tom, quien se acercó y también lo envolvió con sus brazos—. ¿Cuándo partimos?

—¿Lo harás?

—Debo asegurarme de cuidarlos, chicos. Apuesto a que sé más del mundo desconocido que ustedes mismos. —Rió y palmeó los hombros de los hermanos.

—Perdimos a Geo —susurró Tom, bajando la mirada.

—No era su momento, pero volverá a nacer y entonces, lo llevaremos con nosotros —dijo Bill para confortar a su hermano.

—Es cierto, el tiempo es relativo y muy pronto, podremos atravesar sus dimensiones, tal como abrir una puerta. —Agregó Gustav con una sonrisa leve.

—Es hora de irnos.

«Ningún viaje es “desconocido” cuando vas con tus amigos» Pensó el chico de gafas y con una sonrisa, se puso en medio de ambos gemelos, cogió sus manos y emprendió el camino hacia la luz.

& Fin &

Okey, yo y mis conspiraciones >_< la verdad es que siempre creí que el asunto de las semillas, solo era una maniobra política, no pensé que en verdad experimentaran con ellas y finalmente nosotros nos comiéramos todo eso… hasta que vi los campos. Joder, pensé, igual que Gustav, ¿quién haría algo así? Y luego ¿por qué lo hacen? Obviamente en el fic le di un sentido idealista, de que los seres superiores quieren protegernos, pero la verdad es que son terrenos alquilados por el gobierno para hacer esos sembradíos extraños.

Les dejo a ustedes la incógnita… Y otra vez los invito a dejar un comentario. ¿Han visto cosas así de extraña? ¿O soy solo yo quien ve conspiraciones por todas partes? Jajaja. Besos para todos y muchas gracias por su visita.

Escritora del fandom

2 Comments

  1. Me encantó❤
    pero no pude ver lo que había entre paréntesis😰
    Gracias por el fic ❤

    • Voy a buscar las imágenes que acompañaban a este fic, para que puedas verlas.
      Muchas gracias por leer y comentar

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