Solo Rutina

Admito que morí de la risa al re-leer este fic. Espero lo disfruten.

«Sólo Rutina»

(One-Shot de MizukyChan)

Los G’s se habían molestado mucho con los gemelos. Habían viajado desde Alemania para completar los últimos detalles para el álbum, sin embargo, los chicos habían insistido en salir de fiesta, dejándolos a ellos aburridos y sintiéndose como unos irresponsables.

Gustav fue el primero en sugerir una broma, como medida desesperada y así enviar un ultimátum a los Kaulitz. Pero la idea de decir “Renuncio” no le pareció muy original a Geo, quien alegó que los gemelos se largarían a reír y no los tomarían en serio. Así que maquinaron algo mucho más efectivo, un tanto cruel, pero que sería un buen susto para los chicos.

—¿Compraste todo? —preguntó el rubio al bajista.

—Sí, solo hay que preparar un té y dejar que Bill lo beba.

El rubio se puso manos a la obra, sabiendo que los chicos llegarían de un momento a otro. Sus manos temblaban levemente, mientras disolvía la pastilla en el agua recién hervida.

—¡Ya están aquí! —Gritó Georg, tras abrir la puerta a sus amigos—. Llegaron justo a la hora del té. —Anunció con una sonrisa—. A Gustav le dio con imitar a los ingleses y toma té en todo momento.

—Genial, muero de sed —dijo Bill y casi derribó al rubio, quien entraba en la sala con una charola.

—Si tienes tanta sed, el té es lo mejor —comentó el baterista con una sonrisa.

—Estás loco, agua es lo que quiero. —Y entró hasta la cocina a buscar el vital elemento.

—Yo acepto tu té inglés —anunció el trenzado y cogió la taza decorada y humeante.

Los G’s intercambiaron miradas, pero no dijeron nada. Tom bebió lentamente el brebaje, mientras informaba a sus compañeros que tendrían más grabaciones para futuro programa de TV que las fans tanto esperaban.

Las horas pasaron y los gemelos se retiraron, regresando rápidamente a su casa oculta en Los Ángeles.

—¿Te sientes bien? —preguntó Bill, al notar la tensión en su hermano.

—Creo que algo me cayó mal al estómago —respondió, arrugando el ceño.

Apenas entraron, Tom corrió al baño. El menor rió fuerte y bromeó sobre una posible noche de diarreas. Pero no fue eso lo que ocurrió, el trenzado apenas podía dejar el retrete, porque necesitaba orinar a cada instante. Cuando por fin su vejiga pareció quedar vacía, se retiró a dormir.

Bill recibió a su hermano en la cama, vistiendo solo sus pequeños bóxers negros, pero no se atrevió a iniciar nada sexual, al notar la palidez en su rostro—. ¿Estás seguro que estás bien? —preguntó preocupado.

—No tengo dolores, ni nada. Creo que ya pasó lo peor. —Tras un beso en los labios, los jóvenes se durmieron abrazados.

Bill se removió, sintiendo que la sábana se pegaba a su piel, era incómodo y olía raro. Prefirió abrir los ojos, arrugando el ceño al notar la luz que entraba a caudales por la cortina que olvidó cerrar la noche anterior.

—¿Tom? —llamó y giró en el abrazo, notando que Tom estaba húmedo también—. Dios, creo que tienes fiebre, estás sudando —dijo, todavía medio dormido.

—No tengo fiebre —contestó el otro, pero abrió los ojos, sintiendo la incomodidad de la ropa mojada—. ¡¿Qué rayos?! —Se sentó de golpe y quiso gritar—. Dios… mío.

Bill también se sentó y exclamó—. ¡Te orinaste! —En lugar de largarse a reír, Bill se puso pálido—. ¡Esto es peor de lo que creía!

Tom parecía haber caído en shock, abría y cerraba la boca sin decir nada y sus ojos se movían por toda la cama y las ropas meadas.

—Creo que me estoy muriendo —dijo y sus ojos brillaron al borde del llanto.

—Calma, Tom. Llamaré a la clínica.

Después de agendar una cita para una hora después, los gemelos procedieron a arreglarse y comer algo rápido.

—Los G’s no van a estar felices con este nuevo retraso. —Afirmó el trenzado, orinando nuevamente antes de ponerse en marcha.

Por su parte, los G’s reían hasta doblarse por las carcajadas, después de haber colgado la llamada que el menor de los Kaulitz había hecho para informarles de la repentina enfermedad de Tom.

—Debería sentirme mal, pero no puedo ja, ja, ja. —Rió el rubio.

—Se lo tienen bien merecido. —De pronto, Geo detuvo sus risas y arrugó el ceño—. ¿Pero por qué lo habrá llevado a la clínica? ¿No le habrás dado una dosis exagerada de ese diurético?

—Para nada, solo lo que toma mi abuela ja, ja, ja. —Gustav siguió riendo—. Me pregunto qué clase de exámenes le harán por mear a cada instante.

—Seguro le harán solo un examen de rutina.

—Claro, solo de rutina.

Y lo mismo se preguntaban los gemelos. Apenas llegaron al escritorio principal, anunciaron su presencia y los enviaron hasta el cuarto piso. Tomaron el ascensor y leyeron el cartel de la entrada “Urología”. Los chicos eran personas sanas, pero conocían algunos términos médicos y esa palabra, les provocó escalofríos.

Tom esperaba ser atendido por un hombre viejo, con manos grandes y pelo que le saliera por los oídos, por eso sintió que los colores adornaron sus mejillas rápidamente cuando una hermosa mujer de unos 35 años, abrió la puerta de la consulta para dejarlo entrar.

—¿Puedo entrar con él, soy su hermano? —preguntó Bill apenas notó la ansiedad de su gemelo.

—Por supuesto —respondió ella con una enorme sonrisa, reconociendo de inmediato a los miembros de la famosa banda que su hija adolescente idolatraba.

La doctora Flint, procedió a hacer las consultas de los síntomas que presentaba Tom, la constancia de ellos y la duración del problema, realizó todo el papeleo en forma muy profesional y finalmente decidió extender una orden de exámenes de sangre. Llamó por su teléfono a una de las enfermeras para que llevaran al joven hasta el laboratorio y se quedó a solas con Bill.

—Necesito hacerle algunas preguntas —dijo con la voz muy seria, muy profesional.

—Por supuesto —respondió, con las manos temblorosas por los nervios.

—¿Han sido pareja por mucho tiempo? —preguntó ella, omitiendo el hecho de que había escuchado perfectamente que eran hermanos.

—¿Eh? ¿Por qué me pregunta eso?

—Esto parece claramente una afección a la próstata. —Informó ella, cruzándose de brazos y mirando fijamente al bello joven que tenía en frente.

—¿A la próstata? Pero Tom es muy joven.

—Eso no tiene nada que ver —dijo ella y se ajustó las delicadas gafas—. Algunas veces este tipo de cosas sucede por mantener relaciones sexuales anales. Por eso te pregunté si llevaban mucho tiempo de esta forma.

—Yo… él no, yo… —Bill se puso rojo como tomate y hubo silencio por unos instantes.

—Comprendo, eres tú el pasivo en la relación. —Asumió ella con el rostro perfectamente neutral—. No tienes por qué avergonzarte, la homosexualidad es algo muy común en esta época y se da mucho entre chicos guapos como ustedes. —agregó con una sonrisa.

—Yo… —El joven bajó la cabeza todavía con las mejillas sonrojadas.

La puerta se abrió luego de eso y un Tom nervioso volvió a sentarse junto a su hermano—. La señorita dijo que enviaría el resultado en media hora más o menos a su correo.

—Perfecto, entre tanto, te haré el examen manual.

—¿Qué examen? —preguntó el trenzado con los ojos muy abiertos.

—Revisaré tu próstata —contestó la mujer, descorriendo la cortina que dejaba al descubierto una camilla y una serie de cosas que erizaron la piel de Tom—. No te preocupes, es solo un examen de rutina.

—Tranquilo, Tomi, todo estará bien —dijo Bill, para tratar de darle apoyo, pero la verdad es que estaba casi tan aterrado como él.

—Tom, ponte esta bata en el baño. —Mandó la mujer y le extendió la prenda celeste.

Mientras el trenzado iba a cumplir con la petición, la doctora Flint apretó el hombro del gemelo menor y le dijo—. No te asustes, la mayor parte de las veces no es absolutamente nada, más que haber pasado más frío de lo normal. “Enfriamiento”

Bill asintió y se mordió el labio. Temblorosamente preguntó—. ¿Le va a doler? Quiero decir… ya sabe, él nunca…

—Tranquilo. Este examen no es doloroso. Tú deberías saberlo, él debe prepararte para tener sexo, esto es básicamente lo mismo.

—Oh… —Mentalmente, Bill quería gritar y salir corriendo. No quería ver como alguien que no era él, tomaba la virginidad trasera de su Tomi, aunque fuera por prescripción médica.

Cuando Tom estuvo listo, la doctora corrió la cortina y Bill no tuvo que ver nada. Y tampoco escuchar, porque su gemelo se mordió el labio y se aguantó todos los sonidos bochornosos que pudo producir.

Al terminar, la mujer se quitó los guantes de látex, los arrojó a la basura. Tom regresó a cambiarse y aprovechó de leer los resultados de los exámenes de sangre que le habían enviado por mail.

—Tal como dije, no hay ningún tipo de infección. Sin embargo, voy a pedirles que utilicen esta pomada para evitar reacciones alérgicas. —Ella escribió el nombre en una receta y se la extendió a Bill.

—¿Dónde se debe aplicar esto? —preguntó el gemelo menor, cuando Tom se sentó junto a él.

—Exactamente donde lo toqué hoy. Tendrás que hacerlo tú, Bill, porque él no podrá alcanzar a tocar el lugar apropiadamente.

Los Kaulitz se enrojecieron hasta las orejas y asintieron sin mirar a la mujer.

—Si tienen alguna duda, pueden llamarme —extendió una tarjeta—. Sé que es un tema un poco delicado, pero está mi número privado y podré responder sus consultas, sin que tengan que venir hasta la clínica.

—Muchas gracias, doctora Flint. —Los chicos se despidieron de la mano.

Cuando la puerta se cerró, la mujer tomó su celular y marcó—. Hija, ¿te acuerdas de ese fanfiction que estabas escribiendo donde Tom seducía a Bill?

Sí mamá, ¿qué hay con eso?

Creo que debes poner a Bill de activo esta vez. Tom tiene una próstata muy sensible y ya no dejará de ser pasivo en su relación.

Está bien —respondió la joven, acostumbrada a recibir consejos de su madre para estas historias de fantasía.

&

Tom había dejado de orinar en grandes cantidades y ahora todo parecía normal, excepto por la increíble tensión que se había formado entre los gemelos a la hora de ir a la cama.

—¿Quieres ver una película? —Sugirió el menor, sintiendo el malestar de su hermano.

—Claro. —Pusieron una cualquiera del cable. No llevaba ni veinte minutos cuando las escenas de sexo comenzaron a llenar la pantalla. Por su vida sexual activa, ambos se excitaron más que nada con los sonidos y la sensación de tener al otro muy cerca.

—¿Tomi…? —llamó sensualmente Bill.

—¿Sí?

—¿Quieres ir a la cama?

—Yo…

—Tranquilo, Tomi, yo haré que todo esté bien. —Extendió la mano y le dio un guiño. Tom no dudó en aceptar el ofrecimiento y antes de subir por las escaleras, cogió la crema que les recetó la doctora.

Entre besos candentes, los chicos se quitaron la ropa y gatearon en la cama, que afortunadamente había sido arreglada por la mucama.

Tom se acostó de espaldas al colchón, mientras su hermano cogía unos cojines para ponerlos bajo el trasero de su amante—. Esto te encantará —dijo lamiéndose los labios.

—Diooooss. —Gimió el de trenzas, cuando la boca de Bill succionó su erección y siseó un poco más cuando su bolita metálica, se frotó contra la cabeza de su miembro.

Bill continuó utilizando su boca y lengua para animar a Tom y entre lametones, fue bajando por los testículos, escroto y posteriormente, hasta la abertura privada de él.

—Mhmh. —Gimió, enviando ondas eléctricas por toda esa área tan sensible de Tom.

Con los ojos semi cerrados, Bill se untó los dedos con la crema que debía aplicar en la próstata de su gemelo y se dio cuenta que era muy similar a la textura de los lubricantes. Sonrió para sí mismo y procedió a ingresar un dedo.

Tom se sentía al borde de la combustión espontanea, ese día había sido demasiado extraño y esa era la segunda vez en menos de 24 horas, que alguien metía un dedo en su lugar más íntimo. Lejos de sentirse avergonzado, soltó un gemido sonoro, porque los dedos de Bill eran largos y delicados, y uno de ellos había entrado sin problemas. Tenía las rodillas dobladas, pero todo el largo de sus piernas tembló al sentir la intrusión, que no fue del todo desagradable.

—¿Te duele, Tomi? —preguntó preocupado el menor, besando suavemente el miembro erecto del trenzado.

—Mhmh, no es doloroso, solo extraño —respondió y sintió como el dígito se hundía más dentro de su trasero—. ¿Es así como te sientes cuando lo hacemos?

—A mí me gusta. Mira esto. —Expertamente, Bill dobló un poco el dedo, rozando un nudo de nervios, que volvió a Tom en jalea.

—Mierda…

—Exacto. —Afirmó el menor, ingresando un segundo dedo—. Y cuando lo tocas con algo más grueso y más firme, es el paraíso.

—¿Cómo una polla? —preguntó Tom, lamiéndose los labios, sintiendo como su frente se perlaba de sudor—. Diooosss. —Se quedó sin aire, cuando fue tocado nuevamente, pero por dos dedos.

—Sí, Tomi, cuando tú me embistes firmemente con tu carne varonil y golpeas mi punto una y otra vez, es el cielo. Te lo juro.

—¿Y por qué…? —Quiso preguntar algo, pero los dedos de su gemelo, otra vez habían dado en su punto—. ¿Por qué no lo intentamos?

Bill se detuvo de golpe y se sentó, quitando los dedos del interior de su hermano—. ¿Hablas en serio?

—La doctora dijo que no había infección, que estaba sano y que todo volvería a la normalidad. Pero no es cierto, ¿sabes?

—¿Por qué?

—Porque tengo una ganas enormes de sentirte dentro de mí.

—Será un placer.

&

Será un placer.

—Y dejamos el capítulo hasta ahí y ponemos “Continuará…”

—¿Qué? ¡Mamá! No puedes cortar el capítulo justo cuando empieza un lemon. Las chicas se quedarán con sangrado nasal hasta la próxima semana. —Gruñó Thiare, la hija de la doctora Flint.

—¿Solo las chicas?

La chica se sonrojó—. Yo también. Vamos, me encanta cuando haces descripciones gráficas de los gemelos en pleno TWC.

—Gracias, cariño, pero ahora me muero de sueño, mejor escribamos el resto mañana, ¿está bien? O el lemon terminará siendo basura porno.

—Si es porno, no es basura —respondió con una sonrisa coqueta.

—Ve a dormir. —La chica obedeció, sin dejar de sonreír. «Me pregunto si ya se habrán dado cuenta de que la pomada era solo un lubricante con un nombre extranjero» Con una sonrisa, la doctora Flint también se retiró a su habitación—. Qué noche te va tocar, Tom. Todo dejará de ser solo rutina.

& Fin &

Ok, ese papel de la doctora jajaja, ojala hubiese sido mío jajajaja. En fin. Espero les gustara. Besos para todos y gracias por leer.

Escritora del fandom

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